viernes 21 enero
Opinión  |   |

Renaturalizar la ciudad

Siempre que visito una ciudad me reservo un tiempo para recorrer sus calles, sin destino prefijado, simplemente por el placer de observar lo más genuino de sus edificios, plazas y jardines o sentir el bullir de sus gentes. A pesar de que el ajetreo diario apenas lo permite, también me gusta pasear por mi ciudad, incluso por lugares sobradamente conocidos.

Hace escasos días tuve la oportunidad de participar en un paseo por el cauce urbano del río Genil, organizado por Ecologistas en Acción. Esos locos altruistas que tienen el vicio de dedicarle horas a observar, estudiar, analizar y proponer mejoras para los espacios en que vivimos, empeñados en humanizar y naturalizar nuestros entornos. Puro radicalismo. Del bueno.

El objetivo era conocer in situ los pormenores de su proyecto de renaturalización del río Genil en el tramo urbano de Granada. Un proyecto muy realista, lleno de cordura y sensatez. Se trata de no tocar aquello que ya resulta imposible o improbable de rectificar y centrarse en recuperar el cauce para que se parezca lo más posible a lo que un día fue un río esencial en el surgimiento y la configuración de Granada.

Esta ciudad es extraña. Se ha conformado en torno a sus ríos y paradójicamente ha acabado escondiéndolos, soterrándolos bajo hormigón y asfalto, como ha hecho con el Darro y el Beiro, o convirtiéndolos en meros canales acementados, sin vida natural, como el Genil o el Monachil.

En los paseos siempre se perciben cosas que antes habían pasado inadvertidos. Por ejemplo llamó mi atención como en el adoquinado que existe en algún tramo del río se encontraban tiradas innumerables bolsas con excrementos de perros. Incomprensible entender cómo alguien que se molesta en llevar la bolsa y recoger el excremento de su mascota luego simplemente la tira en un lugar donde pasean otras personas en vez de hacerlo en un contenedor.

Pero lo que más me sorprendió fue conocer que paralelo al canal de aguas bravas se encuentra soterrado un enorme tubo y unos potentes motores que en los años 90 se colocaron con el presunto objetivo de bombear el agua del río para incrementar su caudal cuando hubiese alguna competición de piragüismo. Se nos comentó que esas obras costaron unos 750 millones de las antiguas pesetas (4,5 millones de euros). Un dineral que se encuentra enterrado. Los motores sólo se pusieron en marcha en dos ocasiones, para probarlos y para su inauguración. Cosas de los tiempos, no tan lejanos, de magalomanías y tres por cientos. El resultado, despilfarrar dinero y destruir el río. Curiosamente los autores de tal tropelía pasaron por ser insignes gobernantes.

Hace años Ecologistas en Acción elaboró un proyecto de renaturalización para el río Genil. Dividido en tres tramos. El de aguas bravas, donde plantean básicamente plantar árboles autóctonos, propios de ese espacio. El anterior, aguas arriba, donde proponen quitar la escollera artificial y dejar que el frío recupere su taludes naturales sobre los que se regenere un auténtico bosque de ribera. Y finalmente el tramo que se inicia en Puente Verde, pasa por el Puente Blanco (qué preciosa metáfora de nuestra bandera) y llega hasta el cruce bajo la autovía. Se trataría del tramo de actuación más intensa, dado que es el más artificial, consistente básicamente en levantar el hormigón, aportar algo de tierra vegetal y dejar que el río y la naturaleza hagan su trabajo, lo que mejor saben hacer, revestirse de verde, limpiar nuestro aire y crear belleza para el disfrute de los granadinos.

Resulta paradójico que este proyecto haya sido aprobado varias veces, la última en el pleno del Ayuntamiento en septiembre de 2017. Por unanimidad. A propuesta del concejal Francisco Puentedura (IU). Pero, en cuatro años y con tres gobiernos municipales distintos, nadie ha movido un dedo para ejecutar sus propios acuerdos.

Los tiempos cambian y ahora el discurso, al menos teórico, apuesta por la renaturalización de la ciudad. A estos fines se destinan una parte significativa de los fondos europeos destinados a la recuperación tras la pandemia (Next Generation). Por eso desde Unidas Podemos se ha propuesto que se retome este proyecto de renaturalización del Genil y se soliciten hasta cuatro millones a cargo de la reciente convocatoria de subvenciones con cargo a aquellos fondos. El objetivo sería no sólo recuperar el río sino también arbolar las plazas más duras y desoladas y trabajar en el anillo o circunvalación verde que propuso en su programa electoral. Se trata de un programa a tres años, muy ventajoso, con hasta un 95% de subvención e incluso la posibilidad de solicitar anticipos.

No hay excusas. Querer es poder. La sociedad civil ya ha hecho su trabajo. Ahora todo depende de quien gobierna. Granada y los granadinos nos lo merecemos.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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