lunes 4 julio
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Empacho de información

Parece ser que estos días Nadal ha cumplido 60 años de reinado paseando con un holograma de Shakira por las calles de Londres mientras los Rolling Stones tocaban en el comienzo de las elecciones andaluzas para decidir si Amber Heard podría bucear hasta el galeón San José y entrar, por aforo, en el Primavera Sound. O algo así.

Sobrecarga informativa, infoxicación, infobesidad o síndrome informativo… tienes nombre mil, el estar hasta arriba de datos y de información. Casi hasta el empacho. Fue a finales de los 90 cuando el físico Alfons Cornellá conceptualizó este concepto tras ver la cantidad de información que los seres humanos comenzaban a recibir a través de los nuevos medios y formatos de comunicación.

Aunque siempre hemos estado expuestos a cientos de mensajes al día, el avance de la sociedad y con ella el crecimiento de los medios de comunicación y la globalización ha hecho que un ser humano reciba cada vez más estímulos, y con ellos más información. Este exceso que se integra en nuestro día a día, casi sin pretenderlo, puede producir agobio, desconcierto, FOMO, falta de perspectiva, de interés; dificultad para elegir o concretar, e incluso estrés o ansiedad.

Si a todo este jaleo le sumamos un puñado de redes sociales, unos cientos de seguidores y miles de contenidos de lo más variopintos que se viralizan cada minuto es normal que a lo largo del día acabemos agotades de tanta foto, tweet, mensaje en whats o video viral de tik tok… Y no solo somos objetos pasivos en recibir esa información, sino que estas conexiones sociales han hecho que también nos convirtamos en productores de la misma y por ello cada vez se tiene más necesidad de compartir nuestro día a día para que lo vean nuestros (más o menos) contactos.

Pero no es oro todo reluce. Y donde dijo digo, digo Diego… Curiosamente, incluso con esa amalgama de ideas y contenidos que hay pululando en las redes, los algoritmos siguen consiguiendo que estemos pendientes solo de lo que *ellos quieren que veamos (aprendiendo de nuestros likes previos). Entrar en la lupa de Instagram o en las tendencias personalizadas de Twitter de cada uno es una experiencia inmersiva y un primer paso para ver lo diferentes que somos y cómo una red social puede adaptarse a nuestros intereses de una forma directa.

El problema llega cuando “esos ellos”, que arriba indica con asterisco, hacen valer sus propias normas, sus prejuicios o su moral. ¿Estamos viendo lo que queremos ver? ¿Estamos viendo lo que quieren que veamos? ¿Estamos viendo solo lo que les conviene (por likes, por interacciones, por tiempo de uso de la app)? Seguramente la respuesta a todas estas preguntas da bastante más miedo que cuando se abre la cámara frontal del móvil sin estar preparados. Pero bueno, ya que la cámara está abierta, nos hacemos una selfie, lo subimos y seguimos alimentando la rueda. Ya nos atropellará esa rueda mañana.

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Columnista
Gafas Amarillas

Periodista y Creador de Contenido

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