miércoles 2 diciembre
Opinión  |   |

¿Seguimos?

Escribía en mi anterior columna sobre la crispación que se ha adueñado del debate político en España, precisamente en un periodo en que estamos viviendo una descomunal crisis sanitaria, económica y social, que está en pleno apogeo, de la que no se sabe cómo y cuándo será su final, ni cuál será el saldo final de daños y sufrimiento que acabará produciendo.

La cuenta de fallecidos no deja de aumentar, igual que los ingresos hospitalarios y el número de personas infectadas. Aumento galopante del desempleo y cierre de pequeñas empresas, comercios y autónomos. La extensión alarmante de las situaciones de pobreza, que afecta a personas y sectores que hasta ahora jamás pensaron les podría tocar a ellos.
Es incomprensible que ni ante una hecatombe como esta los responsables políticos sean capaces de intentar ponerse de acuerdo al menos en las cuestiones esenciales, aquellas en las que nos va la vida, la salud y la dignidad como sociedad, como pueblo.

Numerosos han sido los errores que se han cometido en la gestión de esta crisis. Al principio era probablemente razonable porque poco o nada se sabía del virus, su propagación y efectos. Pero ante esta segunda ola, aún con todas las dificultades, algo deberíamos haber aprendido. En España no se han hecho las cosas bien. Hay quien ha pretendido utilizar esa situación de crecimiento de la pandemia para ganar réditos políticos, buscando culpables en los demás y tratando de disimular sus propios errores. Ahora se ve que la situación está descontrolada en toda Europa, nosotros simplemente fuimos los primeros, como antes lo había sido Italia.

Es evidente que se precipitó la desescalada anterior. Se reclamaba que para el verano se pudiera recuperar la actividad económica y el turismo. Ahora parece que nos estamos retrasando en adoptar medidas pensando en la campaña de otoño-invierno. Seguimos enredados en torno al falso conflicto entre salud y economía. Ambos están indisolublemente unidos. Si no se protege la salud el miedo provoca el cierre de la economía. Si hay miedo al contagio la gente no saldrá a comprar ni hará turismo. La salud es primero y la economía es a la vez. No nos equivoquemos, no existe tal dualidad. Ya deberíamos tener eso claro.

Es patético y descorazonador asistir al continuo conflicto entre dirigentes políticos. Quienes han intentado utilizar los gobiernos autonómicos para hacer oposición al gobierno central se han equivocado. No es eso lo que está en juego ahora. La política está para resolver los problemas de los ciudadanos, no para crearlos o acrecentarlos.
Quienes hace escasas semanas defendían a capa y espada la no adopción de medidas de control parcial ahora se apresuran a declarar confinamientos mucho más drásticos, ante el desbordamiento de la enfermedad y el colapso de los centros sanitarios.

Irresponsablemente no se adoptaron en su momento las medidas que se aconsejaban y se prometieron. No se reforzaron los sistemas sanitarios, especialmente la atención primaria, ya previamente en situación precaria y luego totalmente desbordada. Tampoco se contrataron y organizaron los rastreadores necesarios para haber podido afrontar en su inicio el control de los primeros brotes. La coordinación de los sistemas sanitarios de las Comunidades Autónomas (competentes en materia de salud) y de éstas con el ministerio de Sanidad ha sido y es manifiestamente mejorable.

También los ciudadanos nos hemos relajado. Si durante el confinamiento la respuesta fue abrumadoramente responsable y solidaria, pareciera que después se hubiera perdido una parte de la sensatez de la que se hizo gala en aquellos primeros meses. Los ejemplos de irresponsabilidad son minoritarios pero muy relevantes. Y peligrosos.
Se echa en falta mayor información y pedagogía. Las normas no pueden estar cambiando por días e incluso por horas y variando de municipio en municipio e incluso de bario en barrio. Las gentes no podemos estar consultando los boletines oficiales cada día o incluso cada hora, porque se adoptan y publican nuevas, distintas e incluso contradictorias normas en el mismo día. Nos vuelven locos.

Es necesario que se mantengan y refuercen las medidas de escudo social adoptadas. Y después tendremos que asumir todos, de forma solidaria, que habrá que pagarlas. Pero si somos una nación (que cada cual le ponga los apellidos que quiera) debemos actuar como tal. Nadie debe quedar atrás, abandonado a su suerte.

Necesitamos mayor diálogo, mayor responsabilidad y mayor unidad, en lo importante. La crítica puede ser dura, estamos en una democracia, pero debe ser constructiva. Y nuestros dirigentes deben mostrar ejemplaridad. Imágenes como las vividas en la fiesta del diario El Español, con políticos de los dos principales partidos saltándose las normas que ellos mismos han promulgado y exigen a los demás, resultan desalentadoras.

Y vuelvo a Granada. E insisto. Aquí está por concretar el Pacto por la Ciudad que promovió el grupo municipal de Podemos-IU. Se comenzó con mucha intensidad de reuniones, para ir dejándolo languidecer poco a poco, con meses paralizado. Se planteó como un ejemplo de que la unidad frente a esta crisis es posible y que constituyera un ejemplo que infunda ánimo y confianza a los granadinos en estos momentos de zozobra e incertidumbre. Por eso no puede ser un ejercicio de postureo. No es momento de fotos vacías de contenido sino de toma de decisiones reales que sirvan para ayudar a la gente a salir adelante.

Es tiempo de compromisos concretos y cuyos resultados puedan ser evaluados.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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