lunes 26 agosto
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Refundación

Sigue Pablo Iglesias reclamando la participación de Podemos en el próximo gobierno. Difícil resulta discernir hasta qué punto esa demanda es una reivindicación razonable o pueda percibirse como mera ambición personal o política o incluso como una humillante súplica.

En España es inédita la experiencia de coaliciones en el gobierno central. Sí existen casos en las comunidades autónomas y mucho más en los municipios.

Entiendo que los argumentos que expone Pablo Iglesias para participar en el próximo gobierno contienen una potente lógica. Podemos impulsó, como no hizo ni Sánchez ni el PSOE, la moción de censura que acabó con el gobierno de Rajoy y llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa. Ha sido Podemos el que ha impulsado las medidas más sociales del gobierno. Y lo ha hecho aún a sabiendas de que seguramente no obtendría beneficios electorales por su esfuerzo. Argumenta también que si Podemos no forma parte del próximo gobierno existe un riesgo cierto de que Sánchez y el PSOE acaben virando hacia el social-liberalismo y se frene la línea reformista que se ha practicado durante sus escasos meses de gobierno.

Estoy convencido de que Podemos no va a entrar en el gobierno y que Sánchez lo tenía claro desde la misma noche electoral. De ahí mi opinión de que Iglesias debería medir muy bien hasta cuándo va a seguir reclamando su participación en el futuro gobierno para no dar pie a que su demanda sea utilizada por sus enemigos para intentar dar la imagen de que lo mueve solo la ambición personal.

Varias intuiciones me llevan a ese convencimiento. La primera la propia confesión de Pedro Sánchez, en su famosa entrevista con Jordi Évole, reconociendo que sufrió enormes presiones, casi chantajes, de los poderes fácticos, económicos y mediáticos, para que excluyera a Podemos y pactara con Ciudadanos. Entiendo que esos poderes no han cambiado de opinión, intenciones y prácticas. La segunda es la respuesta que el propio Sánchez dio a sus simpatizantes en la noche electoral cuando le gritaban “con Rivera no”, limitándose a repetir que él “no pondría líneas rojas a nadie”. La tercera es su visita al presidente Macron en la que es seguro, y así se ha comentado, le pidió presionara a Ciudadanos para que levantaran su veto. Además de otras declaraciones del propio Sánchez o el portavoz Ábalos.

Desde el minuto uno fueron muchos los medios de comunicación y representantes de los poderes económicos que abogaron por un gobierno de PSOE con apoyo de Ciudadanos. Y apenas unas horas después de las votaciones del 26M el Banco de España se apeó con una petición de nuevo retraso en la edad de jubilación y un recorte de las pensiones. Claramente una de las duras batallas que se aproximan.

Aparte de los debates sobre política táctica, la realidad económica, social y política es la que es. El problema de la acumulación de riqueza y la creciente desigualdad social o el ya acuciante problema del cambio climático, siguen ahí. Y no parece que se puedan afrontar a base de paños calientes o políticas de escaparate.

El problema es que en España el partido que puso todo eso en el primer plano del debate político fue Podemos, pero ahora está sufriendo un desgaste que lo debilita como alternativa.

Ese desgaste sin duda obedece al castigo sistemático que ha sufrido por parte de la triple alianza de poderes económicos, mediáticos y políticos, incluido el uso de las “cloacas del Estado”. Pero es preciso reconocer que también ha cometido errores propios. No basta con afirmar, como ya ha hecho en varias ocasiones el propio Pablo Iglesias, que esos errores y los problemas internos han hecho daño al partido y luego no pasar de esa mención autocrítica a adoptar medidas inmediatas para corregir esos errores.

Podemos nunca tuvo una estructura organizativa adecuada, sobre todo a niveles locales, provinciales y autonómicos. De ahí que los peores resultados electorales se hayan producido en esos niveles, 6% de media de voto, justo un mes después de haber superado el 14% en las elecciones generales, y cuando el CIS de mayo le da incluso una subida en su intención de voto, hasta el 15% de voto directo. Tampoco ha sido capaz de gestionar su pluralidad interna de forma pacífica, integradora y creativa…

Por tanto, entiendo que se hace necesario abrir un proceso de refundación de Podemos. Y que debería promoverlo, de forma generosa, el propio Pablo Iglesias. Repensar idearios, programas, modelo organizativo o política de alianzas, para volver a ilusionar a tantas personas que necesitan la existencia de un partido que los represente de verdad y que ponga en el debate político los problemas reales de la gente y no una mera lucha por el poder.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos Granada

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