viernes 30 octubre
La Capital  |   | Luis F. Ruiz

Una noche con el Dauro 30, el grupo que vigila cuando Granada duerme

En solo un turno, este subgrupo de agentes de la Policía Local de Granada impuso del sábado al domingo 25 multas por botellón, denunció dos viviendas por fiestas o multó a una tienda por vender alcohol

Mientras el resto de la ciudad duerme, la Policía Local de Granada es uno de esos servicios que se encarga por velar de que Granada pueda descansar tranquila. Sin embargo, los nuevos horarios generados por la crisis sanitaria, el regreso de los estudiantes universitarios a las aulas y el cierre de pubs y locales de ocio se han empecinado en romper con la calma.

Con la finalidad de mantenerla casi a raja tabla el cumplimiento, sobre todo de la ordenanza de la convivencia, los agentes municipales se dividen en varios grupos, uno de ellos es el Dauro, grupos de apoyo cuyas funciones son amplias, aunque fundamentalmente van dirigidos a grandes concentraciones de personas o situaciones en las que una patrulla de dos agentes necesita refuerzos.

Con la intención de conocer cómo es una de esas noches en el GAP, ahoraGranada pasó la madrugada de este sábado con el Dauro 30, uno de los cinco subgrupos en los que se divide este sector policial, compuesto en este turno por tres agentes con múltiples funciones y focalizados estos fines de semana en los botellones y los ruidos y fiestas en los pisos.

El control de las terrazas, la limitación de espacios, cumplimiento de distancias o el horario de cierre es una de las tareas en las que más tiempo emplean en estas últimas semanas. Además, este fin de semana ha entrado ya en vigor el horario nuevo de invierno, por lo que estas deben permanecer clausuradas en la medianoche.

La ruta del Dauro 30 les lleva a varios puntos, fundamentalmente del Centro, donde por ejemplo en una terraza no se guardan las distancias de seguridad y hay grupos de más de diez personas en alguna de ellas. Los agentes apoyan a una patrulla, quien junto a un policía de Medio Ambiente levantan acta de lo sucedido para proponer una sanción.

Es justo cuando se cierran los establecimientos hosteleros y de ocio cuando surge uno de los momentos de mayor intensidad, tanto en los requerimientos como de gente en la calle: "Ahora se van todos a comprar bebidas para seguir la fiesta en los pisos", comenta uno de los agentes.

Y es ahí donde entra en escena otra de las funciones de este grupo, vigilar que las tiendas pequeñas de alimentación no vendan alcohol más tarde de las 22.00 horas, la hora máxima permitida. En la calle San Matías, un joven bebe cerveza en plena calle cuando ya se ha superado con creces esa franja horaria. Los agentes lo multan a él y al establecimiento en el que la ha comprado, que está justo al lado.

Alguna de los momentos del servicio de la Policía Local

Fiestas de pisos, el 80% abre

Las fiestas de jóvenes y concentración de personas en los pisos también ha incrementado el número de requerimientos a la Policía Local de Granada estas semanas, hasta el punto de que hay momentos que la central y los propios policías se ven literalmente desbordados ante más de 200 llamadas en noches como las del pasado viernes o el sábado.

El grupo Dauro 30 acudió a varios puntos en ese sentido, uno de ellos en la zona de la calle Elvira, en donde en un domicilio particular, justo antes de que lleguen los agentes, la música alta ya apunta cuál es el origen de las quejas vecinales. Un joven abre la puerta del domicilio y se excusa, pide disculpas. Los policías toman la documentación del principal inquilino, si bien su actitud colaboradora hará que, por ahora, este aviso solo quede en advertencia a los moradores.

No ocurre lo mismo con otro piso en Pedro Antonio de Alarcón, donde los policías ya han sido requeridos varios días en un piso en el que hay varios jóvenes. "Tengo a una niña a la que no puedo dormir", dice una vecina que justo en el momento de la llegada de los agentes también va a entrar a su bloque. La reincidencia es el motivo por el que los policías propondrán que se sancione a este piso, a pesar de que el joven que lo habita intenta, sin éxito, convencer de que tratan de no molestar.

En otro piso, situado en la calle Emperatriz Eugenia, los agentes acceden a su interior, pero cuando están en la puerta del domicilio los ruidos y la música cesan. A pesar de los intentos porque les abran, los inquilinos no lo hacen. En estos casos la Policía Local no se va de vacío, pues emitirá informe sobre lo ocurrido y que ellos escucharon ruidos al llegar.

Justo al salir a la calle, en este mismo punto, desde un cuarto piso de otro bloque se escucha cómo la música excede el volumen permitido a la hora que es (pasadas las 3 de la mañana). Con una linterna, uno de los agentes del Dauro 30 consigue captar la atención de quienes se encuentran en su interior, que apagan la música de inmediato.

La colaboración ciudadana, comentan los policías, juega un papel fundamental, pues el 80% de los pisos de los que se quejan los vecinos suelen abrir la puerta: "Es la mejor opción, si no lo hacen se exponen a una sanción sin explicarse", señala un agente.

Botellones en la vía pública... y dentro de parques

Con el cierre del botellódromo los jóvenes de Granada tuvieron que buscar alternativas legales para seguir bebiendo, pero no en la calle. Sin embargo, aún los hay que optan por seguir haciéndolo en plazas como en la Placeta de Carvajal, donde cuando llegan ya no hay nadie, o el Callejón del Jaque, donde un grupo de unas diez personas consume en plena vía pública.

En este caso los agentes ya conocen el punto y necesitan sorprender a los congregados, de modo que el furgón entra por la parte baja (Arabial) y dos policías a pie, apoyados por otra patrulla que pasa por la zona, lo hacen desde Camino de Ronda. Consiguen su propósito para poder identificar a los presentes por consumo de alcohol en la vía pública y, de paso, también multan a los coches mal estacionados sobre la cera, hasta cuatro.

Una de las últimas llamadas de la noche, conocidos como telefonemas, proceden de quienes advierten que dentro del Parque Federico García Lorca ha personas bebiendo y con música. Para ello el Dauro 30 se desplaza a inspeccionar los exteriores y corrobora de la existencia de gente en el interior.

Una patrulla les apoyará en la entrada con los vehículos desde la puerta principal. Al ver la luz, algunos de los jóvenes emprenden la huida por el lateral del parque, mientras que otros intentan hacerlo por el Camino de Purchil sin éxito. Estos últimos, una docena, son propuestos para sanción por hacer botellón y ocupar un espacio público fuera del horario permitido.

Vigilancia por cuenta propia

Pero entre las múltiples funciones que tienen estos policías de los subgrupos Dauro no solo están las habituales que podrían darse durante estos días, también están las propias que ellos desarrollan, por ejemplo, en zona Norte.

Al llegar a este punto de la ciudad y después de recorrer varias calles, una conductora les advierte de que hay otro coche que está rociando con un extintor a los vehículos que circulan en este punto. Además, una moto se salta un semáforo en presencia de los policías y un vehículo VTC, esta vez en Haza Grande, circula a gran velocidad, por lo que deciden perseguirlo y darle el alto.

Termina la noche para el Dauro 30, con 25 sanciones por botellón, dos viviendas en fiestas multadas, un establecimiento sancionado por vender alcohol fuera de horario o dos multas por no llevar mascarilla. El subgrupo cuyas tareas son múltiples no cesa el empeño de que el descanso de la ciudad se mantenga mientras (casi) todo el mundo duerme.

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