domingo 20 junio
Opinión  |   |

Esperpento nacional

“¿Cómo van las cosas por la Casa de los Líos?”. Así comenzaba siempre su conversación una mujer que llama asiduamente a la oficina. La expresión me hacía gracia y creo que resumía de modo jocoso la situación en el Ayuntamiento de Granada durante estos dos años. Pero los últimos acontecimientos me han hecho pensar nada tienen que ver con aquella serie televisiva de final de los años noventa, ni maldita la gracia que nos hace a quienes vivimos aquí.

Han sido dos años de simulación permanente. Quienes conocían por dentro el devenir del bipartito sabían que las cosas no eran como se pretendía hacer ver. Desde su inicio el equipo de gobierno presentaba fisuras profundas. Entre los dos grupos (PP y Cs) del equipo de gobierno y también en el interior de cada uno de ellos. Además de con el socio externo, Vox. La propia forma en que se forjó el acuerdo de gobierno, en Madrid, adoptado por personas ajenas a la ciudad y como un mero regateo de cromos, Granada a cambio de la Diputación de Málaga. Luego estaba la losa del 2+2. Un acuerdo fantasma que uno y otro veían o dejaban de ver según el interés de cada cual.

Amagó desde el principio el antes todopoderoso presidente del PP, Sebastián Pérez. Primero se empeñó en obtener una vicealcaldía, que más bien parecía una segunda alcaldía. Aquello no salió porque la oposición la rechazó de plano. Luego, durante meses, estuvo reclamando que en junio de 2021 debería entregársele la alcaldía. Y paso a paso fue elevando el nivel de su órdago. En enero del año pasado renunció a la presidencia del PP granadino, con graves críticas a la propia dirección de su partido y con un claro distanciamiento hacia sus compañeros de gobierno municipal, pero manteniendo sus cargos en el Ayuntamiento. Nueve meses después renunció a sus responsabilidades municipales a excepción, curiosamente, de su representación en Emasagra y en su chiringuito de la Fundación AguaGranada. El mes pasado dio un paso más y abandonó el grupo municipal del PP pasando ser concejal no adscrito.
La polémica del 2+2 se acrecentó cuando hace dos meses el concejal de Ciudadanos, Manuel Olivares, en una recuperación repentina de memoria, reconoció públicamente que aquel pacto de reparto de la alcaldía era cierto y que Luis Salvador debía ceder la alcaldía al PP.

Llegados a este punto se desencadenan vertiginosamente los acontecimientos. Tres días que han estremecido a la institución municipal. No sé si a la ciudad que más bien se ha mostrado perpleja ante tanta irresponsabilidad. Cada mañana nos hemos levantado con un nuevo sobresalto. Toda una serie de actos, formalmente muy solemnes pero muy ridículos en el fondo. El PP reclama para sí la cesión de la alcaldía y propone para ocuparla a Luis González. Por su parte Sebastián Pérez avisa de que sólo votará para alcalde al concejal del PP, Francisco Fuentes. Luis Salvador se mantiene en su posición de que la alcaldía es suya por los cuatro años. El PP responde con la renuncia en bloque de sus concejales a sus responsabilidades de gobierno. En Ciudadanos se escenifica la ruptura, hasta entonces más o menos disimulada. Manuel Olivares y Lucía Garrido, anuncian públicamente que abandonan su grupo municipal y pasan a concejales no adscritos. La respuesta del alcalde fue inmediata, en una larguísima rueda de prensa anuncia que mantiene el gobierno con la ayuda de un único escudero, el concejal José Antonio Huertas, a la vez que le dedica todo tipo de descalificaciones a su antiguo compañero de partido, Manuel Olivares.

A todo esto tercia la diputada cunera de Vox, Macarena Olona, que se refiere a Luis Salvador en unos términos insultantes, tildando su actitud de “garrapata política”, “indecente” o “falta de escrúpulos”. Olvidándose de que sin los votos de los tres concejales de su partido Salvador jamás habría llegado a la alcaldía.

Son muchos los adjetivos que podrían utilizarse para describir lo que está sucediendo en la Casa Consistorial granadina. Nuestro idioma es muy rico y podría llenarse toda una página con ellos: bufonada, desaguisado, disparate, adefesio, espantajo, mamarrachada, extravagante, bochornoso, desatino, ridiculez… Personalmente me quedaré con dos y sus respectivas acepciones, kafkiana (situación absurda, angustiosa) y esperpéntica (persona, cosa o situación grotescas o estrafalarias).

Resulta muy dolorosa y triste la situación a la que nos ha llevado la derecha política y sus peleas internas. Una vergüenza que estamos sufriendo todos los granadinos y a la que habría que ponerle fin de inmediato. Entiendo que el alcalde acabará dimitiendo más pronto que tarde ante la imposibilidad real de mantener el gobierno entre dos personas. También que tras el elevado grado de crispación interna a la que se ha llegado y las palabras gruesas que se han dirigido mutuamente, resultará muy difícil recomponer un gobierno en torno a las tres derechas. Esto significará muy probablemente que Francisco Cuenca acceda a la alcaldía por ser su partido el más votado en 2019.
Como ha manifestado Antonio Cambril, lo normal sería que los responsables de todo este desaguisado dimitieran de sus cargos y dejaran paso a los siguientes en sus respectivas candidaturas. Aunque me temo que eso no va a suceder. Cada cual debería asumir sus responsabilidades, para los éxitos y para los fracasos y esto es algo más que un fracaso, constituye un esperpento descomunal.

¡Que se vayan!

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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