lunes 12 abril
Opinión  |   |

Tramas

De nuevo La Alhambra. No hace mucho, la Audiencia Provincial de Granada conoció del asunto que llevó a un grupo importante de trabajador@s del recinto histórico y guías turísticos a un proceso judicial por una presunta venta irregular de entradas. Esa retorcida denuncia fue impulsada por la anterior Dirección del recinto histórico tras haberse producido un importante conflicto laboral que tenía entre sus fundamentos que no se privatizaran y/o externalizaran determinados servicios, entre otros los relativos a los empleos de guarda y custodia de la entrada al recinto, si bien, aquella Dirección interpretó la reclamación laboral como un ataque a su autoridad. Se ha conocido como el “Caso Alhambra”. El resultado tras 11 años de instrucción judicial y un juicio muy largo y complejo ha sido la absolución de casi todas las personas imputadas (40), si bien, ha sido anunciado recurso de casación al Tribunal Supremo por las defensas de las personas que aún viendo muy sensiblemente la sanción no están de acuerdo con la misma. La presunción de inocencia es un baluarte del Derecho penal y su tutela no conoce frontera ni barrera.

No obstante lo anterior, las mismas personas que impulsaron la citada denuncia, han sido, de nuevo, detenidas precisamente, ahora, por la presunta comisión de los delitos de pertenencia a organización criminal, fraude a la administración, malversación de caudales y tráfico de influencias, que supuestamente ha ocasionado un posible perjuicio de siete millones de euros para las arcas públicas, a través numerosos contratos públicos que el Patronato de la Alhambra ha venido adjudicando, que se sepa, al menos durante nueve años, pudiéndose afirmar, según fuentes policiales, que toda esa operación se ha desarrollado dentro una planificación organizada en la que han participado junto a directiv@s y funcionari@s determinadas empresas con la finalidad de obtener lucro personal injustamente obtenido.

A diferencia de los dirigentes políticos, en este caso del PSOE, el actual Director de La Alhambra ha reconocido que en su día se cambió el sistema de gestión para garantizar transparencia en las contrataciones públicas y que se separaron de los puestos de responsabilidad a las personas objeto de la investigación judicial, lo que de forma implícita es un reconocimiento de que algo no funcionaba bien, que estaba descontrolado y que acarreaba grave daño a Granada, a la que se ha generado un extraordinario coste económico, pero también un desgaste público que la sigue manteniendo en una indeseable tribuna, cuyo soporte es la corrupción política todo, en detrimento del buen gobierno y la integridad del presupuesto público.

Mientras hay personal que presuntamente se está enriqueciendo a costa de l@s  granadin@s,  en nuestra ciudad se ha consolidado la desigualdad y la pobreza que ya alcanza a más de un 30% de la población, con especial incidencia en sectores como la mujer y l@s menores, ya de por sí muy vulnerables. Al mismo tiempo se afirma desde la oficialidad que vivimos  buen momento económico, dato que contradice la situación antes descrita y que nos ofrece la conclusión de que la riqueza no se está distribuyendo a favor de las personas, sino en beneficio de determinados intereses, que han pasado de la burbuja inmobiliaria a la burbuja turística, instalando, como camino de “crecimiento”, así mismo, la precariedad laboral y la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Es más que evidente, por tanto, que es imprescindible que Granada se oriente hacia otros caminos, como el del conocimiento, donde prime el modelo productivo I+D, en el que la Universidad de Granada sea el motor en alianza con el mejor mundo empresarial; el del buen gobierno local, que apueste por la transparencia, los servicios públicos, la rendición de cuentas y el saneamiento de las mismas, cortando de tajo la corrupción, impulsando unos presupuestos municipales participativos: el de una ciudad interconectada con el área metropolitana mediante el transporte público; el del turismo sostenible, aprovechando los recursos naturales de nuestra economía local; el de la cultura, donde sin duda Granada puede ejercer un liderazgo natural y, por supuesto, el camino hacia una ciudad más justa, menos desigual y más solidaria.

En definitiva, apostar por la Granada de la vid  y no por la de la mercancía, sin guetos, sin tramas.

Salvador Soler García
Colaborador Ahora Sí

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