viernes 5 junio
Opinión  |   |

Tenemos un problema

Granada se enfrenta cada día a reiterados discursos oficiales por naturaleza contradictorios, ajenos a la realidad de nuestra ciudad y que provocan desapego de los granadinos a las instituciones andaluzas cuya confianza en las mismas se está diluyendo por la desconfianza hacia una hornada de profesionales de la política (no se les conoce otro oficio) que dicen una cosa, cuando hacen la contraria, queriendo debilitar (apagando) a Granada en su autonomía para desarrollar la gestión y dirección de organismos que forman parte del acervo institucional, cultural, científico, patrimonial y económico de la ciudad, como son el TSJA, CETURSA, La Alhambra, el Parque de las Ciencias y el más reciente la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP), que ha conllevado que se dé un toque muy serio por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha advertido que de llevarse a cabo lo ideado por el Partido Popular (diluir la Escuela dentro de un Instituto Andaluz) la EASP perderá la catalogación de centro colaborador de la OMS.

Por otro lado, esos mismos políticos granadinos muestran una total sumisión a las jerarquías de sus respectivos partidos, vendiendo su alma al diablo si es necesario para conservar y/o asegurarse el poder, tal y como sucede en nuestra ciudad, donde se ha constituido un gobierno local según el dictado de las cúpulas partidarias en Madrid y que ya ha supuesto la dimisión del Sr. Pérez, cuyo partido, conviene no olvidar, ha llevado a la quiebra técnica a la ciudad en su paso por el Ayuntamiento.

Pero lejos de querer aprender de los errores y hacer lo correcto, como consecuencia de ese acuerdo con el demonio, se pone a la cabeza de la contratación pública a quienes desprecian lo público, con el único objetivo de privatizar (desmantelar) todos los servicios municipales esenciales y ponerlos y/o mantenerlos en manos de grandes corporaciones en cuya oferta incluyen la puerta giratoria por los servicios prestados. Me refiero, por ejemplo, a servicios municipales como el transporte y la limpieza, cuyos contratos hay que renovar en breve, cuando lo que habría que hacer es remunicipalizar esos servicios, revertiendo el control a la ciudad, lo que conllevaría no solo una mejor gestión y calidad del servicio, también se abarataría el coste, como ya se ha demostrado en ciudades como Málaga o Córdoba, permitiéndonos, además, ahorrar e ir pagando la extraordinaria deuda financiera que tiene contraída Granada por la pésima y temeraria gestión realizada, e implementar, así mismo, políticas locales que construyan tejido productivo, lo que va en contraposición con el rechazo por parte del actual gobierno local del plan de Empleo subvencionado por la Unión Europea para la formación de unas 1700 personas en una ciudad con un 20% de paro y un 38% de pobreza.

Si ponemos en relación lo señalado hasta ahora, nos da como resultado que las personas que vivimos en Granada y sus barrios estamos abandonadas a nuestra suerte en favor del mercantilismo institucional que está tomando posesión de nuestra ciudad.

Así es, por un lado, tenemos a un gobierno local que rechaza administrar la ciudad cediendo autonomía local en favor de la concentración de poder en el gobierno andaluz (el anterior hacía lo mismo), pero también, privatizando servicios municipales esenciales. Y por otro, un gobierno andaluz que lo quiere todo, queriendo convertir a Granada en una delegación, lo que contradice el espíritu de descentralización territorial del Estatuto de Autonomía de Andalucía y agrieta el consenso que lo hizo posible y que tiene entre sus pilares el equilibrio institucional entre las diferentes provincias andaluzas, por eso, es imprescindible que las Consejerías de gobierno de la Junta de Andalucía tengan sus sedes atendiendo a ese imprescindible equilibrio territorial pues eso sirve de contrapeso democrático al ejercicio concentrado de poder en unos pocos, lo que definiría Tocqueville como una suerte de tiranía, situándose el epicentro en la capital andaluza, asunto que urge corregir en favor de la autonomía andaluza como nacionalidad histórica, de la que es parte principal Granada que debe recuperar el lugar que le corresponde sin que eso signifique agravio territorial para nadie, como mejor forma de cortar el paso a las ideas de romper Andalucía. Pues sí, tenemos un problema, y grave. Habrá que arreglarlo y solo es posible recomponiendo las cosas al lugar del que nunca debieron salir.

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Columnista
Salvador Soler

Miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos Granada

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