viernes 14 junio
Opinión  |   |

Por más Europa

Europa nos llama de nuevo y lo hace en un contexto muy complejo, quizás el más difícil desde hace décadas para la Unión. La guerra ha vuelto al continente y ha tensado las relaciones internacionales de los países miembros con el gigante ruso. Israel también ha supuesto un nuevo desafío para la política exterior europea, liderada por el español Josep Borrell que ha sido tremendamente duro con la masacre que el gobierno hebreo está llevando a cabo en Gaza contra los palestinos. A nivel interno las cosas tampoco están siendo sencillas. La ola de los partidos de ultraderecha, con sus satélites locales, que barre Europa de norte a sur, cuestiona los cimientos mismos del desarrollo europeo y de la necesidad de consolidar e incrementar las políticas comunes que, hasta el momento, han sido tan importantes para España y Andalucía. Europa no se puede poner en solfa justo cuando se está demostrando el valor que tiene cuando se usan sus mecanismos para mejorar la vida de la población trabajando sobre los resortes que permiten poner coto a la desigualdad. No tenemos muy lejos en la memoria otra crisis en la que, por culpa de quienes controlaban en esos entonces la estructura interna de la Unión, Europa responsabilizó a los países más pobres de la situación común. Conviene acordarse de los hombres de negro, de los PIGS (tal y como eran definidos Portugal, Irlanda, Grecia y España por quienes controlaban los resortes financieros del continente), de la intervención que sufrieron los gobiernos griego y portugués, de las medidas que el Gobierno de España adoptó a favor de los bancos descuidando a las personas que se hundían en el desempleo.

Europa ahora ha reaccionado de manera completamente diferente a la crisis provocada por la pandemia y sus múltiples y desastrosas derivadas. Los gobiernos, liderados por el de España, entendieron que no había más rescate posible que el de las personas, que los mecanismos financieros debían emplearse para la reactivación económica a través de una inversión destinada a recuperar a los sectores económicos más perjudicados. Así llegaron esos fondos europeos llamados Next Generation, convertidos en un nuevo Plan Marshall alimentado con recursos propios. Y esas políticas, en las que España ha jugado un papel tan importante, son las que ahora hacen que nuestro país sea una de las locomotoras económicas del continente, liderando aspectos económicos tan importantes como el crecimiento o el empleo… ¿quién nos lo iba a decir?

No podemos acabar con eso ahora. Votar a los partidos que pretenden acabar con la Unión desde dentro, como si de un caballo de Troya se tratase, sería un error imperdonable, una especie de suicidio inexplicable en el momento en el que Europa demuestra su valor.

Está claro que hay que mejorar muchas cosas aún de ese proyecto europeo que avanza desde los años 50 del pasado siglo: políticas migratorias, políticas de seguridad, políticas agrarias. Pero esas respuestas solo llegan desde opciones constructivas que crean en la idea. Nada querrá hacer quien considera que los fondos europeos de recuperación han sido un despilfarro; nada podrá hacer quien piensa que la única respuesta contra la migración debe ser la de levantar muros; nada podrá hacer quien prefiere rescatar un banco a ayudar a una familia; nada podrá hacer quien no entienda la solidaridad entre territorios como un elemento de equidad.

Lo que tenemos en juego no es otra cosa que lo que nos jugamos el pasado 23 de julio. Hace un año, en España se disputó un partido entre los que amamos la libertad y los que defienden el liberticidio. Nuestros derechos, el próximo día 9 están tan en peligro como lo estuvieron entonces. Pensad que la Primera Ministra italiana, tan admirada por Feijóo, ve bien que se persiga a las mujeres que van a abortar ejerciendo su libertad para hacerlo en los términos previstos por las leyes; pensad que Italia ha iniciado una guerra contra el matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo y su derecho a adoptar. La derecha española (la que se autodefine sensata ¿? y la que no lo es) ya sabemos que ha elegido el camino de la motosierra poniendo a la Justicia Social en el centro de su diana, esa misma Justicia Social que permite, por ejemplo, emplear fondos europeos para construir viviendas en Santa Adela, Chana o Norte, la misma que nos brinda la posibilidad de construir un anillo verde que mejore la calidad del aire en Granada. Así que para el próximo día 9 menos motosierra y más alegría. Votemos por la felicidad de seguir avanzando en derechos desde la solidaridad y la igualdad. Votemos a quienes han demostrado que Europa sirve para hacernos un poquito más felices, y como dice la canción, a los demás que lloren en la llorería.

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Columnista
Juanjo Ibáñez

Concejal del Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Granada

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