jueves 21 noviembre
Opinión  |   |

Paradojas en Andalucía

Pasó el 2D. Comienza una nueva etapa. Los resultados fueron sorprendentes. De esos resultados y los movimientos posteriores resultan algunas paradojas. Aunque también una certeza, el bipartidismo está roto, también en Andalucía.

Resulta llamativo que la irrupción de la extrema derecha en las instituciones se haya producido precisamente por Andalucía, una de las sociedades más progresistas y tolerantes de España. En cualquier caso constituye una mala noticia puesto que está provocando la radicalización de la derecha tanto respecto a las políticas económicas como a los derechos civiles y las libertades.

El PSOE ha sufrido un grave retroceso electoral. Sin embargo Susana Díaz aún intenta aferrarse a reclamar la permanencia en el gobierno en base a que su partido fue el más votado. A pesar de la evidencia del alto nivel de hartazgo respecto a la larga permanencia de ese partido en el gobierno y a sus modos y vicios de desempeño.

El PP también ha recibido un enorme castigo. Pero paradójicamente puede salir premiado con la presidencia de la Junta, con la que mitigaría el descalabro. Resulta curioso que quienes han reclamado de forma reiterada que debe gobernar la lista más votada (incluso han presentado propuestas de modificaciones legales) lo olviden tan pronto y se apresten presurosos a ocupar el gobierno. Coherencia al margen.

Ciudadanos obtiene un gran premio electoral. Más que duplica sus resultados anteriores, a pesar de que durante estos cuatro años ha sido el sostén de la propia Susana Díaz, de la que ahora tanto reniegan. Igual que ha sido también el apoyo del peor PP en Madrid.

Resulta gratificado quien ha sostenido sistemáticamente aquello que ahora denigra. Quien apenas habla de su propio programa electoral y ha centrado su campaña casi exclusivamente en el conflicto en Cataluña y en Inés Arrimadas más que en su propio candidato.

También llama la atención que éste reclame ser presidente de Andalucía, aún siendo el tercero en número de votos, contradiciendo también todo su discurso anterior. Aunque probablemente no pase de ser más que una estrategia negociadora para intentar obtener mayor cuota de reparto de poder en el nuevo gobierno.

De lo que no tengo duda es que la derecha gobernará en Andalucía y que solo está ahora mismo en el aire si será con el apoyo directo de Vox o los condicionantes que este partido les ponga y aquellos acepten. No parece que aquí se vayan a trazar las líneas rojas que en Europa se imponen sus homólogos ideológicos.

Adelante Andalucía ha sufrido un fracaso en sus objetivos. No sólo no ha ganado el apoyo de parte del electorado del PSOE, al que dirigió mensajes claros, sino que ni siquiera ha mantenido los que en 2015 recibieron por separado Podemos e IU. Razonablemente han abierto un periodo de reflexión de dos meses del que esperemos surjan no solo diagnósticos sino también propuestas adecuadas para corregir sus propios errores y superar la situación.

De modo simplista podría decirse que la pulsión “españolista”, abonada por la derecha y también por Susana Díaz, ha superado a la “andalucista” con la que AA afrontó estas elecciones.

El 4D y el 28F Andalucía cambió el diseño territorial del Estado que en aquel momento se pretendía establecer. Ahora parece que hubiese girado en la dirección contraria. Hay que reconocer que la bandera blanca y verde representaba entonces la voluntad de los andaluces por superar la marginación y el retraso secular a que había sido sometida históricamente Andalucía, pero que la épica de aquellos momentos ha resultado enturbiada por casi 40 años de un modelo de gobierno del PSOE, clientelar e ineficiente, y los desvaríos de un Andalucismo que jugó a copiar al pujolismo.

La gente más joven, que no vivió aquel proceso, tiene una vivencia distinta de lo que significa la autonomía. Por eso se hace preciso reformular el andalucismo político, que siempre fue y debe ser integrador y universal. Y mostrar claramente que nunca sería mejor un proceso de recentralización como el que la derecha propone. Porque lo importante, en este momento, es la economía, la desigualdad, la crisis ecológica y los derechos sociales.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos Granada

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