lunes 16 mayo
ASCENSO DEL COVIRAN GRANADA | PERFIL  |   | Juanjo Martín

Bajo el estigma de ser granadino

Pablo Pin ha sido objeto de críticas habituales por parte de la grada pese a haber llevado a la Fundación CB Granada de Primera Nacional a la ACB en una década

Pin celebra el ascenso con sus jugadores en el vestuario. Foto: Álex Cámara

La figura de un entrenador granadino al frente del principal club de la canasta en la ciudad de la Alhambra ha sido una imagen repetida en el tiempo. Antonio Gómez Nieto, Sergio Valdeolmillos, Curro Segura o Miguel Ángel Zapata fueron los últimos ejemplos en el extinto CB Granada y todos, especialmente los dos primeros, pueden hablar de la enorme complejidad que entraña el reto de ser profeta en su tierra. Un desafío que bien conoce Pablo Pin, acostumbrado a las críticas por parte de la afición durante los últimos años.

Tradicionalmente, la grada no traslada ningún sentimiento especial de favor hacia los técnicos de la tierra. Dentro de su soberanía, censura sin tapujos cuando no está de acuerdo con la propuesta táctica. Eso sí, lejos de mirar con buenos ojos al inquilino en el banquillo por ser paisano, algunos no dudan en mostrarse especialmente crueles en cuanto los resultados no son los esperados. De ahí que Pin haya vivido en las últimas campañas momentos de tensión elevada. 

Cuando el técnico asumió las riendas deportivas de la Fundación CB Granada en 2012 la presión era inexistente. La desaparición del ‘Cebé’ había dejado un hueco imposible de rellenar, pues la nueva entidad empezó a competir en Primera Nacional. Esta categoría de rango autonómico –pese a lo que da a indicar el nombre– se vislumbraba como una lúgubre catacumba al tener reciente el recuerdo de la élite. El retorno a la ACB era una quimera, por lo que cualquier avance mínimo era celebrado.

El ‘problema’ fue que esos pasos dados por la Fundación no fueron pequeños, sino gigantes. A la primera ascendieron a Liga EBA y, dos temporadas después, ya estaban en LEB Plata disputando de nuevo sus partidos como local en el Palacio de los Deportes. La afición, conformada entonces por los centenares de incondicionales que llenaban el pabellón Veleta, volvió a engancharse de manera masiva. En ese momento crecieron las expectativas sobre un club que siempre ha llevado la humildad por bandera.

Pin ha conseguido cuatro ascensos con el equipo rojinegro. Foto: Álex Cámara

Punto de mira

A las primeras de cambio, Pablo Pin fue colocado en el punto de mira y señalado como responsable de que el ya denominado Covirán Granada no rindiera aún mejor. Sobre todo cuando por nivel de juego y presupuesto se ponía a la escuadra nazarí como favorita a estar arriba. Especialmente duro fue el revés sufrido en 2017 frente a Zornotza, en las semifinales de ascenso a LEB Oro. El aluvión de críticas provocó que el técnico borrara su cuenta de Twitter e incluso planteó su dimisión a una directiva que prefirió que se enfriaran los ánimos antes de tomar cualquier decisión.

Esa tregua dio sus frutos al curso siguiente, cuando se alcanzó la segunda categoría nacional tras un sensacional desempeño del equipo. Aun así, la tensión de un sector de la grada no se disipó y resurgió en la campaña 19/20, cuando la errática trayectoria del Covirán Granada puso en peligro la continuidad en Oro. La interrupción de la Liga a causa de la pandemia fue bienvenida por el equipo, que deslumbró en su año de debut en la  categoría –a un partido de la Final Four de ascenso a la ACB– y que en ese instante caía en barrena plana.

Los censores de Pin tenían leña y combustible de sobra que echar a la hoguera en la que colocaban a menudo al técnico, aunque tuvieron que apagar la cerilla en la temporada 20/21. El Covirán enderezó su rumbo y se estableció entre los mejores de la Liga, rozando el ascenso en una final en el Palacio que se anotó el Breogán. El murmullo no desapareció por completo, pero quedó bastante mitigado. 

En este curso, la escuadra rojinegra ha conservado esa línea de excelencia y ha estado siempre instalada en la zona alta, pese al favoritismo incontestable del Movistar Estudiantes. Aun así, derrotas inesperadas como ante Cáceres en el Palacio o la más reciente en la pista del Juaristi han mantenido cierta cantidad de decibelios en contra de la labor de Pablo Pin. Estas voces no callarán nunca, ni siquiera tras el ascenso a la ACB brillantemente conquistado por el Covirán. Es el estigma de ser granadino y estar al frente del banquillo nazarí, con independencia de llevar una década al frente del equipo o haber liderado la gesta de retornar a la élite en un periplo con algunas sombras, ciertamente, pero multitud de luces.

Publicidad

Comentarios

 

©Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta noticia sin autorización expresa de la dirección de ahoraGranada
Publicidad
DÍA A DÍA
Desarrollado por Neobrand