jueves 25 julio
Opinión  |   |

Vamos a lo importante

Estamos en campaña, o más bien en precampaña, pero da igual, en España siempre lo estamos. He referido en varias ocasiones mi opinión de que en campaña electoral predomina el intento de buscar el voto apelando a las emociones. Éstas son un elemento esencial de la vida de las personas pero el ser humano no sólo toma decisiones en base a ellas sino que también utiliza el raciocinio, el análisis de lo que sucede y de las posibles ventajas de una u otra opción.

Pero las emociones se pueden manejar de muchas maneras. Siento que últimamente predomina la gestión de las emociones negativas, quizás por eso el alto nivel de crispación que ha alcanzado el debate político. En vez de intentar atraer al electorado hacia las bondades de cada partido parece que se opta por generar el rechazo hacia los otros, de forma que se motiva más el voto contra alguien que a favor de uno mismo.

Probablemente estoy fuera de la realidad mediática y del devenir actual de los tiempos en materia de comunicación, pero sigo empeñado en pensar que la gente podemos tomar las decisiones, también en cuanto al voto, a través de la racionalidad. Sería algo así como lo que planteaba la famosa, genial y antigua campaña publicitaria del afamado Manuel Luque, “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo” (vótelo en este caso).

Para votar en esta clave lo primero necesario es discernir qué es lo importante. Separar el grano de la paja. Intentar no dejarnos deslumbrar por los juegos de prestidigitación en los que se utilizan señuelos para llamar nuestra atención mientras nos hacen el truco de magia.

He asistido a varios debates entre candidatos y analizo lo que cada partido va contando. Percibo muchas promesas, que sólo son factibles aumentando exponencialmente el gasto, pero siempre sin concretar cómo se pagarían. Suele repetirse la cansina e imposible fórmula de incrementar el gasto y bajar los impuestos. Es un poco aquello de tengo soluciones mágicas, bueno, bonito y barato.

Estas actitudes me parecen un insulto a la inteligencia. Aspiro a que quienes pretenden representarme me digan la verdad, me respeten y me traten como una persona adulta, capaz de entender las cosas y qué es o no posible. El “mañana, milagro,” me incomoda especialmente.

Quizás por eso, ahora que formo parte de una candidatura, intento esforzarme especialmente por evitar aquello que tanto deploro y rechazo. Procuro tratar a la gente con respeto, explicar el programa de mi coalición, no hacer promesas que se saben imposibles y sólo comprometer lo que depende de uno mismo, trabajo, trabajo y trabajo.

En esos debates he oído tantas promesas que me he acordado de aquello que en una ocasión le dijo Felipe González a un competidor político: “pues yo prometo todo eso que usted dice y dos huevos duros más”. Las cosas no están para bromas. Hay demasiadas incertidumbres en el horizonte como para andar jugando a la palabrería y haciendo malabares.

Pero, bajemos a la tierra. Hay problemas concretos que deben ser conocidos y tratados. En noviembre se dictó una sentencia en la que se obligaba al Ayuntamiento de Granada a optar entre entregar a la empresa concesionaria de los autobuses urbanos, Transportes Rober, unos terrenos viables para instalar las cocheras y los talleres o bien indemnizarla con 1,73 millones de euros.

Resulta que este caso viene de hace 20 años. En 2003 el Ayuntamiento y Transportes Rober acuerdan el pago en especie, por la expropiación de sus cocheras en el Zaidín, mediante la entrega por parte del Ayuntamiento de dos parcelas en el Distrito Norte. Pero resultó que estos terrenos no eran urbanísticamente aptos para la instalación de las cocheras. Tras un intento de recalificación y su impugnación por parte de la Junta de Andalucía, los tribunales resolvieron que era ilegal hacerlo.

Una de las consecuencias del caso es que durante todos estos años los granadinos hemos estado pagando el alquiler de unos terrenos provisionales para las cocheras. Ahora, además, tendremos que pagar, bien en especie, con terrenos, o bien con dinero, lo que debió estar resuelto hace 20 años. Y hacerlo en el plazo de un año que ha impuesto el tribunal.

Pero hay más. Si se paga en metálico ese dinero irá a la cuenta de resultados de T. Rober, mientras que si el Ayuntamiento entrega los terrenos, y se instalan las cocheras, es de suponer que, por aplicación de la cláusula 18ª del Pliego de Condiciones del actual contrato, esos terrenos y las cocheras revertirán de nuevo al Ayuntamiento cuando se de por concluido el actual contrato y se formalice el nuevo.

Como ya hemos dicho tantas veces, resulta más que sorprendente que tras 60 años de duración del contrato con Transportes Rober finalmente se haya llegado tarde a la tramitación del nuevo contrato, obligando a una prórroga forzada que hace prolongar un servicio deficiente y caro, dañando también el principio de libre competencia entre las empresas que pudieran optar al nuevo contrato. No entiendo a estos supuestos neoliberales que vulneran aquellos principios que tanto dicen defender.

La responsabilidad de esta tan anómala situación tiene nombres y apellidos políticos. Primero el PP, luego el PSOE, los dos partidos que han gobernado la ciudad, en doble alternancia, durante los últimos años, en los que ninguno ha sido capaz de poner en marcha la obligada Comisión de Reversión, ni tampoco de llegar a tiempo para formalizar el nuevo contrato. De la municipalización, como hacen en Málaga, Madrid, Córdoba…, ni hablamos, porque ambos partidos, en Granada, apuestan por entregar todos nuestros servicios a las grandes multinacionales, a precio de oro y a costa de los granadinos.

Lo dicho, busque, compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo (vótelo). Algunos, modestamente, estamos intentando merecer su confianza, con trabajo y diciendo la verdad.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Portavoz de Podemos Granada

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