lunes 10 mayo
Opinión  |   |

Regreso al futuro

La política se ha impregnado de las formas que prevalecen en el actual modelo de información y comunicación. Casi todo se basa en mensajes cortos que apelan más a las emociones que a las razones, a las sensaciones que a las ideas, a las sugerencias que a las propuestas. Más a la teatralidad y las formas que a la realidad y la consistencia. Sin duda que la comunicación política se ha contagiado del modelo de la publicidad. Se trata de vender productos, en formatos de 20 segundos, tratando de generar expectativas más que a vender las características y prestaciones del propio producto. Ni siquiera es extraño que las emociones sugeridas puedan ser contradictorias con la realidad del producto en venta. Cuántos coches ecológicos o bancos éticos nos venden en la publicidad.

Este modelo implica que se eche mano más del formato twit que de largos y aburridos discursos. De las frases cortas y llamativas más que de la argumentación sosegada. De las ocurrencias ingeniosas más que de los análisis de la realidad y las propuestas concretas. Los mensajes son a veces más subliminales que explícitos.

Predomina la velocidad más que el sosiego. ¿Quién se acuerda ya de las elecciones catalanas, que tantas páginas y horas ocuparon en los medios?. Pues aún no hay gobierno. ¿Quién se acuerda del fracaso del PP? Pues ahora sólo se habla de las elevadas expectativas de ese partido en Madrid.

Se dice que el resultado de las elecciones madrileñas abrirá un nuevo ciclo político en España. Y es posible. Hace unos meses se produjo un intenso debate sobre si las elecciones catalanas debían celebrarse o posponerse por la pandemia. Paradójicamente, ahora resulta que en Madrid se ha precipitado un adelanto electoral, para solo dos años y a interés de su presidenta y su partido, sin que a priori parezca que pueda tener un coste político para quien así actúa.

También parece incomprensible que la campaña se esté centrando en vender unos supuestos méritos de buena gestión de la pandemia justamente en la Comunidad con peores números en cuanto a contagios, defunciones, muertes de mayores en residencias, saturación en UCI’s… O de la economía cuya salvación, según los mensajes que se emiten, consistiría en que el toque de queda se retrase o no una hora.

Madrid tiene la economía más pujante de España. Eso es cierto. Pero el mérito más que de la gestión de sus gobernantes obedece a la “vis atractiva” que implica ser la capital del Estado, con la acumulación de instituciones, altos funcionarios, sedes de corporaciones y empresas. ¿Acaso se puede tapar que en Madrid ha estado el foco principal de años y años de corrupción política y de despilfarro en inversiones, protagonizados por el PP?. ¿Ya se han olvidado las autopistas rescatadas que no iban a ninguna parte, que beneficiaron a constructores “amigos” y pagamos todos los españoles?

Hay que reconocer la habilidad de los asesores de Ayuso para colocar ciertos mensajes, construir escenarios favorables y hacer olvidar lo que no interesa. Por supuesto con la inestimable colaboración de tantos medios de comunicación puestos a su servicio, sin los cuales probablemente sería imposible alcanzar tal objetivo.

Asistimos, en general, a una campaña muy simplona en el fondo pero con mucho espectáculo en la forma, con numerosos mensajes enlatados, construidos a base de eslóganes. Que trata de apelar al forofismo más que a la reflexión y a movilizar contra otros antes que a favor de propuestas factibles que, por otra parte, realmente no se concretan o son mera repetición de promesas anteriores que nunca se cumplieron o son sólo para una minoría, como la bajada de impuestos,

Lemas como “comunismo o libertad” son tan increíbles que resulta chocante como puedan ser utilizados sin ruborizar a su emisor. Nadie en este momento presenta programas “comunistas” y hasta los más radicales no dejan de ser más moderados que por ejemplo los del PSOE de Felipe González en 1977 o 1982.

Hablar de “infierno fiscal” suena tan excesivo que resulta imposible pensar que pueda llegar a funcionar como mensaje electoral. Reivindicar como principal programa político el “vivir a la madrileña”, que al final resulta no ser otra cosa que el gusto por la “cervecita en la terraza”, tan común en toda España, se antoja impropio para presentarlo como supuesta alternativa económica de futuro, por mucha importancia que tenga para el sector de la restauración y el turismo.

Lo de los “MENA’s” de VOX es más grave. Sólo llama al odio basado en la despersonalización y el miedo a una realidad falseada. Este país necesita empatía, solidaridad y cooperación, no azuzar enfrentamientos y racismo.

Ante la dura realidad del presente y la incertidumbre hacia el porvenir lo que precisamos son ideas y propuestas sensatas que transmitan confianza. Es posible que hablar de desempleo, precariedad laboral, el futuro de las empresas, contaminación, servicios públicos, pensiones, modelos de movilidad, políticas de cuidados… sea más aburrido que los eslóganes fáciles o las frases avispadas, pero es lo que necesitamos y lo que debería primar en cualquier campaña electoral.

Si Madrid es un laboratorio de lo que se pretende para el nuevo ciclo político y económico esperemos que la experiencia no acabe llevándonos a una especie de regreso al futuro de caminos ya trillados y que resultaron fracasados.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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