No basta con un once y una plegaria

El Granada CF consiguió volver a ganar en lo que, probablemente, fue su peor partido de principio a fin desde hace meses. Muy poco capaz de elaborar fútbol ofensivo, atenazado por la necesidad de sumar, logró aguantar los envites del Cádiz no sin una buena dosis de suerte. Hasta ahí, todos podemos estar más o menos de acuerdo, incluso Pacheta en su análisis posterior en sala de prensa. Aun así, y con todo, esta era una victoria absolutamente necesaria: fuese como fuese y aunque llegara sin merecerla. En una situación tan delicada como la actual, el cómo nunca debe ser más importante que el qué. Y el qué es claro y meridiano: este equipo necesita sobrevivir a la Segunda División este año.
De todas maneras, no podemos esperar que lo ocurrido el pasado sábado se repita con asiduidad si no cambian algunas cosas en los próximos días. Pacheta necesita sumar recursos a la causa para poder contar con alternativas reales con las que afrontar los partidos. Y digo reales porque de poco sirve añadir efectivos y gastar plazas de plantilla en futbolistas que luego no aporten, ya sea como titulares o aprovechando los minutos que tengan desde el banquillo.
Porque un equipo no se salva con un once y una plegaria. Se salva con recursos, con variantes, con la capacidad de rendir cuando falta el titular, cuando toca rotar, cuando el partido pide otra cosa o cuando el rival te obliga a cambiar el guion. Y ahí está gran parte del atasco: no se cuenta con jugadores “aprovechables” más allá de ese bloque inicial. Da la sensación de que tenemos una columna vertebral y, alrededor, demasiadas piezas sueltas que no terminan de convertirse en soluciones.
No se trata de inventar futbolistas donde no los hay, ni de convertir a cualquiera en imprescindible por descarte. Se trata de encontrar roles, de buscarle a cada uno su sitio dentro de la plantilla: uno que cierre partidos, otro que te dé aire quince minutos, otro que te sostenga cuando el guion se rompe. Que el banquillo sea una herramienta y no la sala de espera del dentista. Y si la plantilla es limitada, todavía es más urgente exprimirla bien, porque cada punto que se escapa cuesta el doble recuperarlo.
Al final, lo que urge es dar con la tecla. Sin estridencias. No hace falta un equipo efectista, de esos que te dejan tres jugadas bonitas y una derrota “con buenas sensaciones”. Se hace imperativo formar un equipo eficaz. Uno fiable. Que sepa a qué juega, que lo ejecute sin complicarse y que, cuando toque sufrir, sufra con orden. Un fútbol sencillo, sí, pero bien hecho: de resultados, de los que te llevan a mayo con vida y no en cuidados paliativos.
El fútbol, en ocasiones, es como hacer croquetas de puchero: aprovechar lo que tienes para alimentarte. Eso es lo que le pido a Pacheta. Que aproveche mejor lo que tiene, que encuentre dos o tres soluciones más, que no se pierda en adornos y que convierta esta plantilla —con sus limitaciones y sus remiendos— en algo que compita de verdad. Porque la salvación no va a venir por arte de magia ni acumulando merecimientos: va a llegar cuando, por fin, sepamos cocinar con lo que hay.







