lunes 4 julio
Opinión  |   |

¿Son éticas las rebajas?

Hay un dato irrefutable sobre el ser humano: En cuanto vemos una oferta nos hacen los ojos chiribitas. Forma parte de nuestra esencia, va en nuestro ADN, estamos programados para ello, literalmente, como veremos más adelante. No creo que nadie pueda resistirse a una buena ganga. Cada final de temporada, cuando llegan las Rebajas, nos convertimos en auténticos caza tesoros para sentirnos ganadores ahorrandonos unas perras.

El concepto de descuentos enmarcados en un espacio temporal concreto y específico que delimita los precios con ofertas comenzó en los años 40 debido a la competitividad empresarial. En España, concretamente fue la lucha por la hegemonía entre Galerías Preciados y El Corte Inglés la que creó el germen de lo que ahora conocemos como Rebajas.

Se crearon, y siguen sirviendo, para recordarle a los consumidores la presencia de la marca, atrayéndolo con la posibilidad de conseguir prendas con mejor precio, y también con la finalidad de liberar stock y “hacer hueco” para las nuevas colecciones de temporada. Es por ello que tienen dos tramos a lo largo del año: Uno para deshacerse de los abrigos y otro para acabar con los bikinis.

Esta estrategia de mercadotecnia por supuesto impactó en el público, y lo sigue haciendo, cada vez con más fuerza. Pero no somos del todo conscientes de cuánto nos ha afectado estos juegos de precio tanto física como mentalmente. Sí, aunque pueda parecer ciencia ficción, las gangas nos producen alteraciones hormonales. Según un estudio de la Universidad Claremont, en Estados Unidos, las personas que encuentran y compran una ganga experimentan un aumento en sus niveles de oxitocina, también llamada la hormona de la alegría y el amor. Es una demostración física y real de que las personas que consiguen un descuento son, literal y científicamente, más felices que las que no lo aprovechan pero, ¿a qué coste?.

Puede parecer, hablando de Rebajas, que el coste va a ser automáticamente menor, pero eso solo ocurre si no pensamos en las consecuencias éticas que el consumo sin control y la masificación de los productos conlleva.

Y es una reflexión ética que tiene muchísimas aristas. La primera, la poca ética empresarial del establecimiento de precios base: Si un producto a precio normal vale 100€ es porque se ha calculado que su coste de materias primas + horas de trabajo para realizarlo + sobrecoste de la propia marca hacen que ese sea su precio más acertado. ¿Qué ocurre cuando ese producto, en un periodo de rebajas un tanto salvaje que puede llegar hasta el 70%, pasa de costar 100€ a 30€? ¿Cómo puede conseguirse ese descuento si la materia prima y las horas de trabajo realizadas son las mismas? ¿Está la marca inflando demasiado los precios iniciales? Como consumidor, pensar que se aprovechan de nosotros es algo que nos enerva y por ello cada temporada de rebajas esta reflexión surge en nuestra cabeza, ¿nos engañan?

Es por eso que ha surgido un movimiento desde hace unos años que aboga por no contar con periodos de descuentos. Hacen su producción de forma consciente y organizada, dando a cada proceso y materia su valor e indicando a los consumidores el porqué y cómo de esos precios. Esta claridad hace que sea imposible justificar un descuento ya que perjudica a parte del proceso.

Cuando en vez de hacia la empresa miramos hacia nosotros mismos ¿necesitamos todo lo que compramos en Rebajas? ¿Está el precio rebajado haciéndonos pensar que estamos ganando cuando en realidad lo que estamos es perdiendo dinero que podríamos invertir en prendas más útiles y duraderas? El verdadero poder del consumismo es hacernos creer que lo necesitamos. No, nuestra vida no va a cambiar a mejor por gastar 3€ en una camiseta y mucho menos si esa prenda se convierte en un elemento de usar y tirar.

Esto nos lleva a que no podemos olvidar que de nuestras compras por impulso - que es uno de los grandes motivos de compra a los que nos llevan las rebajas - también se está perjudicando a la ecología y el medio ambiente por la creación de más prendas rápidas e “innecesarias” y distribución y envío de las mismas.

¿Cómo luchas contra ello? Hay quienes deciden no mirar las ofertas para no caer en la tentación, quien aún viéndolas pone toda la resistencia que tiene para no caer y quien decide caer en los brazos de la auto satisfacción inmediata y fútil dejándose llevar por las brillantes promos. Sea como sea, me gustaría pensar que estos periodos de rebajas deben verse no solo como un momento para gastar dinero sin más sino para reflexionar sobre nuestro armario, nuestra manera de ver la moda y nuestra forma de conectarnos con un mundo cada vez más complejo.

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Columnista
Gafas Amarillas

Periodista y Creador de Contenido

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