¿Quién elige la ropa que llevas puesta?

Ojalá alguien decidiera qué narices me pongo mañana, que no tenga ganas de pensar. Me encantaría que hubiera algún truco, consejo o aplicación para solucionar este problema fashionista al que nos enfrentamos casi todas las noches. Pero lo cierto es que, aunque el mundo de la moda no puede decirte qué prendas exactas usar mañana (porque tampoco sabemos muy bien cuáles están esperando en la lavadora, o sin planchar), lo cierto es que este mismo concepto, a una escala mucho superior, sí que se cumple. Ahora, con el inminente estreno de la película El diablo viste de Prada 2, ha vuelto a la palestra uno de los momentos más icónicos de la original, el denominado o”monólogo del azul cerúleo”. Hay una fantasía muy tierna que es la de pensar que somos soberanos, autónomos y que podemos ejercer nuestro pleno libre albedrío, al menos, en la ropa que elegimos cada mañana. Pero siento decirte que no es del todo cierto.
Para los que no hayan visto la película, personas extremadamente raras, perdonad que os diga, es un momento del largometraje en el que la malvada editora de la revista le hace un repaso lingüístico a la becaria que cree que ha escogido “libremente” un jersey para acudir a trabaja. Cuando se estrenó la película, como buen friki de la moda, me sabía el monólogo al dedillo. Ahora, tantos años después, he tenido que buscarlo en internet para recordar al dedillo una explicación rápida, certera y apabullante del recorrido que realiza la moda hasta llegar hasta nosotros: “Vas a tu armario y eliges ese suéter azul todo deforme, por ejemplo, porque estás tratando de decirle al mundo que te tomas demasiado en serio como para preocuparte por lo que llevas puesto. Pero lo que no sabes es que ese suéter no es sólo azul. No es turquesa. No es lapislázuli. En realidad es cerúleo. Y tampoco te das cuenta de que en 2002, Oscar de la Renta hizo una colección de vestidos cerúleos. Y luego creo que fue Yves Saint Laurent quien mostró chaquetas militares cerúleas… Y luego el cerúleo apareció rápidamente en las colecciones de ocho diseñadores diferentes. Y luego se filtró a través de las tiendas masivas y goteó hasta un trágico “Casual Corner”, donde tú, sin duda, lo sacaste de algún cesto de liquidación. Sin embargo, ese azul representa millones de dólares e innumerables empleos. Y es un poco cómico cómo crees que has tomado una decisión que te exime de la industria de la moda cuando, de hecho, estás usando un suéter que fue seleccionado para ti por la gente en esta sala de un montón de "cosas". Un recordatorio de que incluso cuando crees que estás fuera del sistema de la moda, ella te está vistiendo por la mañana. Ese monólogo debería proyectarse en las escuelas, en las bodas, y en las reuniones de vecinos. Debería ser patrimonio de la humanidad.
Pero incluso antes de esto, hay muchos procesos en el mundo de la moda que hacen que se defina por completo no solo qué habrá en los desfiles y en las tiendas cada temporada, sino incluso quién, cómo, dónde y para qué compraremos esas piezas. Lo que llevamos puesto ahora, hoy, o mañana, o en la boda de tu prima Puri, la segunda de los tíos del pueblo por parte de tu padre, que se casa de buya y seguramente de blanco roto, el segundo fin de semana de mayo por la tarde en una hacienda preciosa camino a Jaén, en la que refrescará un poco por la noche, échate rebeca, fue decidido hace años en una sala de reuniones. La industria no solo sabe qué vas a querer; sabe incluso lo que vas a negar querer antes de caer rendida en tres semanas.
Porque muchos antes de que tú te enamores de un color, alguien ya lo ha analizado por completo, medido, combinado, comparado con datos de consumo, cruzado con predicciones sociológicas y diseccionado en un informe de 200 páginas. Ese azul que te apetece tanto esta temporada, que te queda tan bien, y que claramente necesitas incorporar a tottus looks de oficina, se eligió por un comité de expertos con casi tanta parsimonia como se elige un Papa. Esta gente decidió que este año necesitábamos serenidad, profundidad y un toque de “nostalgia oceánica” - porque nunca puede faltar el toque cursi all explicar cosas de moda.. Y tú, sin tener ni idea de todo esto, esta primavera vas oceánica perdida, como todas tus compañeras de oficina. Lo mismo ocurre con los tejidos, en algún lugar de Italia, Turquía o China, una fábrica de tejidos decidió que el poliéster reciclado iba a ser la textura del momento, no porque el planeta lo pidiera, sino porque la maquinaria ya estaba lista y había que amortizarla y vender el triple con el apoyo de la conciencia ecológica. Tú tan ECO y ellos tan contabilidad.
Y luego están las grandes marcas, esas que juegan a ser creadores de deseo, de estéticas y de filosofías a su alrededor. Que por supuesto también han analizado perfectamente a su cliente y lo que necesita emocional y físicamente. Ellas deciden la forma, el volumen, la historia que contarán esas prendas cuando te las pongas. Las marcas masivas, a la zaga, hacen lo que mejor saben: “inspirarse” (guiño, guiño, codazo) en las grandes sumando además la prisión del algoritmo. Fusilan ideas, las abaratan, las multiplican y las colocan en perchas a la altura de tu mano para que puedas sentir que “te vistes como quieres”. Si la libertad existiera en la moda, habría más gente vestida como un cuadro y menos como un catálogo o una influencer de tres al cuarto. La única decisión realmente tuya es si te lo pones hoy o mañana, y a veces ni eso.
Porque la verdad incómoda es esta: tu armario no es un espejo de tu personalidad, sino el resultado de cómo han sabido analizarte y darte lo que te han hecho desear. Una combinación perfecta de análisis, tiempo, procesos y estructuras sociológicas, empresariales y comunicativas para que creas que eliges. Y aun así, aunque sepamos esto, seguimos encontrando placer en vestirnos. Seguimos jugando, combinando, reinventando. Seguimos creyendo. Qué obra maestra de la psicología aplicada. Qué ternura. Qué ilusión. Porque no hay nada más placentero que llegar a la oficina con ese jersey azul oceánico divino.







