martes 23 julio
Opinión  |   |

¿Dueños de la información?

Los medios de comunicación en un Estado de Derecho y Democrático tienen como función principal la de informar con veracidad sobre la realidad de lo que ocurre en los distintos ámbitos y espacios donde se genera la noticia, lo que permite la formación de opinión. Sin embargo, hoy se cuestiona por la sociedad civil que determinados medios de comunicación estén cumpliendo correctamente con ese desempeño, sobre todo porque han priorizado la actividad de entretenimiento y de publicidad dada la rentabilidad económica que consiguen, relegando a un lugar secundario la función principal de informar.

Se viene observando, así mismo, que algunos medios de comunicación desarrollan lo que se conoce como variación de la “teoría hipodérmica”, es la habilidad para intervenir o manipular la información, o en su caso, ocultarla, en el objetivo de favorecer un poder más afín a los intereses de poder del medio en cuestión.

Hay que recordar que la información y la comunicación son un derecho humano reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que literalmente afirma: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, lo que implica el derecho a no ser molestado por sus opiniones y por buscar, recibir y propagar, sin consideración de fronteras, informaciones y opiniones por cualquier medio de expresión”.

Además, los medios de comunicación asumen una particular relación con los ciudadanos y la sociedad según reza en el Código Deontológico Europeo de la Profesión Periodística, que se aprobó por unanimidad mediante Resolución de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de 1 de Julio de 1993, donde se exige responsabilidad ética, pues: “la información y la comunicación revisten una gran importancia para el desarrollo de la personalidad de los ciudadanos así como para la evolución de la sociedad y la vida democrática”. Así, “las noticias son informaciones de hechos y datos…que deben realizarse con veracidad…evitando la confusión entre noticia y opinión, siendo imprescindible para la vida democrática…garantizar la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos”, bastando “señalar que sin esta participación será imposible si los ciudadanos no reciben la información oportuna sobre los asuntos públicos que necesitan y que debe ser prestada por los medios de comunicación”.

En una tribuna del diario “El País”, fechada el 28 de julio de 2011 se nos dice que: “Perder credibilidad es lo peor que le puede ocurrir a un medio de comunicación…la supervivencia del periodismo depende de la responsabilidad ética que los medios asuman respecto a los derechos de los ciudadanos a recibir una información veraz mediante una buena praxis de la profesión periodística. La ética periodística es una herramienta fundamental para la evolución de la vida democrática de cualquier sociedad”.

Dicho todo lo anterior, he presenciado, con tristeza e impotencia, el siguiente hecho: A la manifestación del 1 de Mayo asistió una representación nutrida de personas simpatizantes y candidatas a las elecciones municipales por Podemos – Izquierda Unida – Adelante, entre las que se encontraban el candidato a la Alcaldía de Granada, Antonio Cambril, y el concejal Paco Puentedura y también candidato de la citada coalición electoral. Llegado un momento se acerca un periodista de Radio Granada con la intención de entrevistar a Paco Puentedura, si bien éste, con buen criterio, le indica al periodista que entrevistara a Antonio Cambril, a lo que se negó tajante, cuando se produjeron las respetuosas y justas quejas, argumentó que él cumplía órdenes, lo que nos hace suponer que, en este caso, se ha decidido ocultar al aspirante a la Alcaldía de dicha candidatura municipal ciudadana, desinformando así a la ciudadanía.

Ese comportamiento confronta directamente con la conducta ética exigida al periodismo y al/la periodista, que debe superar los obstáculos que limitan el ejercicio de tan importante derecho fundamental, sencillamente porque ni los propietarios de los medios de comunicación, ni los periodistas, son dueños de la información. Pero, lo peor de este triste episodio, es que se vierte la injusta sospecha sobre el buen trabajo de la mayoría de los/as periodistas con este tipo de conductas opacas que abonan la desinformación cuando no la transgresión de la ética. Hay que decir, como en la política, que en periodismo no todo vale.

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Columnista
Salvador Soler

Miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos Granada

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