miércoles 4 agosto
Opinión  |   |

Ópera bufa

Como decía en mi anterior columna, el idioma castellano es tan rico en vocabulario que nos permite describir lo que sucede en nuestro Ayuntamiento con infinidad de palabras. Esperpento, grotesco, vergonzoso, irresponsable, espantajo, disparate… Llama la atención que mientras cualquiera de nosotros asistimos desde fuera a este espectáculo con bochornoso asombro da la impresión de que sus protagonistas se percibieran a sí mismos como actores de una gran obra teatral, aparentando no perder el porte. Aunque si de un espectáculo se tratara más bien se asemejaría a una ópera bufa, el subgénero nacido en Nápoles a principios del Siglo XVIII, derivado de la ópera seria pero con un tono cómico y unos textos y música más populares. Aunque ni la música suena bien ni nos provoca maldita la gracia.

El elenco principal de este cuento de nunca acabar lo constituyen nuestros hasta ahora mandamases en la ciudad. Y algunos otros figurantes que desde otras tierras se empeñan en aparecer en esta escena.

Luis Salvador, nuestro alcalde. Impertérrito. Empeñado en mantener el tipo a pesar de su ridícula posición. Jugando a ser Gary Cooper sólo ante todos sus peligrosos enemigos, antes socios en el gobierno. Bueno, no del todo solo ya que cuenta con su fiel escudero Huertas.

Sebastián Pérez, el desencadenante de todo, el Pepito Grillo de este sainete, que pasó de querer ser Vicealcalde primero y Alcalde después a pretender imponer a Francisco Fuentes como primer edil. A la vez que su expartido señalaba a Luis González para esa función. Meses amenazando con apoyar una moción de censura pero callado ahora mientras el resto se despedaza verbalmente en la plaza pública.

Manuel Olivares y Lucía Garrido, ex de Ciudadanos, juntos en su pasaje hacia la intemperie, cada cual con motivos distintos, permanecen a la espera de que alguien les asigne un papel, bien en el escenario bien en la platea.
Onofre Miralles y Macarena Olona (Vox), responsables directos de que Luis Salvador sea Alcalde ahora despotrican de él, llegando a llamarle indecente o garrapata… política, por supuesto, no vayamos a que les digan que son faltones. Ahora piden la disolución del Ayuntamiento pero su petición no es más que una ocurrencia, un exabrupto, y ellos lo saben, porque tienen conocimientos jurídicos, abogada del Estado una y abogado a secas otro.

Más retirados de los focos, Inés Arrimadas y Teodoro García Egea, negociadores desde Madrid del devenir de nuestra institución municipal en 2019 y ahora, de nuevo, encargados de tratar de buscar una solución teledirigida. Complicada salida para este nudo temático donde además de los intereses partidistas coexisten ya enfrentamientos personales. No va a resultar fácil para las derechas resolver de forma satisfactoria este lío que ellos han generado.

Por último, Francisco Cuenca, a la espera de que le toque la Alcaldía en la pedrea. Si no hay acuerdo entre las derechas y dimite el Alcalde, le caerá la alcaldía por efecto de la ley. Amaga con una moción de censura para la que sabe no tiene votos, salvo que Sebastián Pérez cumpla lo que le había prometido pero que probablemente solo era un órdago para negociar mejor entre los suyos. Más que complicado terciar una moción de censura entre PSOE, el exlíder de la derecha granadina y Unidas Podemos. Los experimentos, mejor con gaseosa.

Y mientras en la Plaza del Carmen se juega a los teatricos y la ciudad se hunde abandonada por quienes prometieron cuidarla aparece una noticia importante y curiosa al mismo tiempo que da indicios de quién manda realmente. ALSA anuncia la compra de Transportes Rober, la concesionaria del transporte urbano público en la ciudad desde 1962. Una eternidad de sesenta años, regida por un contrato leonino y carísimo para los granadinos.

Hasta ahí podría decirse que no deja de ser una noticia propia de estos tiempos de postneoliberalismo, donde las grandes corporaciones van absorbiendo a las empresas más pequeñas y acaparando el mercado, que cada vez es menos libre y competitivo.

Lo más llamativo de la noticia es que en su comunicado, el Consejero Delegado de ALSA, anuncia que “implantará un completo plan de modernización y mejora de la calidad del transporte urbano de Granada, basado en la incorporación progresiva de flota Eco… la introducción de tecnología y la digitalización de las operaciones; y la formación del personal…” así como “soluciones de movilidad más integradas y coordinadas entre las líneas urbanas y las metropolitanas”.

Es decir, da por hecho que ALSA, filial de la multinacional británica National Express, va a ser la gestora, sí o sí, tanto del transporte urbano municipal como del área metropolitana, algo que chirria dado que se trata de licitaciones por tramitar y que, se supone, estarán sometidas legalmente a la libre competencia. De hecho en el Ayuntamiento, en este momento, se está por decidir si a partir de 2022, cuando finaliza el actual contrato, el servicio se gestionará directamente por el propio Ayuntamiento o indirectamente a través de una nueva externalización (privatización). O en ALSA tienen dotes adivinatorios o su capacidad “persuasoria” es tal que tienen ya “hipnotizados” a los (i)responsables municipales y a la propia Junta de Andalucía, responsable del transporte en el área metropolitana.
En cualquier caso parece mostrar que las grandes corporaciones no solo mandan y deciden sino que no tienen el más mínimo pudor en restregárnoslo por la cara. Ni siquiera se esfuerzan en disimular.

Mientras tanto, señores y señoras, el telón está subido. Pasen y vean. La función continúa. Ah, pero no olviden pagar, a la entrada, a la salida y en mitad de la representación.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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