miércoles 10 diciembre
Opinión  |   |

Tablas

Empecemos por lo obvio: Manuel Ángel Pérez Hernández cometió, impulsado por el VAR, un error impropio de un equipo arbitral profesional; un grosero fallo que debió dejar al Córdoba con diez jugadores sobre el césped y que pudo influir de forma decisiva en el desarrollo del encuentro. Ahora bien, una vez consumado el desastre, no podemos teorizar sobre qué pudo ocurrir o qué debió ser, porque la realidad es que jamás lo sabremos. Si existe un universo paralelo en el que el VAR no rectifica al árbitro, tampoco sabemos cómo habría acabado allí este partido. Quizá el Granada CF lo ganó 4-0 arrasando como un vendaval; quizás, incluso así, solo logró el empate.

Ciñámonos a lo que realmente sucedió. El equipo volvió a no pasar de las tablas, y ya son siete empates en quince jornadas. Firmar igualadas empieza a convertirse en una rutina que aparece con inoportuna frecuencia esta temporada. Eso es innegable, al igual que lo es que el Granada CF tiene problemas mucho más serios como para entretenerse con la teoría de un complot arbitral que nos impida ganar. Además, Pacheta dejó sin hacer dos cambios ante el Córdoba, algo por lo que ni siquiera fue cuestionado en la rueda de prensa. Desde hace varias jornadas se aprecia —y con buen criterio, porque es positivo— que el entrenador ha logrado asentar un once fiable sobre el que construir un estilo de juego reconocible. No obstante, ese avance también ha dejado al descubierto cierta falta de confianza en quienes no forman parte del equipo tipo.

Para ilustrarlo, un dato: la mayor parte de los minutos ha recaído en un grupo muy reducido de futbolistas. Solo doce miembros de la plantilla superan el 30 % de los minutos disputados en lo que va de Liga. Si bajamos el umbral al 20%, la cifra apenas aumenta en tres jugadores, con Astralaga justo en ese límite. Esa preocupante desconfianza hacia la segunda unidad se traduce en la falta de frescura que muestran algunos titulares habituales, prácticamente sin margen para descansar. El Granada CF necesita reforzar con urgencia varias posiciones en el mercado de invierno, no ya para aspirar a metas mayores, sino simplemente para competir durante 42 jornadas en una categoría tan exigente como la Segunda División. De lo contrario, el último tercio de la temporada puede hacerse interminable.

Empatar fuera de casa en Segunda suele ser, en principio, una buena noticia. Aun así, el equipo solo ha firmado dos victorias como local en lo que va de curso: ante la Real Sociedad y el Zaragoza, ambos conjuntos también en la parte baja de la clasificación. Lo normal es que el éxito de un equipo se construya haciéndose fuerte en su estadio y complementando eso con buenos resultados a domicilio; es el ABC del fútbol. Sin embargo, el Granada CF no logra ser sólido ni en casa ni fuera. Podemos recrearnos en que el equipo tiene momentos brillantes —que los tiene—, pero la competición no espera ni regala puntos por sensaciones. La realidad del Granada CF es la de un equipo que debe pelear del minuto 1 al 90 para sobrevivir y que, cuando desconecta, lo paga con goles. Lo vimos buena parte del pasado sábado y también la semana anterior en Santander.

Podemos hacer como Rose al final de Titanic y aferrarnos a las sensaciones o refugiarnos en errores ajenos esperando a que alguien venga a rescatarnos; pero en este frío invierno que es la Segunda División corremos el riesgo de quedarnos congelados mientras esperamos a que vengan a rescatarnos.

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Columnista
José David Collina

Abonado del Granada CF y creador de contenido en Puerta Nueve

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