miércoles 14 abril
Opinión  |   |

¡Menos mal que nos ha pillado con este gobierno!

Así es como concluyen buena parte de las conversaciones en las que participo últimamente con familiares y amistades. A unos les cuesta más que a otros, pero acaban reconociendo que no todos los políticos ni todos los partidos son lo mismo. Es cierto que hay quienes se decantan por destacar los errores cometidos por el gobierno, aunque rematan afirmando que la sensibilidad de las medidas adoptadas ha demostrado que no se ha querido dejar a nadie atrás. También, desde el sosiego, se coincide en la confianza que generan quienes optan por estar con la ciudadanía, alejados de todo lo que huela a crispación, ofensa o insulto. Sobre la mesa, sea gobernando o en oposición, parece que hay dos modelos claramente diferenciados: el de la confrontación o el de la acción.

A priori, parece que las políticas de las caceroladas son propias de quienes están en la oposición, y las de la acción son exclusivamente de quienes gobiernan. No, no en todos los casos es así. Solo tenemos que ver la actitud del PSOE en Granada. Lejos de confrontar, ha demostrado que la ciudad es lo primero. Lejos de buscar rédito político y desgastar a quienes nos gobiernan en la capital, ha priorizado en las necesidades de las personas para que, desde un planteamiento ideológico claro, nadie se quede en la cola. Y así lo ha sabido reconocer la ciudadanía. Ha sido un claro gesto de generosidad política que ha huido del “cuanto peor, mejor”. Al PSOE de Granada se le ha reconocido su compromiso por parte de las granadinas y los granadinos, destacado en los principales medios de comunicación y aplaudido en miles de perfiles en redes sociales. Se ha hecho justo lo que la ciudadanía exige.

Desgraciadamente ha sido una excepción que nada tiene que ver con la actitud hostil que las derechas, en la oposición, están escenificando en cualquiera de los espacios públicos en los que aparecen, y si no, observen el lamentable espectáculo al que nos someten cada miércoles en el Congreso de los Diputados. Repiten mantras extraídos de los argumentarios elaborados por sus gurús, con una orden clara: “Pregunten lo que os pregunten, digan lo que os digan, colad siempre los mismos mensajes”. Su objetivo, obviamente, es desgastar al gobierno y asociar la imagen del PSOE a fracaso.

Afortunadamente no lo han conseguido, porque de haberlo hecho estaríamos ante una catástrofe sin precedentes. La gestión de la pandemia ha salvado más de 450000 muertes. Ni que decir tiene que siempre nos quedará en nuestra memoria y en nuestro dolor cada una de las personas fallecidas por los efectos del COVID-19. Nadie había nacido aprendido para afrontar esta situación. Solo hay que dar un rápido paseo por todo el planeta y analizar la gestión en el resto de países. Es evidente que el error tenía que formar parte en alguna de las mil y una decisiones que se han tomado, pero la ciencia es ensayo-error. Negarlo sería ridículo.

Aceptados los errores, también hay que poner en valor el estilo, las formas y el fondo. Es en este momento cuando suelo escuchar: “¡Menos mal que nos ha pillado con este gobierno!”. Quienes lo dicen, reconocen y aplauden a quienes han decidido priorizar en las personas, gobernando o en oposición. Diferencian la acción del teatro; el compromiso de la irresponsabilidad; la actitud propositiva y conciliadora de la confrontación; el interés general del interés particular… Frente a un Casado desbocado, un Pedro Sánchez resolutivo. Frente a un Salvador invisible instalado en el oportunismo, un Paco Cuenca comprometido con su ciudad. Frente a los bulldogs que repiten argumentarios agresivos, un Illa, una Calviño o un Fernando Simón. Frente al nacionalpopulismo hemos tenido al PSOE. Sus formas basadas en el diálogo, el consenso y el rigor, son un modelo para construir una sociedad mejor. “La gente se da cuenta” me decía un autónomo de un pequeño comercio hace unos días. Sentenció apuntando: “el saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan”.

Nadie debería obviar que para posicionarse en unas u otras formas de actuar, siempre habrá un poso ideológico que determinará dicha posición. Aviso a navegantes: ¡Cuidado con las intenciones de quienes pretenden desideologizarnos! Quienes dicen que no es momento de ideologías, se equivocan. La ideología es el motor para determinar posturas y tomas de decisiones. Solo hay que mirar al gobierno andaluz o al de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, en la gestión de las residencias de mayores, en los servicios sociales o en educación. El Gobierno de España ha optado por rescatar a las personas. ¿Recuerdan alguna otra crisis gestionada de esta manera? Seguro que no. Esto es ideología.

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Columnista
Jacobo Calvo

Secretario de Organización del PSOE de Granada capital y docente

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