lunes 15 junio
Opinión  |   |

Un humano perdido en el océano

Llevo meses anonadado. Y mi terror vital va en aumento. Siempre he sido una persona bastante informada, no ya solamente porque me lo enseñaron en la carrera (y por supuesto todos aplicamos perfectamente lo que aprendimos de jóvenes, ¿verdad?). Si no que mi uso constante de las redes sociales, tanto personal como profesionalmente, hace que esté al tanto de lo que está pasando, más o menos, y por supuesto siempre filtrado por el algoritmo que domina nuestra vida, cada persona el suyo. Y sinceramente. Es agotador. Es transitar por un océano rodeado de mar bravío y que no da tregua.

Ya dije en mi última columna, y citándome a mí mismo me siento como si fuera un vieja estrella de la literatura, que “Sigo pensando que lo único que salvará al ser humano, de sí mismo y de todos los demás, es que la esperanza es lo último que perdemos”. Pero ¿cómo mantener la esperanza estos tiempos aciagos? Y a la vez ¿Cómo no tenerla cuando vemos tantísimos “brotes verdes?

Gente defendiendo convertir en un resort una zona invadida militarmente (y con ello hacer desaparecer a un pueblo entero), mientras otras dedican su esfuerzo diario a ayudar a los que lo necesitan, aunque para ello tengan que dedicar por completo su tiempo, dinero y ganas. Un día despertamos con noticias de una trama de prostitución de menores por parte de políticos que termina impune ante la justicia, y al siguiente vemos que un grupo de personas ha creado una red de refugios y ayudas para mujeres maltratadas. Mientras unos investigan sin descanso las energías renovables, otros buscan salvajemente formas de privatizar hasta el aire que respiramos. Siguiendo con la metáfora marina, mientras unos dedican su travesía a salvar ballenas, otros parecen empeñados en cazarlas, o lo que es peor, hundir el barco para que nadie pueda ayudarlas.

Por supuesto, toda la vida ha habido gente buena y gente mala. Y también soy consciente de que no todo es blanco o negro y encontramos personas buenas que la han liado, o acciones malvadas que acaban en algo positivo de forma sorprendente. Pero creo que el problema radica en la infoxicación a la que estamos sometidos. A que el océano es demasiado grande y las olas no nos dejan ver tierra. Volviendo a referirme a mí mismo, es un tema ya recurrente aquí el hecho de que tener demasiada información puede hacer que nos perdamos en un mar de información falsa y creada para condicionar nuestra vida, nuestras decisiones y la manera de tratar a los demás y al mundo.

Y me atrevería a decir que lo mejor para el futuro es ser conscientes y vivir acorde a nosotros mismos: defender nuestros valores y conseguir que el mundo siga siendo “humano” para no estar a expensas de los deseos maquiavélicos, turbios y ultraliberales de quien nos manipula. Pero claro, si de repente esta columna la lee alguien que cree que Trump es “un crack”, que Milei un “líder carismático”, Elon Musk un “genio inspirador” y que los tapones de plásticos pegados a las botellas son un invento social comunista para amagarnos la vida, ¡pues apaga y vámonos! Esta infoxicación que comentábamos está haciendo que la gente piense - y vote - a personas que no los ayudarían en ningún caso. No sacaré a relucir de nuevo el tema del obrero, la mujer, o el negro que vota a VOX, pero es el ejemplo más claro de no tener conciencia de clase, de género o incluso ni respeto por uno mismo. Quizás el problema sea que la humanidad siempre ha oscilado entre la construcción y la destrucción, entre la generosidad y la avaricia, entre el ser muy tonto o el creerse muy listo y pensar que tú estarás por encima del problema cuando te llegue tu turno. El judío que votó a Hitler.

Tras un rato pensando cómo cerrar esta columna con un mensaje positivo, de ánimo, de esperanza, o, incluso, con un poquito de humor. Y no soy capaz de encontrar la fórmula con la que superar esto. Todos estamos en una tabla de madera en mitad de un océano desconocido, lleno de peligros y que hará todo lo posible para matarnos. Y mientras algunos se ponen a remar para llegar a algún sitio, otros se tumban a tomar el sol y “los más listos” esperan que pase el yate de millonario y los rescate. Elijas lo que elijas, solamente sé consciente de que salir adelante conlleva un esfuerzo, el sol te quema, y a los del yate no les importas. Tú decides (o eso creemos, pero ese tema da para otra columna).

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Columnista
Gafas Amarillas

Periodista y Creador de Contenido

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