jueves 9 febrero
Opinión  |   |

Democracia sí, odio no

Se están normalizando algunas cosas que no deben pasar inadvertidas. El discurso del odio representado por los fascistas de VOX tiene eco en determinados grupos mediáticos de poder que, dicho sea de paso, nada tienen que ver con el buen periodismo y sí mucho con ese “más periodismo” de los aprovechategui con etiqueta de progresistas, pero que, en realidad, están al servicio de las llamadas cloacas, de las que ya sabemos como se las gastan, siendo su especialidad la cacería del adversario político, hacerlo o hacerla caer mediante fake news y lawfare.

La forma de normalizar aquel discurso, la hemos visto recientemente tras la organizadas y financiada revuelta violenta y golpista en Brasil utilizando a miles de personas convencidas de que los resultados electorales han sido un fraude, algunos púlpitos han servido de trampolín. No importa que arrasen el mundo, lo importante es hacer negocio a riesgo de desquebrajar a la sociedad, de enfrentarnos, y mientras estamos en esa pelea, seguir aumentando su fortuna.

Como digo, el altavoz normalizador lo ponen determinados grupos de poder mediáticos, que manejan a placer, así mismo, a algunas organizaciones políticas. Así, por un lado, la primera reacción del Partido Popular, a través de la señora Gamarra, tras el asalto contra las instituciones democráticas de Brasil, no ha sido apoyar al presidente Lula y la democracia brasileña, sino criticar al Gobierno de España a razón de las reformas del Código Penal, haciendo un paralelismo que nada tiene que ver con las mismas. Y, por otro, llama la atención que la televisión pública, se apunte a ese blanqueo. A tal efecto, en el telediario del día siguiente al intento golpista, en el que están implicados cargos públicos vinculadas a Bolsonaro, se presenta a un locutor deportivo como experto y conocedor de los asuntos brasileños, que afirmó (blanqueando) que no todos los bolsonaristas son iguales y que Lula es responsable de la revuelta golpista por falta de previsión. Y se quedó tan pancho y se le dieron las gracias por tan especializada opinión.

La cuestión aquí, como en el santo sanctórum de la democracia mundial, EEUU, es que ha habido un acometimiento violento a las instituciones democráticas de esos países y así lo han calificado la inmensa mayoría los líderes de democráticos, pero todos no. En España los fascistas amigos de Bolsonaro y Trump se han resistido a condenar específicamente que lo ocurrido en Brasilia es muy condenable. La señora Díaz Ayuso ha destacado por su atronador silencio, lo que ha comprometido y mediatizado el mensaje oficial de su partido que, a través del señor Feijóo, ha hecho una declaración equidistante “Manifestamos nuestro apoyo al pueblo brasileño y hacemos un llamamiento al inmediato restablecimiento del orden constitucional. No se puede ceder ante los populismos y la radicalidad, que intentan socavar el respeto a las instituciones, la democracia y las libertades públicas” que, como se ha escrito, vale para un roto como para un descosido, o lo que es lo mismo, para saludar la victoria de un golpe de estado, como para repudiarlo. Así no molestan a sus socios preferentes, sin duda literalmente vinculados ideológicamente a esas formas destructivas de hacer política, lo que contrasta con el contundente mensaje condenatorio de la señora Meloni: “Las imágenes de la irrupción en las sedes institucionales son inaceptables e incompatibles con cualquier forma de disidencia democrática”.

Puestos a hacer comparaciones, existe el precedente de la movida organizada, allá por 2005, cuando numerosos cargos públicos del Partido Popular se manifestaron ante el parlamento gallego, fue la cosa tan fuerte que los grupos parlamentarios del PSOE y del BNG en reunión extraordinaria aprobaron una declaración de condena por el "asalto" a la sede parlamentaria, denunciando que se quiso "violentar la democracia y sus instituciones" y "coaccionar el diálogo en la sede de la soberanía popular". Llevado esto a nuestros días, el Partido Popular, en una deriva reaccionaria no deja de cuestionar la legitimidad Gobierno de España, con boicot incluido para la renovación del poder judicial.

Esto no tiene nada que ver con la moderación que se nos quiere trasladar del señor Feijóo, que se resiste a llamar las cosas por su nombre cuando de un golpe de estado se trata. Es un drama para los y las votantes de los y las populares, empujados y empujadas al abismo de la creencia de que el Gobierno actual es un peligro para la democracia, cuando realmente es lo contrario, una garantía. Por tanto, democracia sí, odio no.

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Columnista
Salvador Soler

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