martes 26 mayo
Opinión  |   |

Política y pandemia: la actividad parlamentaria sigue

La situación que vivimos es tan delicada que la acción política y las decisiones derivadas de ella cobra gran protagonismo en la actualidad. Por ello, es preocupante que haya un sector de la opinión pública que no considere el ejercicio de la política una actividad esencial. Incluso que haya quien la desprestigia.

Políticas y políticos hay de muchas clases, al igual que personas, de diversas ideologías. Llama la atención cómo afloran ahora quiénes se consideran apolíticos pero toman partido y se posicionan sin pudor a través de un despliegue de “profundos conocimientos” en materia sanitaria y epidemias varias. Sigo convencido, así lo aprendí durante mi etapa como alcalde -y lo percibo en las y los alcaldes de esta provincia que se han situado en primera línea la lucha contra la pandemia-, que la política es empatía y cercanía con la gente y se basa en el compromiso constante y continuo en pro del interés general. La política con mayúsculas está incluso por encima de las siglas de un partido. Por eso, quién se dedica a ella sin procurar el bien común, me parece un sucedáneo de político o política. Un sucedáneo de su marca.

Hay vida política y de mucho calado más allá del ámbito local de nuestros pueblos y ciudades, aunque, a veces, no la veamos tan próxima. Y esa política, como apreciamos durante este confinamiento, es determinante porque nos atañe a todas y todos. Es fundamental que los partidos adecúen sus fórmulas y medidas a la actualidad y sepan elegir a los actores políticos adecuados en cada momento y para cada situación. Es lo que hace mi partido.
Es cierto, que muchas veces la mayoría de la ciudadanía, desconoce qué hacemos quienes nos dedicamos a la política en el ámbito legislativo y a qué nos dedicamos exactamente. En definitiva, para qué servimos. He leído este cuestionamiento estos días. A mí me gusta explicarlo y resumirlo en que nuestra función básica es la del servicio público a toda la ciudadanía. Y lo hacemos con honradez, transparencia y con mucha dedicación (en algunos casos poco visible).

Desgraciadamente, y vuelvo al principio, una parte de la sociedad, la mínima, no lo aprecia así y en tiempos de caos, miedo e incertidumbre nos colocan en el centro de la diana. Es por ello, que debemos hacer mucha pedagogía y un gran ejercicio para prestigiar la política y cambiar esta percepción. Sin política, no hay democracia y sin democracia se puede dilapidar nuestro Estado de Derecho y, si eso ocurriera, vendrían los populismos, demagogos y clases pasivas al poder.

Quizás algunos prefieran ese sistema, sin políticos ni política, y donde imperen anuncios populistas de fuera la “clase política que ya buscaremos otra clase o grupo social que los sustituya”. Pero bajo mi punto de vista, ese pensamiento -cada vez más extendido en nuestra sociedad- es un error, que además viene y está alimentado interesadamente por un sector muy concreto.

Alguien puede pensar que todos somos iguales, a veces puede hasta parecerlo, pero está claro que no. Ni por valores, ni por defensa de intereses, ni por estatus social. Afortunadamente hay diferencias y muy notables. Sirva como ejemplo la crisis que sufrimos en 2008 y analizar quién la “pagó” o compararla con la actual provocada por el dichoso Covid-19, donde las medidas que se están tomando van dirigidas a salvar vidas, mantener el sistema productivo y a evitar que nadie se quede atrás. Las decisiones que toma el Gobierno de España protegen a los más débiles, vulnerables y desprotegidos de esta desigual sociedad.

Actualmente, como coordinador de los grupos territoriales del Senado, aseguro que la actividad en la Cámara Alta no ha parado, aunque haya cambiado sustancialmente, especialmente en las formas. Como la mayoría de la sociedad, hemos derivado al teletrabajo: tramitar centenares de correos diarios, llamadas de teléfono, realizar videoconferencias, preparar informes y responder mensajes, además de desmontar bulos, ocupan nuestro día a día.

El Senado además ha respondido a más de dos mil preguntas que los distintos grupos políticos habían presentado. No se ha cerrado ni clausurado la actividad política, por mucho que algunos quieran escudarse y parapetarse en “falsas” Diputaciones Permanentes para no dar la cara o en bulos interesados en las redes sociales que cuestionan el procedimiento legal de las iniciativas que siguen tramitándose desde las Cortes Generales.

En definitiva, no hemos disminuido este ritmo sino todo lo contrario. Las y los socialistas estamos dando la cara. En todos los niveles de responsabilidad, estamos siendo trasparentes y tomando decisiones que, en otro momento, tardarían meses en plantearse y materializarse. Ahora, se tienen que tomar en horas, pese a los palos en la rueda que todos los días tenemos.

Seremos criticados y vilipendiados como siempre, objeto de críticas y juicios sumarísimos, pero somos conscientes y consecuentes y aquella persona que crea que lo puede hacer mejor que dé un paso al frente y no se esconda, ni en las redes, ni en la prensa afín, ni en falsas comisiones o Diputaciones Permanentes ad hoc.

Es hora de dar la cara, actuar con sentido de Estado y poner en valor el trabajo que cada uno hacemos en esta sociedad, porque solo trabajando en equipo y tendiendo la mano a la unidad, saldremos de esta difícil situación.
Seguimos trabajando.

Aunque mucho mejor nos irá, si lo hacemos todos con lealtad y remando en la misma dirección.

Me despido con el mejor deseo para todos y todas estos días y, que por supuesto, no nos falte el bien más preciado: la salud.

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Columnista
Javier Aragón

Senador del PSOE por Granada

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