sábado 22 enero
Opinión  |   |

Recuerdo

Tenía ocho años y aún lo recuerdo, con la piel erizada cuando viene a mi memoria. Estaba en casa de mis abuelos, y como hacía habitualmente, me gustaba seguir con atención los programas que ellos veían en televisión. Una señora, granadina, por cierto, contaba cómo había sido maltratada por su marido desde que se casaron; los detalles de su testimonio eran escalofriantes y aunque la mente humana siempre trata de olvidar lo malo, aún recuerdo alguna de las fatídicas vivencias que ella referenciaba. No pasaron ni quince días, cuando en el mismo televisor, en el informativo la realidad superó la ficción: el maltratador había acabado cruelmente con la vida Ana Orantes. Sí, era ella. La asesinó.

Este hecho, que marcó un antes y un después en nuestra sociedad e impulsó incluso cambios legislativos, me hizo ser consciente y descubrir una realidad que en el inocente pensamiento de un niño aún no existía, la violencia de género. Existía y por desgracia, existe y todos quisiéramos que no. Quisiera no tener que estar escribiendo este artículo, quisiera que el 25 de Noviembre del año que viene ya se hubiera Eliminado la Violencia contra la Mujer y que los actos en este Día Internacional tan sólo fuesen para el recuerdo de aquello que tristemente ocurrió, de las 37 que han perdido la vida este año y de tantas otras que sufrieron.

Para lograrlo debemos trabajar transversalmente en todos los ámbitos de nuestra sociedad. No solo con los más pequeños desde la base que supone la familia y la escuela, junto con el impulso y apoyo constante de las instituciones, sino también con acciones que alcancen las consciencias de los adultos.

Dicho esto, aunque queda mucho por hacer y sin entrar en intereses partidistas, es de reconocer que desde aquel fatídico asesinato que citaba al principio, todos los gobiernos, cada uno con su impronta, han luchado por erradicar esta lacra. Y es por ello que las políticas contra la violencia de género no han de ser bandera de nadie y deberían abordarse siempre en común y nacer del conceso. Tristemente, sin embargo, esto de momento no ocurre. En nuestra tierra, por ejemplo, varias fuerzas del arco parlamentario distintas a los grupos del gobierno, acaban de votar contra un incremento de siete millones y medio de euros, que hacía que ascendiese a veintiséis millones y medio el programa contra la violencia de género, que reflejaba el proyecto de presupuestos para el año 2022. También se incrementaba algo tan necesario como las ayudas directas a las víctimas, que para el próximo año se presupuestaban en 1.270.000, medio millón más que el presente año.

Esta, es nuestra obligación como servidores públicos, poner todas las herramientas de las que disponemos para eliminar la violencia de género a través de inversiones en este ámbito. Esfuerzo, que también debe ser individual, pues los ciudadanos hemos de hacer todo aquello que esté a nuestro alcance para convertir nuestra sociedad en una más igualitaria. Y es que algo estamos haciendo mal para que entre los jóvenes estén aumentando significativamente las formas de maltrato sobre la mujer. Por ello, el verdadero cambio es un cambio de mentalidad, de consciencia y valores, y quizás, aunque pueda sonar duro, cada niño debería conocer la historia de Ana y tantas otras mujeres.

No quiero terminar sin redundar en el esperanzador objetivo del que hablábamos, una sociedad avanzada que rechace frontalmente cualquier forma de violencia y, por supuesto, trasladar a las mujeres que actualmente están siendo víctimas de estos ataques, que no están solas, que estamos con ellas

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Columnista
Rafael Caracuel

Parlamentario andaluz del PP por la provincia de Granada

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