viernes 19 julio
Opinión  |   |

Incógnitas, indignidades e infamias

Durante años se había extendido la idea de que la política no interesaba a la mayoría de la gente. Es cierto también que en los últimos cinco años, sobre todo a raíz del 15M, se había evidenciado una cierta repolitización de la sociedad y que la política había vuelto a interesar a un sector más amplio de la población, aunque siempre minoritario. No obstante se daba también por innegable que la tendencia conducía de nuevo hacia el distanciamiento y la desafección respecto de la política.

Paradójicamente los datos de audiencia de los debates televisivos con motivo de las elecciones generales han venido a demostrar lo contrario. En torno a nueve millones de telespectadores siguieron ambos debates, alcanzando altísimos porcentajes de audiencia (48%).

Los cambios políticos vertiginosos que estamos viviendo no son exclusivos de España, aunque muestren especificidades propias. También parece muy probable que esa dinámica de cambios se mantenga en el tiempo. Se habla de la volatilidad del voto, que varía de forma sensible en un corto espacio de tiempo y por causas muy puntuales.

Pero que haya habido un amplio seguimiento de los debates o que la política interese a más gente no implica que el nivel de la discusión política muestre una altura acorde con esas expectativas. En mi opinión ambos debates fueron decepcionantes. Los candidatos actuaron demasiado encorsetados en los argumentarios predefinidos por sus asesores de imagen, con mensajes simplistas (para tratar temas muy complejos) y en muchas ocasiones contradictorios (bajar impuestos y mejorar inversiones, prestaciones y servicios públicos) tratando de contentar a todo el mundo, mostrando en ocasiones altos niveles de mala educación y falta de respeto entre sí o con abuso de gestos para la galería, buscando más el efectismo que el convencimiento…

Muchos medios de comunicación han mostrado el número tan elevado de mentiras, falsedades y manipulaciones que sin rubor alguno fueron capaces de lanzar como verdades incontestables algunos de los candidatos. Es cierto que unos más que otros. De forma que si los telespectadores no aplicamos un criterio previo de escepticismo y duda corremos el riesgo de tragarnos un montón de engaños. Parece que hay unanimidad en que, a pesar de la imagen que de él se ha dado en los medios durante estos años, el candidato que estuvo más educado y se ciñó más a lo que debe ser un debate, hacer análisis y propuestas concretas, fue Pablo Iglesias.

A dos días de las elecciones siguen abiertas una serie de incógnitas que el creciente pluralismo de partidos combinado a un sistema electoral pensado para favorecer el bipartidismo y dentro de él al bloque conservador no hacen sino incrementar. ¿Qué bloque será finalmente el ganador de las elecciones, el progresista o el conservador-reaccionario?, dentro de ambos bloques ¿cómo será la correlación de fuerzas interno y cuál el partido dominante (cuestión no menor)? ¿pactaría Pedro Sánchez y el PSOE con Ciudadanos si dan los números, sucumbiendo a las presiones de los poderes fácticos que presionan en ese sentido? ¿seguirá el conflicto catalán marcando la agenda, ahondando aún más el desencuentro, o comenzará a bajarse el nivel de crispación y a abrirse camino la cordura y la sensatez, única vía de poder buscar soluciones razonables?

Parece inaudito que en una campaña electoral no se esté hablando de Europa (a pesar de que en un mes se votarán nuestros representantes y del Brexit), que determina toda nuestra política económica y exterior, o del cambio climático y la crisis ecológica y de recursos naturales (no hay planeta B), de las transformaciones sociales y en el empleo que va a traer el progreso tecnológico, de cómo afrontar los riesgos estructurales que se anuncian, como el desempleo sistémico, la creciente desigualdad o la pobreza y el riesgo de exclusión de amplias capas de la sociedad, o de cómo sostener las pensiones, los servicios públicos o atender los problemas de atención a las personas dependientes...

Por último, me parece una infamia que no se hable de las cloacas del Estado y de cómo una alianza entre un grupo corrupto de policías (con la bendición del Ministerio del Interior), sectores de los medios de comunicación y poderes fácticos económicos se unieron para intentar destruir a Podemos o hacer imposible su hipotética llegada al gobierno y arruinar la imagen política y personal de sus líderes. Tanto PP como PSOE y Ciudadanos están empeñados en tapar este gravísimo y sórdido asunto que pone en cuestión la solidez de nuestra propia democracia.
Por tanto lo que se vote va a ser determinante para resolver estas incógnitas.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos Granada

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