viernes 23 abril
Opinión  |   |

¿Qué hacemos con Cataluña?

He de reconocer que mi preocupación respecto a la situación en Cataluña se acrecienta con el vértigo de los acontecimientos.

Está claro que este conflicto se ha venido “cociendo” a lo largo de los últimos diez años, aunque sus raíces sean históricas. Considero que, junto al 23F, constituye el principal problema de nuestro sistema político en los últimos cuarenta años.

Pienso que si hemos llegado hasta aquí, de esta forma, es entre otras cosas porque en ambos lados ha habido fuerzas políticas que han entendido que este conflicto les beneficiaba electoralmente. Ojo, no hablo de legitimidades ni de legalidades, sino de intencionalidades. El independentismo catalán ha trabajado con tesón para elaborar un relato que le permitiera ir ampliando su espacio político y electoral. Por su parte el PP parece que entendía que una amenaza independentista en Cataluña le podría servir para conservar una parte importante de su voto en el resto del Estado, a pesar y por encima de las salpicaduras de sus tramas corruptas. Pero mientras que los primeros no temían en absoluto que se llegara a la situación actual, los segundos fueron incapaces de preverla, quizás pensando que nunca pasaría de ciertos escarceos políticos o que finalmente, llegado el caso, siempre se podría neutralizar mediante una negociación “económica” o de transferencias.

No tengo duda de que las normas de referéndum y transitoriedad aprobadas por el parlamento catalán no tienen cabida en el vigente entramado constitucional. Y que por tanto solo serían viables en el marco de una reforma constitucional o de una interpretación generosa, aunque posible a juicio de algunos constitucionalistas. En ambos casos se necesitarían acuerdos previos. Y éstos solo son posibles a través del diálogo, precisamente lo que más ha faltado en los últimos años.

Entiendo que el conflicto va bastante más allá de un problema de legalidad. El independentismo ha logrado convencer a una buena parte de la sociedad catalana de que les conviene la independencia. El 48%, si nos atenemos a las últimas elecciones autonómicas, pero seguramente creciendo, en esta vorágine de activación nacionalista y errores del gobierno central. Probablemente ese amplio sector de gente no se moviliza por motivos legales o económicos sino básicamente por sentimientos.

Y ahí radica, a mi juicio, la mayor dificultad para encontrar una solución satisfactoria para todos. Confrontar ley con sentimientos es complicado. Se entiende que la ley debe estar al servicio de la gente y que ésta debe adaptarse a sus demandas.

Los problemas políticos deben resolverse políticamente. De ahí que considere un grave error tratar de afrontarlo delegando, en el último momento, en jueces, fiscales y policías. Me imagino la frustración de la mayoría de policías el 1-O. Estoy seguro que casi ninguno se hizo policía o guardia civil para eso.

La ausencia de un relato alternativo al del independentismo, amable, de integración, dificulta ahora la posibilidad de una salida en positivo. Nunca será una solución llamar a la gente a envolverse en sus respectivas banderas para confrontar sentimientos. Temo que por esa vía perdamos a los catalanes.

El enquistamiento de las posiciones favorece únicamente la escalada de la tensión. Posible declaración unilateral de independencia/previsible aplicación de la suspensión de la autonomía catalana. Muy bien, ¿y después qué? ¿elecciones en Cataluña como pide Ciudadanos? ¿y si las ganan los independentistas qué haríamos?.

Defiendo una España plural y diversa, unida en la fraternidad de sus pueblos. Quiero a los catalanes junto con nosotros, pero los quiero libres, no a la fuerza. Y ello exige diálogo.

Por eso me sumo al llamamiento ciudadano “¿Hablamos?”, que convoca a salir mañana sábado, a las 12, con ropa o carteles blancos, a las puertas de los ayuntamientos, para mostrar que no queremos que nos utilicen o nos enfrenten, que nos mientan, que somos muchos más y que esto no lo resuelven ellos, sino la gente. Porque España es un país mejor que sus gobernantes.

Miguel Martín Velázquez
Colaborador de Ahora Sí

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