jueves 25 julio
Opinión  |   |

Tickets de legitimidad

Pronto, a la vuelta de la esquina, a tiro de piedra tenemos las elecciones municipales en Andalucía, ya tuvimos las autonómicas que tuvieron el peor resultado para la izquierda andaluza. La fórmula “Por Andalucía” liderada por Izquierda Unida derrapó de forma estrepitosa, se sacó de la ecuación a Podemos y se produjo una fuerte desmovilización. La campaña diseñada fue plana, sin ánimo, ayudó mucho la falta de discurso y proyecto político claro en temas clave como, qué modelo productivo, la política redistributiva, la ecología, el feminismo, el equilibrio intraterritorial, económico e institucional andaluz. Faltó compromiso en la construcción de un estado federal. Andalucía no formó parte de la campaña electoral y el espacio fue ocupado principalmente por la derecha y el que quedó, lo ocupó Teresa Rodríguez, con Adelante Andalucía.

Las elecciones municipales no solo están conectadas con Andalucía, es que ésta no se entiende sin sus municipios y quien quiera gobernar en España pasa por obtener los mejores resultados electorales municipales en Andalucía, territorio clave y crucial para caminar hacia un renivelado del eje político constituido básicamente por Euskadi y Catalunya, ya que, parece que fuera de ahí no hubiera más nacionalidades históricas. Y sí, las hay. Una de ellas es Andalucía, que se ganó ese derecho en el histórico y crucial referéndum del 28 de febrero de 1980.

Ese compromiso con Andalucía se lleva en las venas o no se lleva. Es más que un proyecto político, es un sentimiento, es un apego a la tierra, es un latido del corazón. Andalucía es algo que se transmite con pasión, lo que perdió el partido socialista y nunca tuvo Izquierda Unida, que cuando pasó por los gobiernos de coalición en los ayuntamientos y en la Junta de Andalucía no fue capaz más que desarrollar una política institucionalizada, entregada a los ritmos institucionales que marcaba la mayoría política. Todavía retumban los discursos de Jose Luis Serrano y de ellos, parece que algunos, nada aprendieron. La visión jacobina centralista se ha impuesto a la visión federalista y eso conlleva un coste de credibilidad política y electoral.

Es como la resistencia a que las personas candidatas sean elegidas en un proceso abierto y transparente de primarias. No se puede afirmar que se quieran cambiar las cosas y cuando llega el momento el primer paso sea designar a las personas candidatas como resultado de una reunión de cinco. Es lo que ha hecho lo que se ha venido a llamar Granada Unida, una coalición de partidos liderada por Izquierda Unida (IU). Así se entiende que te cuelen personas procedentes de UPyD de Rosa Díez que tildaron a la memoria histórica como un remover la mierda o hayan compartido ilusiones de cambio nacional con Toni Cantó y, que se queden ahí las sorpresas. Ya iremos viendo, pero, no faltarán columnistas que normalicen ese pasado. Visto lo de Tamames, ya nada sorprende.

Por el contrario, como se ha publicado en varios medios granadinos, las personas elegidas por la asamblea de confluencia “Granada se Encuentra”, impulsada y participada por Podemos, Alianza Verde y personas independientes de diferentes sectores sociales y profesionales progresistas fueron elegidas en unas primarias abiertas, dándose el caso, que la candidata a la alcaldía Elisa Cabrerizo no solo se sometió a unas primarias en Podemos, partido al que pertenece, sino en unas primarias abiertas en la confluencia en la que participa y en ambas fue elegida democráticamente.

Eso sí que es un ticket de legitimidad de origen pues ha resultado elegida, al igual que la candidatura que la acompaña, mediante una elección libre, mediante voto individual e informado. Democracia plena y directa la elección. Pero, también es un ticket de legitimidad de ejercicio, pues, Elisa, ajusta su mandato no solo a las funciones que le han sido encomendadas democráticamente y que ella ha aceptado, sino a un Código Ético, que se configura como una especie Constitución interna y que establece, entre otras cosas, no convertir la política en una profesión, lo que da frescura y capacidad de relevo. Otra gran diferencia, respecto de otras formaciones políticas, pues algunos de sus dirigentes no ven más profesión que la política.

Podemos e Izquierda Unida tienen formas distintas de ver la política. IU ha preferido decidir en Granada en una mesa de partidos, sin participar en primarias abiertas. Así su candidato, con catorce años de concejal, intentará llegar a los dieciocho años de cargo público, saltándose sus propios límites temporales estatutarios para evitar la profesionalización política. Estas son las razones que han llevado a Izquierda Unida a poner en marcha un proyecto político fuera de los tickets de legitimidad. El tiempo, y el electorado, nos irán diciendo.

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Columnista
Salvador Soler

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