sábado 17 abril
Opinión  |   |

El dinosaurio sigue ahí

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Este microrrelato de Augusto Monterroso se ha convertido en la metáfora que viene a mi cabeza una y otra vez ante el problema en Cataluña.

En estos meses siempre he tenido la convicción de que lo esencial del problema secesionista no eran Puigdemont, Junqueras, Forcadell o los “Jordis” sino que lo importante era la existencia de más de dos millones de catalanes que consideraban a España como un problema y a la independencia una solución.

También he pensado que la estrechez de miras de unos u otros dirigentes políticos contribuía a agravar el problema, en cuanto parecían actuar pensando en las ventajas electorales que, bien en Cataluña o bien en el resto del Estado, les podía rentar el mantenimiento de la tensión.

Desde septiembre a diciembre los errores de unos y otros han sido enormes. Solo disimuladas por la respuesta de adhesión incondicional de los partidarios de una u otra posición.

Plantearse una declaración unilateral de independencia con el respaldo del 48% (ahora el 47%) de los catalanes es una aberración democrática que no debería justificar nadie por muy independentista que se sienta. Y del otro lado, afrontar ese órdago, primero desde la inacción y después desde el “a por ellos”, es una de las irresponsabilidades más grandes que se han cometer.

Desde la estrategia del gobierno del PP se nos intentó hacer creer que con la aplicación del artículo 155 de la Constitución, apoyado por PSOE y Ciudadanos, el 21D llegaría la solución milagrosa. El problema es que se trataba de una jugada a todo o nada en el que la única esperanza era que el electorado contrario a la independencia se movilizara masivamente y el independentista se quedara en casa o simplemente se esfumara.

Pero en política es peligroso confundir deseos y realidad. Ahora nos encontramos con que el electorado independentista ha aguantado en sus convicciones, incluso a pesar de las noticias contadas sobre la marcha de empresas, las pérdidas de turistas, empleo o de inversión… Y las cosas, electoralmente, han quedado más o menos como estaban. Lo que políticamente significa un enorme éxito para el independentismo y una seria derrota para el gobierno y para el PP, que además queda como un partido marginal en Cataluña.

Los otros grandes perdedores, al menos momentáneamente, han sido las fuerzas políticas que defendieron el diálogo y no ahondar la confrontación.

Tras el 21D, como en el cuento de Monterroso, el independentismo sigue ahí. Y moralmente más fuerte que antes. Incluso a pesar de sus divisiones internas, que tampoco son mayores que las que suceden en el bloque no independentista.

¿Y ahora qué?. Existe una grave división en Cataluña y entre esta y el resto del Estado. Mantener la estrategia que ha llevado al desastre no parece que sea una solución. Habrá que mover ficha. Pero para eso se necesitan personas con visión de Estado y capacidad de diálogo. La clave, convencer a más de dos millones de independentistas de que es posible seguir unidos y para eso es necesario hacer que España como proyecto resulte atractiva. Pero no solo a ellos, también a nosotros.

El independentismo catalán ha crecido exponencialmente en los últimos años, en paralelo con la crisis económica, política e institucional. España no puede ser atractiva si no resuelve los problemas de corrupción que han manchado a prácticamente todas sus instituciones, democráticos, de separación de poderes, de proporcionalidad del sistema electoral, de incremento de la desigualdad; de desempleo, de precariedad, de emigración de jóvenes con talento, de pérdida de calidad de los servicios públicos…

La Constitución no puede estar en manos de quienes la interpretan de forma rígida y reaccionaria, limitando derechos y libertades (ley mordaza) y olvidándose de determinados artículos (derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud y educación de calidad, a la protección social, a la igualdad real…).

O nos tomamos en serio el problema, dejando demagogias y confrontaciones a un lado o estaremos regresando al Jurásico. Y este dinosaurio seguirá estando ahí, incluso puede que aparezcan algunos más.

Miguel Martín Velázquez
Colaborador de Ahora Sí

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