lunes 4 julio
Opinión  |   |

Uy, uy, uy... Macarena

Curioso el periplo que como candidata al Parlamento de Andalucía lleva, hasta el día de hoy, doña Macarena Olona y su anómalo empadronamiento en la localidad granadina de Salobreña.

Por lo que conocemos, doña Macarena han empezado su andadura andaluza con una clara infracción de la Ley de Bases de Régimen Local y de las reglas que regulan las condiciones para cumplir con el requisito de tener la condición política de andaluza para poder ser candidata a Diputada del Parlamento andaluz. Denunciado el posible fraude de ley en el que la sra. Olona habría incurrido al formalizar su empadronamiento en Salobreña, el titular de la vivienda donde la sra. Olona decía tener su domicilio, vino a confirmar tal sospecha de fraude al asegurar a los medios de comunicación que, en realidad, solo pasaba en la misma algunos días en vacaciones.

A partir de ahí, tanto el Ayuntamiento de Salobreña, como la Junta Electoral Provincial de Granada han hecho lo que no les quedaba más remedio que hacer por imperativo de la legislación local aquél, y de la legislación electoral, éste. El Ayuntamiento de Salobreña, como responsable de realizar “..las actuaciones y operaciones necesarias para mantener actualizados sus padrones de modo que los datos contenidos en éstos concuerden con la realidad” ( art. 17.2 de la Ley de Bases de Régimen Local), procedió a anular la inscripción en su padrón de la sra. Olona, abriendo el correspondiente plazo de alegaciones; y la Junta Electoral Provincial, como garante de la transparencia y objetividad del proceso electoral, ha venido a confirmar que formalmente la sra. Olona cumplía con los requisitos para ser candidata a Diputada del Parlamento de Andalucía, sin que le corresponda a dicho órgano valorar las circunstancias que han concurrido en el polémico empadronamiento.

Queda la vía contencioso administrativa para recurrir la proclamación de la sra. Olona como candidata en los plazos previstos en el art. 49 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General y ante la eventualidad de que dicha vía judicial se abra, doña Macarena ya se ha adelantado, interponiendo una querella contra la alcaldesa de Salobreña por delito electoral, prevaricación y violación de derechos fundamentales. Sea cual sea la posible decisión de los jueces competentes, lo cierto es que a día de hoy tenemos una candidata al Parlamento de Andalucía tan andaluza como una Fallera Mayor vestida de faralaes, una alcaldesa con una querella por cumplir con su obligación y un partido -Vox- al que le están haciendo la campaña electoral. Pero, sobre todo, si algo nos ha dejado este esperpéntico episodio es alguna confirmación y alguna sospecha de que es quien es doña Macarena Olona.

Por lo pronto, a Macarena no parece que le gusten los gastos superfluos. Ni un euro invertido en un modesto alquiler de un pisito donde vivir en Granada o donde veranear en Salobreña. Alguien le ha tenido que explicar que esta es la tierra del chavico y la sra. Olona, cuan adelantada evangelizadora, parece estar dispuesta a mimetizarse con los indígenas granadinos.

Otra cosa no, pero doña Macarena parece ser coherente. Para la representante de un partido que aborrece la autonomía política de Andalucía; eso de adquirir la condición política de andaluza debe ser una estupidez que bien merece saltarse la ley a la torera. Qué mejor manera de presentarse a las elecciones de un órgano en el que no crees y del que has manifestado tu intención de eliminar, que incumpliendo con el más básico de los requisitos para ser candidata. Desde el principio, la señora Olona ha empezado demostrando su desprecio por los andaluces, por su Parlamento y por el Estado de Derecho. Coherencia en estado puro.

Por lo visto, para doña Macarena, la ley es cosa de los demás y solo le interesa para atacar a quien ose interponerse en su camino. La puesta en escena de la presentación de la querella contra la alcaldesa de Salobreña da cuenta de cómo se las gasta doña Macarena y la propia querella podría ser un ejemplo de libro de cómo retorcer la ley hasta convertirla en un arma para ejercer el matonismo político.

A doña Macarena parece que se la trae al pairo el Parlamento, el acta de Diputada, Granada y Andalucía. Ella ha venido para ser Vicepresidenta del Gobierno de Moreno Bonilla, para lo que no hay que ser andaluz, ni parlamentario, ni vivir en la circunscripción por la que te presentas, ni tan siquiera tener un programa político propio para presentarse a unas elecciones. No se entiende de otra forma la chapucera presentación de la candidatura de la que supuestamente aspiraría a ser Presidenta de la Junta de Andalucía.

Bien haría el Partido Popular en tomar nota y calibrar con quién coquetea políticamente. En todo caso, cometeríamos un enorme error si centráramos la campaña electoral en doña Macarena y en sus cosas. La torpeza, la arrogancia, la insolencia y el descaro de doña Macarena no son más que un pálido reflejo de lo que es Vox y de lo que Vox representa. Avisados estamos.

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Columnista
Baldomero Oliver

Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Granada

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