miércoles 18 mayo
Opinión  |   |

Granada amanece

Más allá de que sepamos o no qué es un acelerador de partículas o para qué sirve, está claro que, a tenor de todo lo que ya se ha dicho, sí podemos conocer dos cosas, que se trata de un proyecto de excelencia y que puede transformar la Granada de las próximas décadas. Así es. Cuando en 2016 se empezó a hablar desde el Ayuntamiento de Granada de que la nuestra es una ciudad de Ciencia y que con ella podríamos aspirar a transformar nuestro modelo productivo, era precisamente esto lo que se intentaba contar. La Ciencia puede suponer el espaldarazo definitivo a una ciudad que tiene mucho que ofrecer.

En aquel momento podría parecer una entelequia, pero seis años después todo el mundo habla del potencial científico de una ciudad preparada para ser uno de los ejes del nuevo renacimiento que es, sin duda, tecnológico. Hace años, un informe de una conocida compañía china de telefonía móvil, decía que Granada, junto a Salamanca y Barcelona serían las ciudades tractoras de ese renacimiento en España. Es verdad que, dado el carácter del granadino, marcado por las lágrimas de Boabdil, nos encanta mirar a nuestro alrededor para llorar por lo que otros logran. Pero las lágrimas en los ojos emborronan la percepción de lo que pasa aquí, a nuestro lado. A lo mejor esa es la causa por la que no valoramos suficientemente lo que en otros lugares se mueren por conseguir. Me refiero a contar con la llegada ya de empresas como Google o Indra, para lo que el Ayuntamiento ha cedido un suelo a la UGR en el Parque Tecnológico de la Salud; que nuestra provincia sea la sede del proyecto científico más importante de España y Europa, ese acelerador de partículas que va a tener una repercusión inmediata en Granada; que la nuestra suene como la ciudad sede de la Agencia Nacional de Inteligencia Artificial o, lo que es mejor, que el mismo Presidente del Gobierno o la Ministra de Ciencia aseveren que Granada ya es de facto la capital española de esta disciplina científica, que ya ha empujado para que nuestra universidad sea la primera de Andalucía y la segunda de España; que multinacionales del prestigio de T-Systems quieran hacer una apuesta de crecimiento en Granada gracias al talento de la gente que aquí se forma… Todos estos son logros que Granada está consiguiendo mientras, repito una vez más, lamentamos lo que hacen en otros territorios.

Granada tiene fuerza suficiente para no sentirse agraviada por nadie. Es una ciudad que ya ha conseguido revestirse de un proyecto de ciudad claro que empuja en la dirección correcta. Y no es menos cierto que todo esto que acabo de enumerar empezará a tener una repercusión directa en el empleo y en el crecimiento económico de la ciudad, tanto en los sectores más tradicionales de la economía local como en aquellos que empiezan a abrirse camino. ¿Podemos aspirar a que el talento que se forma en las aulas de nuestra universidad decida quedarse en lugar de emigrar porque aquí haya oportunidades para poder crecer? Sí. Y lo podemos decir sin miedo a pecar de optimistas. De hecho, ya hay empresas instaladas en la capital que empiezan a ser reclamo para otros territorios. Es decir, se trabaja para que seamos importadores de mano de obra cualificada.

No peco de pardillo tampoco. Para que todo esto sea una realidad completa aún faltan muchas cosas. Por ejemplo, mejorar las comunicaciones, conectar a Granada con el mundo. Pero también hay avances en ese sentido: se recuperan los vuelos con Madrid; se avanza en la conexión por AVE con Málaga; se abren las ventanas para llegar a ciudades como París o Londres desde nuestro aeropuerto… Granada cuenta en el mapa de las decisiones. Pero eso es así, aunque sepa como sé que tenemos que trabajar aún más. Y Granada cuenta porque, tal y como sucedió entre 2016 y 2019, las administraciones, todas las instituciones, empiezan a remar en un único sentido, el que Granada necesita. Para eso, un Ayuntamiento ha tenido que tomar ni más ni menos que el rol que le corresponde, que no es otro que el de liderar a la ciudad que representa, olvidando las polémicas estériles, con lealtad no exenta de crítica, pero siempre con respeto institucional, sin mirar color alguno, priorizando Granada por encima de todo. Era fácil. Ese es el secreto de todo esto. Una cuestión de altura de miras, y no solo desde la Plaza del Carmen, sino de todos aquellos que saben que ha llegado el momento de Granada y quieren aportar desde su espacio de trabajo. Al fin.

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Columnista
Juanjo Ibáñez

Periodista

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