viernes 14 junio
Opinión  |   |

Paseando por el Albaicín

El Albaicín es el barrio más antiguo de Granada. Está al pie del cerro de San Miguel, en la colina que se alza en la margen derecha del río Darro. La ubicación que tiene condiciona su estructura y el trazado de sus calles que, se sitúan en un concepto de Barrio histórico que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994 por su destacado valor universal y como muestra única y bien conservada de la arquitectura hispano-musulmana de la época medieval. Por eso, las reivindicaciones vecinales hunden sus raíces en que el desarrollo del Barrio debe salvaguardar la noción de ciudad histórica musulmana, que determina que son las casas las que fijan las calles, lo que, explica claramente su trazado.

En el sentido señalado, la movilidad debe constituir especial atención priorizando una educación vial pensada más en las personas que en el tráfico, incluido el transporte público, que debe tener en cuenta esta esencial circunstancia que es de conservación medioambiental como son los parques, jardines, arboledas, fuentes y pilares, con áreas biosaludables, lo que es esencial para el bienestar social y la calidad de vida. Para esto, es fundamental que se desarrollen políticas locales de equilibrio compatibles con un turismo sostenible que no degrade la convivencia en el barrio que tiene que soportar gran afluencia turística, sin que, ni siquiera haya una red de aseos públicos. Es habitual ver a los guías turísticos equipados con una potente megafonía con grupos de treinta o más personas, lo que, además, de ser insoportable, dificulta la convivencia, el paso de las personas, perjudicando el acceso al comercio autóctono.

Algo tan evidente y necesario como la seguridad y protección ciudadana brilla por su escasez, por lo que, la policía de barrio que pasee por el mismo es una medida imprescindible para garantizar el respeto a las personas, a las cosas y al patrimonio histórico.

Hay que prestar especial atención en Haza Grande, donde ya es de ordinario los cortes de luz y donde se han instalado "mafias” que tienen atemorizadas y amenazadas a los vecinos, como, oportunamente ha señalado el Defensor de la Ciudadanía, Manuel Martín. Es un grito a voces la instalación de un nuevo transformador eléctrico y la mejora de la movilidad por transporte público, que acabe con el “encierro” al que están sometidos los vecinos y las vecinas, que obstaculiza sobre manera el desplazamiento de las personas mayores, también al centro de Granada y a los Hospitales. Las alcantarillas están hundidas y el asfalto de las calles en franco deterioro progresivo. Son medidas que afrontar el Ayuntamiento de Granada sin más dilación.

Debo hacer mención al Sacromonte, que forma parte del distrito del Albaicín. Es un núcleo urbano de Granada enclavado en el valle de Valparaíso y es emblemático, con especial reclamo turístico, pero sus vecinos se quejan, con razón, de no recibir el mismo trato que otros barrios, pues teniendo todas las dificultades de un barrio patrimonial histórico, no tienen ninguna de las ventajas. Los problemas de movilidad son severos. El transporte público no llega debidamente y hay serias dificultades, incluso, para ir a la compra. La falta de inversión municipal es un clamor vecinal en asuntos tan elementales como la conservación del espacio, lo que se agrava con el modelo de turismo masificado que se practica por las autoridades municipales.

Cobra mucha importancia la aplicación de políticas locales que formen parte de un plan de actuación integral específico por la naturaleza histórica del Distrito, que debe contar con la participación de las asociaciones vecinales, que apueste por el comercio de barrio y de proximidad. La ocupación indiscriminada de plazas y calles por terrazas no es la mejor forma de crear riqueza de la que se beneficie el conjunto del Distrito. La turistificación tiene como resultado negativo que los servicios, instalaciones y comercios pasen a orientarse y concebirse pensando más en el turista que en las personas que viven el barrio de permanentemente. El Albaicín no debe ser tratado como un negocio. Es un espacio urbano con historia que no es compatible, tampoco, con la gentrificación, que expulsa a la población original.

Estas son algunas de las respuestas que he obtenido por un paseo por el Albaicín, no están todas, se señalan solo algunas, si bien, sustanciales. Así que, señora Alcaldesa, menos ruido inútil y más nueces. El Distrito del Albaicín es fuente principal de ingresos y no está recibiendo un trato recíproco y equivalente a lo que aporta a la ciudad.

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Columnista
Salvador Soler

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