miércoles 12 agosto
Opinión  |   |

Debacle

Creo que este término define el resultado electoral obtenido por el espacio político que representa Unidas Podemos y/o sus confluencias (UP) en las pasadas elecciones en Galicia y País Vasco. Sin duda un fracaso indisimulable. Por supuesto una gran alegría para quienes desde sus inicios intentaron frenar y arrinconar al movimiento emergente y arrollador surgido en 2014 y que tantas cosas ha contribuido y está contribuyendo a cambiar en la política española. Pero un varapalo para quienes han creído o siguen creyendo en la necesidad del proyecto de cambio que nació a partir de las inquietudes y los valores del 15M.

Muchas y variadas valoraciones se han realizado en estos días sobre esta cuestión. Por ello no resulta fácil hacer una aportación original y menos aún hacerla desde el interior e intentando mantener una cierta lucidez e independencia por encima de la pasión que conlleva formar parte del proyecto.

No creo que este frustrante resultado sea extrapolable al resto de territorios del Estado y menos aún al proyecto global. Se ha producido en un momento y en unas circunstancias extraordinarias, tras varios meses de confinamiento, en pleno proceso de “normalización”, con rebrotes del virus y con una enorme alarma por los daños económicos y sociales que ya se comienzan a sentir de forma muy amplia. Aunque esto no impida reconocer que este espacio político no ha dejado de perder votos de forma ininterrumpida desde 2016. Aunque más a nivel autonómico y municipal que en las elecciones generales. Lo que ha permitido formar parte activa y determinante en el primer gobierno de coalición y por tanto ser una fuerza determinante en la gobernanza del Estado.

Parece que en estas elecciones no se ha castigado la gestión del gobierno central, dado que el PSOE no ha sufrido desgaste, aunque tampoco mejora sus ya discretos resultados en ambas comunidades Tampoco se ha producido un trasvase electoral entre los dos socios de gobierno. Los votos que pierde el espacio de UP se han ido prácticamente en su totalidad a las dos fuerzas nacionalistas en ambos territorios, BNG y Bildu. J.C. Monedero decía en un tuit que ambos partidos se habían “podemizado”. Lo que a sensu contrario significaría que UP se ha despodemizado. Creo que tiene parte de razón. Ambos partidos han apoyado, de una u otra forma, al gobierno de coalición y su agenda social. Y en los últimos años sus discursos se han centrado mucho más en esos aspectos sociales que en los identitarios.

El resultado por tanto es, a mi juicio, que el espacio electoral a favor de esas políticas progresistas no se ha reducido en esos territorios sino que se mantiene aunque se escora hacia el independentismo, lo que perjudica sin duda la construcción de un proyecto político federal para una España plurinacional pero unida. Quizás el trasvase de votos haya de buscarse más en otros aspectos diferenciadores como el hecho de que ambos partidos nacionalistas tienen una consolidación organizativa y una amplia presencia en los municipios, algo de lo que claramente carece el espacio de UP.

Es muy cierto que Podemos y sus líderes han sufrido ataques sistemáticos brutales desde determinados poderes mediáticos, económicos y políticos con el objetivo de desacreditarlos. Y que de forma desproporcionada han hecho mella en su imagen y ante el electorado. Pero sería absurdo olvidar los errores propios que han podido generar un desgaste extra y que deben ser analizados y corregidos. Algunos de ellos estoy seguro que son percibidos por mucha gente como un distanciamiento de los valores que estuvieron en la base del 15M.

Las divisiones internas, mal gestionadas e incluso expuestas a la luz pública como verdaderos enfrentamientos descarnados, nunca son perdonadas por el electorado que reclama proyectos políticos claros y solventes. La inevitable pluralidad interna, propia de los movimientos progresistas, debe ser resuelta internamente de forma satisfactoria, integrada en positivo, de forma generosa y leal.

Hay muchas cosas que mejorar. Se necesitan dirigentes que sean conocidos por su trabajo pegado al terreno, en las comunidades autónomas y en los municipios. Se precisa estabilidad en la estructura organizativa interna. Formación de cuadros. Capacidad para atraer talento y dar salida creativa a la diversidad que enriquece. Federalizar la estructura del partido de forma coherente con la propuesta política que se defiende para el Estado. Apostar decididamente por el municipalismo. Formar cuadros intermedios. Potenciar el talento por encima de la fidelidad acrítica. Apostar por la coralidad en las portavocías. Mejorar la separación entre cargos orgánicos e institucionales. Limitar la acumulación de cargos. Generar más amplios mecanismos de participación interna…

En definitiva pensar lo que la sociedad española, la gente normal, espera de nosotros, de nuestro programa y de nuestras actitudes. Ser capaces de mantener un equilibrio dinámico entre la ambición por cambiar las cosas y la solvencia en nuestro trabajo y nuestras propuestas. Sin complejos. Para recuperar el orgullo de ser diferentes. Desde el máximo respeto a los demás.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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