jueves 9 febrero
Opinión  |   |

Granada funciona

Si el ayuntamiento de Granada fuera una empresa de 2.000 empleados, 300 millones de presupuesto y 240.000 clientes, podríamos decir que funciona. En 2022 habría tenido buenos números. Ha aprobado un nuevo presupuesto y ha ejecutado por completo el anterior. Ha reducido su deuda, paga antes a sus proveedores y ha conseguido ingresos extraordinarios -en forma de fondos europeos- por un importe superior al 10% de su presupuesto anual. Estos resultados le han permitido mejorar las condiciones a sus “clientes”, por ejemplo, bajando el IBI y reduciendo a la mitad el billete del bus.

Además, habría realizado nuevos “negocios” que garantizan su futuro. Ha invertido en inteligencia artificial, ha impulsado un nuevo modelo productivo basado en la ciencia y en la innovación, ha recibido fuertes inversiones -como el IFMIF-DONES- y ha conseguido que otras empresas vengan a Granada e inviertan en su proyecto. Se podría decir que Paco Cuenca es un gestor competente al frente de una empresa de éxito.

Pero el ayuntamiento no es una empresa ni los ciudadanos son clientes. Granada es una comunidad de vecinos y vecinas que necesitan que su ayuntamiento les ayude a mejorar su vida diaria y a construir su proyecto de futuro. Por eso, también tiene que cuidar de los más vulnerables desde los servicios sociales, por ejemplo, atendiendo a personas sin hogar; realizar obras transformadoras, como en la Carretera de Málaga o el parque 28 de febrero; o proteger el medio ambiente, como ha hecho con los más de 5.000 árboles que se han plantado en el periodo 2016-2022.

Granada es una ciudad que tiene problemas específicos, como la contaminación del aire, el desequilibrio de renta e inversiones entre sus barrios, la movilidad basada en el vehículo privado, o los indignantes cortes de luz que sufre el distrito norte. Son problemas históricos y difíciles de resolver, pero hemos visto al ayuntamiento buscando soluciones por primera vez en muchos años.

Y, Granada, no está sola, no es una isla. Muchos de sus retos solo pueden afrontarse colaborando con otras administraciones o colectivos, por ejemplo, dentro del “Pacto por Granada” en el que participan la Diputación, la Junta, la Universidad, los sindicatos y los empresarios. Un ejemplo de liderazgo institucional inédito en la ciudad y que debemos proteger. Granada debe trasladar la misma firmeza y unidad que exhibió con la AESIA a otras reivindicaciones y proyectos. El pacto ha llegado para quedarse y cada uno de sus miembros es responsable de la posición que adopte en el futuro.

Otro ejemplo de colaboración necesaria es el área metropolitana, un ámbito fundamental para la mejora de la calidad del aire y el tránsito hacia una movilidad basada en el transporte público. Hemos visto al alcalde abrir nuevas líneas combinadas de autobús, proponer una oficina de gestión metropolitana y hacer propuestas concretas sobre el metro, fundamentalmente contra la incomprensible propuesta de priorizar una nueva línea que circule por el centro en vez de aliviar el flujo de coches que llega cada mañana desde la cornisa sur (Huétor Vega, La Zubia, Cájar, Monachil, etc).

Hay que reconocerlo. Esta ciudad no parece la misma que dejaron aquellos que se repartían la alcaldía por turnos, a cambio del poder en otras ciudades. Pero, a Paco Cuenca le ha faltado tiempo. En tan solo 18 meses, ha creado riqueza, ha solucionado problemas y ha puesto sobre la mesa un abanico de proyectos que todavía están por terminar. Poco tiempo para tanta ambición. Los proyectos políticos deberían tener una oportunidad para desarrollarse por completo y a este le vendrían bien otros cuatro años. No sabemos hasta donde llegaría Paco Cuenca pero, de momento, sí nos ha dejado una certeza: Granada funciona.

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Columnista
Pablo Hervás

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