martes 20 octubre
EL REPORTAJE AG  |   |

El paisaje de una Vega que ya no seca tabaco

Fuente Vaqueros, Santa Fe, Pinos Puente, Alhendín, Valderrubio y Vegas del Genil conservan secaderos que en el siglo pasado contribuyeron a la economía de Granada, pero hoy no encuentran ni uso ni protección

Uno de los secaderos de Fuente Vaqueros. Foto: Luis F. Ruiz

Uno de los secaderos de Fuente Vaqueros. Foto: Luis F. Ruiz

Entre el verde del campo y lo grisáceo de las choperas, cercanos a un arroyo o acequia, se levantan grandes e impresionantes espacios que en su tiempo consiguieron formar parte de la economía de una de las comarcas más importantes de la provincia. Enormes estructuras, en muchos casos, de leños, aunque también de ladrillos, metal, hormigón armado e incluso paja, se conservan aún hoy en diferentes puntos de la Vega de Granada. Los secaderos siguen estando presentes en la imagen de una zona "escasamente" protegida y puesta en valor para algunos.

Del tabaco, cuyo cultivo se inició hacia los años veinte del siglo XX,  derivaron estas piezas destinadas al secado de la planta que todavía pueblan buena parte de la Vega Sur, Centro y Oeste de Granada. Así, Fuente Vaqueros, Valderrubio, Alhendín, Vegas del Genil, Santa Fe, Pinos Puente, e incluso Chauchina -en los límites del pueblo-, son municipios que mantienen en su territorio estos armazones predominantes en la arquitectura agraria de la Vega, ya no solo como lugares independientes, sino también como elementos o agrupaciones aisladas en las fincas dedicadas a la producción tabaquera.

El secadero más grande de la Vega
El secadero de tabaco de mayores dimensiones en la Vega de Granada se ubica en Purchil y data de 1970, según los datos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH). Lo más significativo de esta estructura es su robustez, conseguida a través del ladrillo gafa y de las vigas de hormigón. Dividido en veintiún pórticos, de dos vanos cada uno, a cuatro metros de distancia unos de otros, consta de dos puertas de entrada. Una principal en la fachada que da a la calle y otra secundaria en una de las fachadas largas, situada entre el octavo y el noveno pórtico desde el más próximo a la calle.

A pesar de que no todos se han contabilizado, en el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Granada (Potaug) se registra alrededor de un centenar de los 240 elementos totales entre fábricas, cortijos y otros espacios arquitectónicos en la agricultura. Según uno de los redactores de este plan, profesor de Arquitectura en la Universidad de Granada, y miembro de VegaEduca, Gabriel Fernández, "remiten a la arquitectura de lo ligero, lo transparente y al reciclaje de materiales, y a modelos de arquitecturas eficaces y sostenibles por los materiales con los que están hechos. Surgen con la implantación del cultivo del tabaco que viene aparejado al decaimiento, en 1930, de la remolacha en la Vega de Granada y el consiguiente cierre de las industrias azucareras desde los años 40 del siglo XX. Sin embargo, y pese a que la Vega era un sitio muy prolífico para el cultivo de esta planta, los efectos sobre la economía de la zona, aunque importantes, no serán nunca comparables a los de la remolacha".

Secadero de Pinos Puente. Foto: Luis F. Ruiz

Secadero de Pinos Puente. Foto: Luis F. Ruiz

De las 26.904 parcelas que hay distribuidas por la Vega de Granada, tal y como muestran los datos del Potaug, el 60% estaba destinado al cultivo de tabaco entre 2005 y 2009, es decir, 16.142 fincas se dedicaban a ello. "La inmensa mayoría de los secaderos son de propiedad privada y algunos, pocos, pertenecen a la administración local. Hay algunos que incluso se han convertido a un uso cultural, como es el caso de uno en Belicena. Pero el interés de estos elementos se encuentra tanto en la consideración de los diferentes sistemas constructivos empleados para su ejecución, como en la capacidad de caracterización paisajística con que cuentan en la percepción de la identidad de la Vega de Granada", indica Fernández.

En cuanto a las dimensiones de los secaderos, van en función del objetivo que cumplan, así como la puesta y retirada de ese material dentro, ya que al principio no estaban mecanizados -sí ya al final de su época-. La media longitudinal es la que menos importa, la más restrictiva es la anchura. "Lo más frecuentes en la Vega de Granada son piezas longitudinales de una sola planta de puntal alto -para colgar la planta que llega a adquirir gran altura-, con cubiertas para resguardar al tabaco de la intemperie, y que presentan cierres verticales perforados para facilitar la ventilación. Más escasas son las sofisticadas naves de secado por calor para una variedad del tabaco rubio, conocidas como checas y que están dotadas de calderas y chimeneas para la expulsión del vapor originado durante el proceso de secado", explica el profesor de la UGR.

Su protección

Pero la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE) y el establecimiento de políticas agrarias comunes obligan al abandono progresivo de cultivos como el tabaco -incentivado por el Estado hasta los 80-, ya que a partir de ese momento se produce una reducción de las subvenciones a la agricultura. "La producción de tabaco cae a partir de las restricciones con esta planta, del encarecimiento de los precios, la importación de tabaco de otros países y la competencia. Lo que hace que, irremediablemente, también las estructuras que hasta entonces habían estado destinadas al secado de esta planta, caigan en desuso. Momento en el que se buscan alternativas de uso para los secaderos", señalada el académico.

De 2005 a 2009, la superficie dedicada a la plantación de tabaco se redujo a la mitad, pasando de las 1.143 hectáreas cultivadas a las 529. Y tanto los costes -directos e indirectos- como el precio de la semilla subieron, situándose los primeros, en 2009, en 13.362 euros por hectárea -2005, 11.577-; mientras que el precio por cada cien kilogramos aumentó de los 53 euros a los 64.

En este sentido, Fernández asegura que ningún Ayuntamiento se ha encargado de "proteger especialmente" los secaderos. "Quien tiene un secadero, sin una norma que lo proteja, lo puede destruir, demoler, reformar y cambiar su fisionomía completa. Cosa que, por otra parte, no suele ocurrir porque la gente es más sensata de lo que creemos y ve el valor que tienen estos elementos", añade.

Unas armaduras, las que han sido capaces de resistir la decadencia de la producción del tabaco y el crecimiento urbanístico de los pueblos en los que se encuentran, que demandan y suplican su protección. Testigos silenciosos del paso de un tiempo en el que fueron la principal vía de subsistencia de muchas familias granadinas.

"En mi opinión, son parte de la historia cercana de la Vega, algunos de ellos tienen incluso un valor arquitectónico, son auténticas preciosidades arquitectónicamente hablando y, además, como son contenedores, es decir, espacios amplios en los que caben cualquier tipo de uso -residencial, cultural, hostelero-, deberían de conservarse", precisa Fernández al tiempo que resalta la utilidad que los propietarios dan, "legítimamente", como almacén de aperos agrícolas. "El uso agrícola debería prevalecer en la mayoría de ellos, lo que ocurre es que el uso primero ya no cabe porque el cultivo de tabaco ya no es posible, pero sí es cierto que habría que buscarle otro uso vinculado con la agricultura que no perturbara la imagen que tiene ese elemento", insiste el experto.

Porque, aunque el paisaje de la Vega ya no seque tabaco, sí mantiene en pie y a la vista de todos, en mitad de la frondosidad de los bosques de chopos o como un remanso en el centro de la nada, esos casi edificios, iconos y referentes de una comarca que hoy intenta resistir a los deseos de quien siempre quiere más.

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