viernes 1 marzo
Opinión  |   |

Dejar que te encuentre

Aún no he comprado mi número de la lotería de Navidad.
Y si, digo número porque solo compro uno, muy específico y por una razón muy concreta.

Hace unos años, viviendo y trabajando en pleno centro de Madrid, y al acercarse las fechas navideñas, empezaban a efervescer los puestos de lotería. Pasar todos los días a escasos metros de Doña Manolita te hace ver la realidad de la pasión por la lotería de Navidad de una forma tremendamente inmersiva.

Nunca me han interesado mucho los juegos de azar por lo que todo lo relacionado con el bombo era más un evento ajeno - y a veces incomprensible - que algo relacionado conmigo.Aunque suelo ser una persona muy pragmática, convivo con mis tremendas contradicciones ya que creo en el destino aunque a veces lo veas venir, leo el horóscopo aunque no le haga mucho caso e intento captar las señales que me manda la vida aunque de vez en cuando haga oídos sordos.

Aquel día 21 de diciembre llegué al trabajo como siempre, y no muy tarde durante la mañana salió el tema de la lotería y la suerte entre los compañeros y compañeras. Unos incrédulos, otros apasionados y yo como “viéndolo desde fuera”.

Cuando me preguntaron si yo llevaba algún número respondí negativamente.Y mi compañía Elena, una de las mujeres más interesantes, encantadoras y sensatas que conozco me dijo, muy seria, “¿Y si la suerte quiere tocarte mañana y no te encuentra?”.

Con mi socarronería cotidiana seguramente respondí con algún chascarrillo, que ahora no recuerdo, para intentar salir por la tangente y volví a concentrarme en el trabajo. Pero ahora era tarde, señora, ahora ya nadie podía apartarlo de mí. Ese pensamiento no sólo taladraba mi cabeza, sino también mi ilusión.

Tras rumiar un rato no pude aguantar más y dije “Me bajo ahora mismo a por un décimo”. Elena me acompañó justo al lado de la oficina donde había una administración de lotería. Cientos de números delante de mí. ¿Qué número escojo? Y decidí volver a mi pragmatismo y buscar una lógica a esa decisión tan aleatoria: compraría, siempre, un número que acabara con mi edad. Desde entonces cada año, un décimo único y acabado en el que me toca. Una posibilidad, una opción mutable (No soy tan cabezón como para apostar siempre al mismo número) y una historia que me ilusiona contar cada Navidad.

Esta historia que, leída con un poco de dramatismo, podría protagonizar el anuncio de Loterías (ahí lo dejo, yo quedaría estupendo en pantalla) me hizo darme aún más cuenta de algo que, aunque sabemos, muchas veces olvidamos u obviamos: Para que nos pasen cosas, ¡tenemos que estar dispuestos a ello!

Me viene a la mente la frase de Thomas Jefferson, el tercer presidente de los Estados Unidos, que decía “Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”. Para que podamos disfrutar de muchas cosas hace falta pequeñas (o grandes) acciones o decisiones, que pueden ser únicas o continuadas, por nuestra parte. Para marcar gol no solo hay que pegar una patada al balón. Hay que tener una estrategia, un equipo, entrenamiento, oportunidad y valor ¡Y ahí es cuando entra la suerte de que el portero no llegue a parar la bola!

La vida te sorprende, como ahora mismo, que estoy flipando con que a mí se me haya ocurrido este ejemplo futbolístico, pero tenemos que estar readys para dejarnos sorprender porque nunca sabemos a quién anda buscando la suerte. También puede ser a ti.

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Columnista
Gafas Amarillas

Periodista y Creador de Contenido

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