miércoles 13 noviembre
Opinión  |   |

¿Socio preferente?

Pasó Pedro Sánchez toda la campaña electoral haciendo halagos del compromiso y cooperación de Podemos durante sus meses de gobierno, al que accedió tras la moción de censura contra Rajoy, quien precisamente había accedido a la presidencia gracias a la abstención de buena parte de los parlamentarios del PSOE, tras la laminación del propio Pedro Sánchez de la Secretaría General del partido, promovida por Susana Díaz y el sector social-liberal de su partido.

No se puede olvidar que aquella moción de censura, que encumbró a Sánchez, fue promovida y trabajada con ahínco por Pablo Iglesias. Nunca el PSOE mostró convencimiento alguno en que pudiera salir adelante. Fue Iglesias quien se la echó a las espaldas con el objetivo de poner fin a un gobierno y a un ciclo político caracterizado por la corrupción y los recortes en derechos sociales y en libertades. Pablo Iglesias era plenamente consciente de que el mayor beneficiado de aquella moción de censura sería el PSOE y así lo reconoció en público. Pero aún así nunca pidió cargos ni nada a cambio, aunque estaba legitimado para hacerlo, por su esfuerzo y por sus votos, pocos menos que los que entonces tenía el PSOE.

Durante sus meses de gobierno, Podemos y Pablo Iglesias le han dado su apoyo, limitándose a negociar, acuerdo tras acuerdo, una serie de medidas concretas que afectaban a los derechos de la gente. El más llamativo fue la espectacular subida del SMI hasta los 900 euros. Algo impensable sin la fuerza y el empeño de Podemos. Una medida muy atacada desde los poderes económicos más conservadores porque pero que en los meses de su vigencia no sólo se ha demostrado que no ha dañado a la economía sino que por el contrario ésta sigue creciendo incluso por encima de la media europea, como acaba de reconocer la propia Comisión Europea.

Tanto en campaña como después de las elecciones del 28-A, Pedro Sánchez insistió en que Podemos sería su socio preferente. Pero sin embargo eso no se ha plasmado en decisiones concretas, más bien al contrario, da la impresión de que su único deseo es contar para su investidura con los votos de los 42 diputados de Podemos, pero gratis, sin nada a cambio. Muchos tiras y aflojas y guiños para la galería. Más marketing que propuestas concretas. Guiños por cierto a un lado y a otro del espectro político, como si le diera igual quién le facilite su acceso a la presidencia del gobierno y amenazando con nuevas elecciones, que piensa le favorecerían.

En una columna anterior manifesté mi convencimiento de que Podemos no entraría en el gobierno. Recordé los comentarios del propio Pedro Sánchez a Jordi Évole en aquella histórica entrevista en la que reconoció las presiones de los poderes fácticos, económicos y mediáticos, para que no pactara con Podemos. Dudo mucho que esas presiones se hayan desvanecido. Al contrario, cada vez son menos disimuladas.

También expresé mi temor a que de forma interesada ciertos medios de comunicación mostraran a Pablo Iglesias como una persona obsesionada por coger un sillón ministerial. Dicho comentario me valió una buena reprimenda de un amigo. Yo defiendo la legitimidad de Pablo Iglesias y Podemos de reclamar su participación en un futuro gobierno de coalición. Porque es democrático, porque es lo justo, porque es lo normal no solo en toda Europa sino también en España, como sucede en las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos. Lo que no es normal es que un partido con 123 diputados se mueva como si tuviese mayoría absoluta. Tsipras y Syriza en Grecia, con el 31,5% de los votos, se valora como una catástrofe mientras Sánchez y el PSOE, con el 28%, se mueven como si tuvieran mayoría aplastante.

Han pasado los meses y las negociaciones para la investidura parece que fuesen hacia atrás. Da la impresión de que PSOE y Podemos están ahora más lejos que hace dos meses. Es evidente que las propuestas que ahora hace el PSOE están muy por debajo de lo que ya había pactado con Podemos para el presupuesto de 2019. Haría mal el PSOE en olvidarse de que buena parte del voto que recibió el 28A se debió al voto útil al que apeló durante la campaña y al temor del electorado por la irrupción de la extrema derecha. Como tampoco debe olvidar los gritos de sus simpatizantes en la noche electoral clamando “con Rivera no”.

Leía hoy un artículo de Francisco Cervera titulado “El neoliberalismo progresista del PSOE” en el que analiza la posición de Sánchez y afirma que “este partido ha decidido rellenar el espacio que ha dejado Ciudadanos en el centro”. Y señala que los “indicios parecen mostrar que el PSOE quiere mantenerse fuerte en el extremo-centro y con ese fin ha virado el discurso. Ya no habla de derogar la reforma laboral, ni siquiera de revertir aquellas partes más lesivas… Las pensiones están garantizadas, pero sólo para los actuales pensionistas, los futuros veremos lo que pasa”.

Encuadra el autor este giro dentro del marco de lo que la estadounidense Nancy Fraser ha denominado “Neoliberalismo Progresista” que no sería otra cosa que la evolución de la socialdemocracia desde el keynesianismo hacia la Tercera Vía auspiciada por Tony Blair.

Por tanto Pablo Iglesias hace muy bien en reclamar la participación de Podemos en el futuro gobierno y hacerlo en la proporción de sus votos, porque sería la única garantía de que se cumple lo pactado y que se continúa en la línea progresista emprendida en los meses de gobierno ahora saliente.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos Granada

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