martes 26 mayo
Opinión  |   |

El ascensor social, ¿sube o baja?

En esta época es difícil encontrar a una persona que no haya sido usuario de un ascensor. Esta máquina ha servido desde sus orígenes como una auténtica herramienta de gran utilidad en nuestras vidas cotidianas, y ha sido un elemento clave para poder hacer grandes edificios en los que nos pudiéramos trasladar, desde lo más bajo a lo más alto. Solo basta presionar un botón y la maquinaria, que normalmente no está a nuestra vista, se encarga de trasladarte de un piso a otro, aparentemente, sin esfuerzo.

Karl Mannheim en su libro “El hombre y la sociedad en la época de crisis”, utiliza la idea del ascensor como una forma de analizar la capacidad de movilidad social de las generaciones en la sociedad. Las personas ¿tienen hoy la facilidad de mejorar su estatus con la misma facilidad que cuando cogemos un ascensor? ¿Existe una maquinaria que te permita, lo mismo que en el ascensor, poder subir de un piso a otro, y mejorar en las condiciones de vida?

Un informe de la OCDE (2018) afirma que en España, un niño que nazca en una familia con pocos recursos económicos, necesitaría 4 generaciones para poder llegar a un nivel medio de ingresos. Aproximadamente unos 120 años. Según estas conclusiones, parece evidente que utilizar el ascensor social para poder mejorar, parece bastante difícil y la maquinaria (que no vemos) no tiene los suficientes engranajes para facilitarlo. Precisamente uno de los motivos que marcó el nacimiento del socialismo, y que sigue siendo absolutamente válido a día de hoy, es la de remover los obstáculos que impiden que el hecho de nacer en una familia sin recursos, te marque a ti y a tres generaciones más. Subir, por tanto, en ese ascensor social sigue siendo complicado.

Sin embargo la movilidad social descendente, tiene bastantes menos resistencias. Mientras que para poder mejorar y poder subir de “piso social”, tenemos bastantes dificultades, parece como si la fuerza de la gravedad actuara también en este campo e hiciera que el descenso de nivel sea bastante mas rápido y sencillo perdiendo lo mucho o poco que has podido alcanzar a tener, y que tanto tiempo y esfuerzo te costó.

Durante la ultima crisis económica pudimos verlo. La desigualdad se disparó, beneficiando a aquellas personas que más tenían. Según los tristes datos de aquella época (no muy lejana) en 2017 unas 16.000 familias carecían de renta, mientras que los más ricos la aumentaban en torno al 4%.

Las capas medias de la sociedad (trabajadores, funcionarios, autónomos) y las mas pobres (trabajadores precarios, parados...) fueron las que más sufrieron y perdieron en aquella situación provocada por crisis financiera.

Y hoy, cuando aquellas personas se levantaban y recuperaban los derechos expropiados, se encuentran ante una nueva situación de crisis. Es verdad que en esta ocasión la crisis no entiende de fronteras y como estamos viendo está afectando a todo el mundo sin distinguir dónde reside. Pero la crisis sanitaria, aunque se esparza por toda la geografía, no afecta a todos por igual y con las mismas consecuencias. Porque en situaciones de escasez, pobreza, inseguridad e inestabilidad, los riesgos se multiplican exponencialmente, los trabajadores precarios, los autónomos, los pequeños y medianos empresarios se van a ver más afectados. Un amplio conjunto de la población, en esta situación, se va a enfrentar con dificultades para mantener el empleo y como consecuencia de ello para pagar el alquiler o la hipoteca, o la cesta de la compra. Según un reciente informe de la OIT unos 230 millones de puestos de trabajo se perderán en todo el mundo. En Europa, según el mismo informe, ocho de cada cien puestos desaparecerán.

Todo es susceptible de crítica, pero se tendrá que reconocer que el Gobierno de España desde el primer momento de la crisis del Covid-19 comenzó a adoptar medidas con el objeto de proteger a aquellos más vulnerables y que por tanto iban a verse más afectados. Nadie podrá negar el esfuerzo. Es cierto que contentar a todo el mundo es prácticamente imposible, pero España está promoviendo un total de 200.000 millones para hacer frente a los desequilibrios que va a traer la crisis, lo que representa el 20% del PIB, frente al 12% de Francia. Una prueba de ello son las medidas adoptadas el 31 de marzo pasado que venían a completar con 50 nuevas, las ya decididas con anterioridad respecto a los trabajadores, autónomos, pequeñas empresas, moratorias de alquileres y de hipotecas, apoyo a suministros básicos, subsidios extraordinarios para empleadas del hogar, impulso a la investigación y un largo etcétera.

En suma el Gobierno de España utiliza los mecanismos que tiene a su alcance para intentar ajustar los desequilibrios que provocará esta crisis: parar la caída del ascensor social.

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Columnista
José María Corpas

Concejal del Grupo Municipal Socialista y Secretario de Política Municipal del PSOE de Granada capital

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