domingo 21 julio
Opinión  |   |

Nuestra foto de Europa

Cada resultado electoral es un reflejo de lo que somos, un selfi gigantesco que nos muestra nuestra verdadera cara. Por eso es inquietante el resultado de estas elecciones europeas, que han otorgado el protagonismo a un grupo de partidos interesados en un conjunto muy limitado de asuntos entre los que no está precisamente la construcción europea. La ultraderecha se limita a manipular emociones a partir de un reducido catálogo de cuestiones simbólicas que afectan muy poco a la vida diaria de la gente, justo lo contrario que hace la Unión Europea. Hemos puesto la seguridad alimentaria, el mercado energético o el precio del aceite en manos de gente que solo agita banderas.

La ultraderecha es la verdadera ganadora de casi todas las últimas elecciones -de cualquier ámbito- porque no necesita gobernar para alcanzar sus objetivos, le basta con contaminar el debate público. Hace 20 años nadie se hubiera atrevido a hablar de deportar inmigrantes o a negar la violencia de género, pero basta con que alguien lo proponga para que muchos se lo planteen. Esa es su victoria.

Donde estas elecciones no tendrán gran influencia es en nuestra política nacional. Cuatro puntos de ventaja y dos diputados hacen que el PP de Feijóo respire aliviado, pero queda lejos del triunfo arrollador que esperaba hace solo unas semanas. La remontada del PSOE estuvo a punto de llegar a tiempo.

Pedro Sánchez resiste por encima del 30% que ya conquistó en julio de 2023 y saldrá de esta sin grandes consecuencias. Su gran oportunidad sigue siendo Cataluña, en la que ya obtuvo un magnífico resultado pero que todavía tiene un final incierto. Las elecciones las gana quien gobierna.

Precisamente por eso, no sé cuántas veces tenemos que votar para confirmar lo mismo: los que gobiernan junto a Sánchez son más que los que quieren sustituirlo. En España ha habido seis elecciones en trece meses y sigue sin haber grandes cambios, a excepción de Cataluña. Y, por mucho que insista el PP, no habrá más comicios. Pedro Sánchez tiene un plan y tres años por delante.

Pero las elecciones europeas sí tendrán derivadas que nos afecten. La derecha mayoritaria en el Parlamento Europeo ya ha anunciado que las políticas medioambientales van demasiado deprisa y Le Pen podría ganar las legislativas francesas en breve. Se ponen en peligro muchos asuntos que nos afectan a diario como la lucha contra los abusos de las compañías telefónicas, el avance de las energías renovables o el mantenimiento de una política migratoria respetuosa con los derechos humanos.

Además, también estamos arriesgando los grandes principios fundacionales de la unión, como el mantenimiento de la paz y la estabilidad, mucho más ahora que los tanques son ciertos y cercanos y no son de fiar las manos que los guían. O la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales en un contexto cada vez más controlado por partidos de corte nacionalista.

Las elecciones europeas nos dejan una foto borrosa y un futuro incierto en mitad de una gran indiferencia ciudadana refrendada en forma de abstención. Es difícil entender por qué nos da igual quien maneje esta parte tan importante de nuestra vida cotidiana. Quizás porque hasta ahora ha funcionado razonablemente bien. Tratamos la Unión Europea como si fuera la comunidad de vecinos: nos da igual quién sea el presidente si el portal está limpio. El problema es que es difícil gobernar para 448 millones de vecinos, sobre todo si no tenemos claro hacia dónde debemos ir.

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Columnista
Pablo Hervás

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