viernes 21 febrero
Opinión  |   |

Deprisa, deprisa

Ya tenemos gobierno. Después de unos muy largos meses de calma chicha, dimes y diretes, muchas incertidumbres y algunos cambios drásticos de posiciones, por fin hay gobierno. En estos últimos días todo ha sido volar. Tras la lentitud el vértigo. Estridente fue la sesión de investidura y ruidosa comienza la legislatura.

Apenas días tras la toma de posesión y ni un minuto de tregua. Palo y tentetieso. Los otrora cien días de cortesía se antojan una eternidad en estos tiempos de acelerada negatividad.

Por primera vez en el gobierno central una coalición de partidos. Aquí se está presentando como comprometido lo que en Europa es habitual. Incluso en España lo es a nivel autonómico o local. Esta paradoja solo se puede entender a partir del sistema de turnismo implantado a partir de 1978, favorecido por una legislación electoral cuyos beneficiarios nunca quisieron modificar.

No ha sido fácil la investidura. Tampoco lo será el gobierno. Pero no cabía otra. Esto o la repetición de elecciones hasta que venciese la derecha o ésta acabase por facilitar un gobierno en solitario del PSOE, tal y como Pedro Sánchez casi suplicó entre abril y noviembre, antes de su enésimo giro copernicano.

Que el nuevo Gobierno dependa de la abstención de ERC es un serio problema, ahora y para la estabilidad posterior. De eso no cabe duda. Por el alto nivel de agitación y con unas elecciones en Cataluña a la vuelta de la esquina en las que compite electoralmente con JxCat por la hegemonía en el independentismo.

Pero la deriva reaccionaria y crispadora de la derecha española, en la que Vox está marcando el debate y el PP no sabe si competir en ese escenario o mirar al centro, habiendo optado en este momento por lo primero, tampoco ayudan a un debate sereno ni a la posibilidad de un mínimo diálogo que permita tomar al menos las decisiones institucionales mínimas como la renovación del Consejo General del Poder Judicial o la RTVE, por poner solo dos ejemplos. La guerra es total y en todos los frentes, y llevarla a las instituciones del Estado solo contribuye a debilitarlas aún más.

Precisamente este ataque visceral al reciente gobierno por parte de la derecha pueda producir justo el resultado inverso a lo pretendido y en vez de debilitarlo contribuya a su mayor cohesión y durabilidad. El tiempo dirá. Personalmente deseo que el gobierno perdure y realice muchas de las políticas que opino España y los españoles necesitamos. Básicamente más democracia y menos desigualdad. Y entiendo que a ambos socios, PSOE y Unidas Podemos, les interesa que la experiencia salga bien, entre otras cosas porque el electorado se lo agradecerá a los dos y porque su fracaso solo facilitará que venga un gobierno de la derecha radicalizada.

Mi pertenencia a un partido no significa que renuncie a mi independencia de criterio. Como tampoco mi deseo de éxito para este gobierno impide que pueda ser crítico con aquellas medidas que no comparta. Precisamente Pablo Iglesias en su discurso de toma de posesión llamaba a la ciudadanía a ser crítica y exigente con el nuevo gobierno. Sólo así se evita que los gobernantes se duerman en los laureles y el olor a moqueta los paralice y se olviden de la gente de a pie.

Considero una contradicción la designación de la ministra Delgado como nueva Fiscal General del Estado. En el fondo y en la forma. Es cierto que la propia Constitución (art. 124.4) asigna al gobierno la potestad de designar ese cargo, pero también lo es que el Estatuto del Ministerio Fiscal (art. 7) exige imparcialidad, objetividad e independencia. Incluso se anunció su nombramiento antes de que los ministros tomasen posesión. Y como dice el refrán “bien está lo que bien parece”. No obstante será con sus actuaciones como Dolores Delgado se gane la legitimidad de ejercicio. Las desaforadas críticas de la derecha carecen de credibilidad dada la trayectoria de intromisión en la Justicia por parte del PP, incluida no solo la designación de Fiscal General del Estado sino también el CGPJ, el Tribunal Supremo o el Constitucional.

Tampoco me ha parecido acertado que se aumenten hasta 22 los ministerios. No tanto por el coste, que también, como por la imagen que se proyecta. Me parece una frivolidad. Si el presidente ha pretendido con ello minorar la visibilidad de Unidas Podemos demuestra una falta de seguridad y constituye además una inutilidad porque con el perfil de los ministros de UP difícilmente logrará opacar su presencia.

Pero lo importante no serán estas cuestiones sino las políticas que se ejecuten. La primera medida ha sido muy positiva, la revalorización de las pensiones con el IPC. Pero esto no ha hecho más que empezar.

Ya Pablo Iglesias anunció que el gobierno no podría satisfacer las expectativas que sus propios votantes podrían tener. Se gobierna en coalición y en unas determinadas circunstancias. Pero ello no impide que se puedan hacer muchas y beneficiosas cosas para la mayoría.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos Granada

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