martes 19 enero
Opinión  |   |

Como te digo una “co”, te digo la “o”

Déjenme que me atreva a rescatar a un personaje del rap de Joaquín Sabina que hoy le da título a mi artículo de opinión sobre la nueva Ley de Educación. Vaya por delante la siguiente aclaración: lo bonito del sarcasmo es que unos lo entenderán a sabiendas de que otros se ofenderán. Allá voy.

“Ha llegado el momento de hablar alto y claro sobre la nueva ley educativa. Es una auténtica provocación. Con esta ley perdemos el control sobre nuestros niños (cuando digo niños, también digo niñas, vayamos a que alguien se me moleste). Ahora se entretienen en enseñarles a tomar decisiones con criterio propio. Lo llaman pensamiento crítico. ¡Qué cosas! Menuda ocurrencia hablarles a menores sobre la Constitución Española, los impuestos, los derechos, las obligaciones, la libertad, las emociones, la educación sexual o la coeducación. Así no me extraña que los niños no tengan memoria alguna. Ni la tabla se saben. En mis tiempos mozos, con tan solo doce años, tenía que saberme todas las capitales europeas, las provincias de España, ríos y afluentes incluidos. Eso sí era educación de la buena. Como te digo una “co”, te digo la “o”.

Otra de las ocurrencias de los socialistas es que todo el alumnado, indistintamente de su capacidad, país de procedencia, sexo o nivel socioeconómico, puede acceder gratis a cualquier tipo de centro mantenido con fondos públicos, o sea, a públicos y a concertados. Semejante barbaridad. Claramente perjudicará el ritmo de los que valen. La educación no debería mezclar por mucho que digan no sé qué evidencias científicas sobre que la diversidad en las aulas acelera los aprendizajes de todo tipo. En fin, ¿a dónde vamos a llegar? Quien vale, vale y quien no, a centros especializados en inmigrantes y en educación especial. Eso de la “inclusión” es una paparrucha de iluminados. Hay que dejar claro que el alumnado de los centros específicos no puede estar en un aula ordinaria. Esto no debería ser discutible.

Para colmo, el centro educativo ya no puede elegir a su alumnado. Ahora son los niños (sus familias), quienes eligen el centro al que quieren optar. Ya entiendo el motivo por el que esta ley elimina la cuota voluntaria. Esto va a permitir que cualquier niño puede acceder a cualquier centro educativo mantenido con fondos públicos. Desaparecen los centros gueto, dicen, pero a qué precio. Los resultados en la concertada van a empeorar con esta decisión de igualar a todos por abajo. Cada vez hay menos privilegios.

Y la puntilla la ponen con la eliminación del español en Cataluña. ¿Quién habla catalán por el mundo? El bilingüismo auténtico vale para buscar un porvenir. El resto de inventos son visiones románticas de culturetas. Todo lo que no sea aprender inglés, francés y chino es perder el tiempo. Y cuántas más horas mejor, que el español ya lo hablamos en la casa y con los amigos.

Los de la ONU, la OCDE y los “Fernando Simón” de la educación están claramente ideologizados. Seguro que quienes hay detrás pretenden inculcar los valores de la izquierda a través de la educación. Algo que solo pasa cuando gobiernan los socialistas. Nada de esto ha pasado ni tan siquiera con Franco. La educación tiene que ser como la Ley Wert del PP: sin ideología y yendo a lo importante. El sistema ha de darle oportunidades a quienes se esfuerzan y ponerlo difícil a quienes no. Hay que separar el grano de la paja. Como la vida misma. Los aprobados no se regalan. Para eso los padres se encargan de que sus hijos tengan el mejor portátil, la tablet más moderna y una buena calefacción para que puedan estudiar en las mejores condiciones.

La izquierda no es como la derecha. En cuanto llegan a la Moncloa cambian las cosas de manera caprichosa. Ya podrían aprender de Aznar o de Rajoy, sin duda, dos grandes ejemplos de lo que significa el diálogo y el consenso. Este gobierno no ha escuchado a la ciudadanía. Si se sentara con mis cuñados o con mis amigos que ni son de derechas, ni de izquierdas; ni machistas, ni feministas. Si hubiera prestado atención a las aportaciones de partidos políticos tan diferentes como Ciudadanos, VOX y PP, o leído esos magníficos hilos en Twitter de gente apolítica, pero con mucho sentido común, seguro que esta ley sería otra. Sea como fuere, en mi caso, las aportaciones no han caído en saco roto. Tanto es así, que he podido escribir este artículo de opinión sin haberme leído la LOMLOE”.

Termino, ahora sin ironía ni sarcasmo, con Michel de Montaigne: “Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis".

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Columnista
Jacobo Calvo

Secretario de Organización del PSOE de Granada capital y docente

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