lunes 22 abril
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La influencia norteafricana y asiática en Granada desde época romana hasta la expulsión de los moriscos

Un investigador de la UGR participa en la reconstrucción de la Historia Genética de la Península Ibérica, que entre otros refleja que la población vasca actual presenta una genética típica de la Iberia de la Edad del Hierro

Imagen de la mandíbula de Carigüela, uno de los elementos más destacados en esta investigación, datada genéticamente entre unos 8000 y 5500 BCE. Se trata del resto humano más al sur de la península con datos genéticos. Foto: UGR

Un estudio internacional coliderado por Íñigo Olalde y David Reich (Universidad de Harvard, Estados Unidos) y Carles Lalueza-Fox (Consejo Superior de Investigaciones Cientíticas -CSIC, Barcelona) y en el que ha participado el profesor del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada Juan Manuel Jiménez Arenas, ha elaborado un mapa genético de la Península Ibérica que abarca los últimos 8.000 años.

El estudio ha analizado los genomas de 271 habitantes de la Península de diferentes épocas históricas y los ha contrastado con los datos recogidos en estudios previos de otros 1.107 individuos antiguos y de 2.862 modernos. ha informado la Universidad de Granada en una nota.

El Museo Arqueológico de Granada, cuyo director, Isidro Toro Moyano, también participa en este estudio, alberga 42 de los nuevos individuos incluidos en esta investigación. Los resultados muestran una imagen inédita hasta el momento de la transformación de la población ibérica a lo largo de las diferentes etapas históricas y prehistóricas.

Tras la expansión de los primeros humanos modernos por la Península Ibérica, hace más de 40.000 años, el primer gran cambio genético y poblacional se produjo con la llegada de la economía de producción.

En la cueva de la Carigüela (Píñar, Granada) se ha secuenciado el genoma de un individuo cuyo haplotipo (variante) presenta un claro sustrato de las poblaciones de recolectores-cazadores (Epipaleolíticos).

Sin embargo, en esta cueva no se han encontrado evidencias materiales de este periodo cultural (Epipaleolítico). Esto abre nuevas perspectivas en la investigación puesto que podría ser indicio de que individuos o grupos ancestrales adoptaron y se adaptaron a las novedades culturales y sociales del Neolítico.

La llegada de grupos descendientes de pastores de las estepas de Europa del Este hace entre 4.000 y 4.500 años supuso el reemplazo de aproximadamente el 40% de la población local y de casi el 100% de los hombres.

“Los resultados genéticos son muy claros en este aspecto. De forma progresiva durante una etapa que pudo durar unos 400 años, los linajes del cromosoma Y presentes hasta entonces en la Iberia de la Edad del Cobre fueron casi totalmente sustituidos por un linaje, R1b-M262, de ascendencia esteparia”, explica el investigador del CSIC Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra).

Sin embargo, el Sur de la Península Ibérica nos reservó una sorpresa. Fue la región menos afectada por este avance de hombres esteparios. De hecho, una característica que muestra el registro arqueológico es que muchos individuos de la Edad del Bronce se entierran en megalitos (sepulcros típicos de la Edad del Cobre).

Un ejemplo lo tenemos en Panoría (Darro, Granada) que excava el equipo dirigido por Gonzalo Aranda y Margarita Sánchez Romero, ambos del departamento de Prehistoria y Arqueología de la UGR.

Otra de las principales conclusiones del estudio es que la genética de los vascos actuales apenas ha cambiado desde la Edad del Hierro (hace unos 3.000 años).

Al contrario de lo que apuntan algunas teorías que situaban a los vascos como los descendientes de cazadores mesolíticos o de los primeros agricultores que vivieron en la península Ibérica, los resultados de este trabajo muestran que la influencia genética de las estepas también llegó al País Vasco (de hecho tienen una de las frecuencias más altas del cromosoma Y R1b). En cambio, apenas tienen influencias de migraciones posteriores como los romanos, los griegos o los musulmanes, de las que quedaron aislados.

La distribución de la corriente genética desde África hacia la Península es mucho más antigua de lo documentado hasta el momento. El estudio documenta la presencia en el centro de la península Ibérica, en el yacimiento de Camino de las Yeseras (Madrid) de un individuo procedente del norte de África que vivió hace unos 4.000 años, así como de un nieto de emigrante africano en el yacimiento gaditano de la Loma del Puerco.

Ambos individuos portaban considerables proporciones de ancestralidad subsahariana. Sin embargo, se trata de contactos esporádicos que dejaron poca huella genética en las poblaciones ibéricas de la Edad del Cobre y del Bronce.

Además, los resultados indican que hubo flujo génico norteafricano en el sureste de la Península en época púnica y romana, mucho antes de la llegada de los musulmanes a la Península en el siglo VIII.

Romanos, fenicios, ¿visigodos? y musulmanes

El análisis del mapa genético muestra profundas modificaciones de población en la península Ibérica en períodos históricos más recientes. El Mar Mediterráneo se convirtió, más que nunca, en “la bañera de Ulises”. Un elemento geográfico y cultural que conectó a poblaciones anteriormente aisladas.

Esto provocó un flujo poblacional sin precedentes que cambió de manera importante la estructura genética de la Península Ibérica. Primero fueron fenicios y griegos, con posterioridad púnicos (cartagineses) y otras poblaciones norteafricanas. La precisión de los análisis genéticos es tal que en la Necrópolis de la Plaza Einstein, en Granada, se ha constatado la presencia de dos hermanos.

Los yacimientos granadinos de época romana indican el gran peso de la ancestralidad norteafricana y, en menor medida, oriental. El colapso del Imperio Romano no supuso, al contrario que otros lugares como el noreste (la actual Cataluña), un reemplazo importante de la población.

Por el contrario, los resultados de este trabajo cuestionan el papel de las “migraciones (invasiones) bárbaras” y ponen de manifiesto la continuidad de población de sustrato norteafricano y la aparición de individuos de origen anatólico (actual Turquía).

Esto último se debió, seguramente, a un episodio histórico poco conocido: la Recuperatio Imperii. Una empresa promovida por el emperador Justiniano I, en el siglo VI d.C., para recuperar los territorios ocupados por las poblaciones centroeuropeas. Las tropas del prefecto Liberio ocuparon solo una pequeña franja del sur de Hispania, hasta Cartago Nova.

La llegada de poblaciones islámicas, en el 711 d.C., provocó la difuminación del componente anatólico y el aporte norteafricano y oriental. Efectivamente, a lo largo de 900 años, la población del sur de la Península Ibérica muestra una clara raigambre norteafricana que se mantuvo hasta la expulsión definitiva de los moriscos en 1609.

Pero el Reino de Granada también se nutrió de población subsahariana, como lo demuestran dos individuos enterrados en la Necrópolis de Torna Alta (Alquería de Mondújar, Valle de Lecrín) y consta en los libros de apeo y repartimiento de diferentes localidades de la provincia de Granada.

Esta investigación, al extenderse a épocas históricas más recientes, ha puesto de manifiesto la correspondencia entre las evidencias genéticas y las fuentes escritas. No obstante, aún queda camino por recorrer y muchas incógnitas por resolver.

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