sábado 24 octubre
Opinión  |   |

¿Qué fue del Pacto?

Asistimos abochornados a sesiones semanales de Control al Gobierno en el Congreso de los Diputados donde más que preguntas se lanzan improperios. Más que argumentos razonados se disparan descalificaciones, que rozan o sobrepasan el insulto y desde luego la mínima norma de educación y respeto. Sobrevuelan mentiras, medias verdades y manipulaciones soeces. Sin duda que no constituye un espectáculo demasiado edificante. No me parece normal que semana a semana nos ofrezcan semejante espectáculo precisamente quienes representan a la ciudadanía y se supone que están allí para estudiar, debatir, proponer y aprobar medidas que beneficien y mejoren la vida de los españoles.
No se trata de pedir que el Congreso o el Senado se parezcan a una reunión de la Real Academia o a un club de eruditos literatos. Ni que cada discurso sea digno de un premio Nobel de literatura. Simplemente se espera que se mantengan las mínimas normas de cortesía parlamentaria y corrección, que para nada impiden ejercer la mayor de las críticas si de eso es de lo que se trata.

Está claro que en la política española se ha instalado la mayor de las crispaciones y que desgraciadamente está contagiando a mucha gente normal. Basta leer las columnas de los diarios o asomarse a las redes sociales para comprobar la abundancia de bilis y mala leche y la ausencia de debates sosegados e argumentados. La discrepancia y la crítica son legítimas y necesarias pero en una sociedad civilizada deben hacerse con palabras medidas, con respeto y educación. Y a ser posible con inteligencia.

Me temo que así será imposible llegar a acuerdos de calado. Justo cuando parece que es más necesario que nunca. Estamos en una crisis sanitaria, económica y social que está produciendo muchas víctimas. El número de fallecimientos sube día a día y la economía y el desempleo muestran cifras muy duras. Muchas familias sufrirán la pérdida de sus seres queridos. Y muchas irán a la ruina. La pandemia está lejos de ser controlada. La situación exige sensatez y responsabilidad, no griterío.

No alcanzo a recordar cómo fue que pasamos de salir cada tarde a aplaudir a nuestros sanitarios, policías y personal de servicios esenciales, en cuyas manos nos habíamos encomendado, para sustituir las palmas por ruido de cacerolas. Cómo pasamos de saludarnos desde los balcones y sentir y transmitir empatía y solidaridad, a mirar con recelo e incluso odio.

Aunque no sea fácil salirse de esta dinámica infernal y romper la espiral de conflicto y crispación, entiendo que es hora de pararnos y recapacitar, mirarnos a la cara, más allá de las mascarillas, y vernos como lo que somos, personas frágiles a las que nos embarga el temor y la incertidumbre y hacernos conscientes de que esta hecatombe solo la superaremos juntos, unidos, que no nos va a ayudar ni va a ser útil el “sálvese quien pueda”. Sólo la solidaridad y la ayuda mutua nos salvará. Y esa lección, que echamos de menos en muchos de nuestros dirigentes políticos, deberemos ponerla en práctica las gentes sencillas, las personas normales. No alimentemos el ruido ni el enfrentamiento.

No atendamos fake news, ni hagamos caso a provocadores, incendiarios y manipuladores, aunque sean de los nuestros. Pensemos por nosotros mismos, utilicemos la razón y la voluntad, las vísceras del cerebro y el corazón, no las del estómago. Ya que no nos dan ejemplo, hagámoslo nosotros mismos. Démosles una lección de decencia, respeto y diálogo.
Siento este aire de sermoneo que me ha embargado. Hoy pensaba escribir sobre el Pacto por Granada aunque me pudo la sensación de hastío y de vértigo que me produce asomarme a la televisión, la radio, la prensa o las redes sociales. Así no vamos a ninguna parte. Recuperemos la cordura.

En el Ayuntamiento de Granada esta semana hemos tenido un ejemplo de esta endiablada dinámica. Se ha convertido en causa de enfrentamiento político el contagio del Alcalde por el dichoso virus. El grupo municipal de Podemos-IU ha intentado no entrar a ese trapo. Por el contrario preferimos insistir en nuestra propuesta de Pacto por Granada, que formulamos en el mes de abril y que aún no acaba de plasmarse. No parece que haya mucho interés por sacarlo adelante y menos aún de dotarlo de contenidos y compromisos concretos. Hoy mismo este grupo municipal presenta nuevas iniciativas y reclama un empujón final. Ya hace meses que otras ciudades cerraron sus Pactos. Frente a la crispación que nos rodea sería una buena oportunidad para demostrar que, a pesar de las diferencias, también son posibles los acuerdos.

A pesar de que algunos medios de comunicación, interesadamente, nos califiquen como extremistas, estamos demostrando que nos guía la sensatez y que ponemos a Granada y sus gentes en el centro de todos nuestros esfuerzos. Que el ruido no oculte la realidad.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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