viernes 23 abril
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Guardianes invisibles

Ante cualquier conflicto que exija un trabajo grupal, son cuatro los ejes en los que se manifiestan los diferentes comportamientos: evasión, sumisión, competición y colaboración. Que se dé un comportamiento u otro dependerá de la cohesión del grupo y del objetivo a cumplir. Cuando el objetivo no interesa, ni la pertenencia a un grupo tampoco, huimos (todos perdemos). Cuando la pertenencia al grupo es tan prioritaria que soy capaz de renunciar a mis objetivos y escala de valores, me someto (tú ganas, yo pierdo). Cuando es el objetivo lo que me importa, pero no el grupo, compito (yo gano, tú pierdes). Si el objetivo y el grupo importan por igual, cooperamos (yo gano, tú ganas).

De acuerdo con el análisis anterior, trasladándolo al contexto político actual, hay partidos en la oposición (no hablo de Rui Rio, líder de la oposición conservadora en Portugal), cuyo afán está en competir, ergo para ganar ellos, otros tienen que perder, siendo capaces de utilizar tantas artimañas como sean necesarias para obtener su éxito a costa del coronavirus e incluso de la propia ciudadanía. El bienestar en otros, no es placer propio para ellos. No hay sentimiento de pertenencia, su patriotismo es falaz. Es el individualismo en su peor versión. Para tal fin necesitan de unos supuestos vasallos que se someten a su yugo, capaces de renunciar a sus principios éticos fundamentales, esperando algo que probablemente nunca se dará. En este sentido se atreven a fabricar bulos o replicarlos por tierra, mar y aire sin temor a la alarma social que esto pueda provocar.

El papel del mensaje en este escenario es clave. El cómo se gestione, o se manipule, hará que nuestras emociones se disparen o podamos controlarlas. Lo explica Steven Pinker en su libro “Cómo funciona la mente”: cuando la emoción decide y la razón justifica, el autocontrol desaparece. En ese caso, el cortoplacismo o la respuesta inmediata es nuestra gratificación, nuestra dosis de consuelo o de satisfacción. Es la misma satisfacción que provoca comerse un buen dulce a una persona que está llevando una dieta por prescripción médica, sin pensar en las consecuencias futuras; quizá se lo reproche, pero a lo mejor pueda ser tarde. Quienes juegan con la realidad para provocar el cortoplacismo, parecen vivir ajenos a las consecuencias futuras. Los psicólogos asocian este comportamiento a bajos niveles de inteligencia. Los competidores juegan con el miedo para provocar en la ciudadanía la necesidad de respuestas inmediatas y, por tanto, provocar que sea la emoción, y no la razón, quien decida y, así, agitar a las masas.

Quienes optan por la lealtad institucional tienen claro el objetivo: acabar con la crisis sanitaria; y también la importancia y el valor del grupo: expertos, grupos políticos y ciudadanía cohesionada para vencer al virus y afrontar con garantías la crisis socioeconómica. Son guardianes invisibles que comprenden que la situación exige cooperación y el máximo consenso para alcanzar el objetivo. Dimensionan el corto, medio y largo plazo, porque es el largo plazo el que consigue que la razón venza. Esto exige autocontrol por parte de la ciudadanía. Por seguir con el símil anterior, nos exige renunciar a un buen dulce ahora, porque así conseguiré en seis meses adecuar mi peso a unas condiciones saludables. Los hitos en el camino serán las evidencias en la bajada de peso con el menor impacto posible.

Este es justo el escenario en el que nos encontramos. La curva baja, y el impacto se intenta amortiguar con ayudas a quienes peor lo están pasando. El aquí y el ahora sin tener puestas las luces largas, en este contexto, es un mal compañero de viaje. Esta debilidad nos convierte en presa fácil para los competidores, fabricadores de bulos y magos del miedo que quieren que sea tu emoción, y no tu razón, la que decida.

Aplaudo a esas guardianas y esos guardianes invisibles que hacen una oposición leal en sus ayuntamientos, en las diputaciones, en las comunidades autónomas y en el gobierno de España. A quienes dan un paso hacia adelante para dejar de ser competidores y ser colaboradores. La fórmula es muy sencilla, se trata de estar en contacto con la realidad detectando necesidades y trasladarlas a quienes están gobernando en las diferentes administraciones. Exige una actitud propositiva, generosa e imprescindible para encontrar soluciones factibles a cada situación. Nuestro futuro dependerá de lo que hoy hagamos.

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Columnista
Jacobo Calvo

Secretario de Organización del PSOE de Granada capital y docente

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