martes 7 abril
Opinión  |   |

La vida es bella

Parece que nos ha tocado ser protagonistas de una de esas series en las que al final acabo pensando como Sabina, y es que “el fin del mundo te pille bailando”. Afortunadamente no estamos en esa situación. Estos cinco días están dando para mucho. En primer lugar, estamos en un periodo de adaptación y normalización a una situación nueva e inesperada. Es habitual esta fase. Nuestra “zona de confort” se ha visto alterada y ahora buscamos respuestas que nos hagan confiar en este nuevo escenario. En el sexto día que estamos, es probable que, aún con cierto recelo, la mayoría de la población ya hayamos aceptado el confinamiento como una nueva forma de convivencia, relación y de socialización interna y “externa”. Y en todo este maremágnum, los medios digitales son un compañero de piso más que nos mantienen cerca de nuestra familia, amistades y centros de trabajo, permitiéndonos, de algún modo, normalizar la situación. Todo sea por quedarnos en casa.

Yo me quedo en casa. Las videoconferencias con mis mayores ya son habituales. Ellos son los primeros que relativizan esta situación. Haber nacido en la posguerra les permite vivir este momento con otra perspectiva. Son muchas las anécdotas que ahora estoy escuchando por primera vez: los miedos de alguna predicción del Calendario Zaragozano, el pánico de los topos y sus familias perfectamente narrado en la “Trinchera Infinita”, la censura impuesta en las barras de bar o el fin del mundo vociferado por algún iluminado de la época, son algunas de las vivencias que, no siendo iguales a la actual, guardan cierta semejanza. Es curioso como el coronavirus nos está permitiendo otras formas de relacionarnos aportando, en mi caso, conversaciones nunca antes mantenidas. De nuevo, nuestros mayores, son fuente inagotable de aprendizaje.

Mis amistades, con las que tanto converso, también se quedan en casa. Las tertulias son de todo tipo. Es una montaña rusa de emociones en la que la confianza está siempre presente, aunque controlando, de reojo, al miedo a lo desconocido. No solo porque esté en juego la salud, sino también el futuro más inmediato por ser trabajadores o personas que, siendo autónomas o estar formando parte de alguna pequeña o mediana empresa, vemos peligrar nuestros ingresos y, por tanto, la estabilidad familiar o profesional, según los casos. Es de reconocer, también, el ingenio en clave de humor que tantas amistades están compartiendo y que tan importante es para que las emociones positivas así entren en juego. Surgen, igualmente, otras conversaciones que son auténticas lecciones. Ayer mismo hablaba con un amigo que me decía: “seguramente ahora habrá mucha gente que entenderá más fácilmente el miedo que le supone a un gay `salir del armario´”. Menuda frase en este contexto que, sin duda, ha de ser una oportunidad para que reflexionemos y actuemos pensando en cómo vivimos y hacia dónde vamos.

Mis colegas del grupo municipal socialista también se quedan en casa. Estamos en activo mañana, tarde y noche, asumiendo nuestra responsabilidad y compromiso con la ciudadanía. Las videoconferencias con nuestro portavoz del grupo, Paco Cuenca, son diarias. Analizamos la situación local, priorizamos las demandas y las necesidades, nos distribuimos las tareas y las trabajamos con uñas y dientes. El contacto es permanente y constante con los diferentes servicios municipales, asociaciones de vecinos, colectivos y familias en situación de emergencia doble para que sus condiciones sean seguras y estén suficientemente abastecidas. He de reconocer que trabajar con este equipo tan polivalente y experto, así como con una red más amplia de compañeras y compañeros con experiencia tanto política como profesional, es una garantía.

Granada está casa. Mi reconocimiento a una ciudadanía que está haciendo un uso responsable de los servicios, contribuyendo a informar, a no generar alarmas ni compartir falsos bulos y a colaborar con las personas con más dificultades. A cada padre y madre, a tantas niñas y niños que aguantan con paciencia el encierro. A quienes hacen un “Roberto Benigni” pintando de color y llenando de imaginación su dura y difícil realidad. Sí, la vida es bella.

Y a quienes no les queda más remedio que salir, gracias. A todo el personal sanitario que estáis trabajando duramente para frenar al virus. A quienes os esforzáis a diario para que estemos abastecidos. A los servicios mínimos que seguís activos en la ayuda a domicilio, en el transporte, la limpieza o la seguridad, entre otros muchos. Sin duda, esto es un gran esfuerzo individual y colectivo con un único objetivo: vencer a este virus. Lo vamos a conseguir.

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Columnista
Jacobo Calvo

Secretario de Organización del PSOE de Granada capital y docente

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