sábado 13 agosto
NUEVO ALCALDE DE GRANADA | ANÁLISIS  |   | Ramón Ramos

Hacer de la necesidad virtud

Hubo un buen gobierno municipal, no ya con ocho sino con seis concejales

Cuenca, tras obtener los votos necesarios para ser elegido alcalde. Foto: Alejandro Romero

Cuenca, tras obtener los votos necesarios para ser elegido alcalde. Foto: Alejandro Romero

El día después de la investidura de Francisco Cuenca es tan prematuro como ayer mismo empezar a disipar incógnitas acerca de la difícil singladura que le aguarda al frente del Ayuntamiento de Granada en los tres años que restan de mandato.

Esos complicados equilibrios, redes, contactos, contextos en que internamente se desenvuelve la actividad de los partidos ha puesto a Cuenca en el instante preciso en la sala noble del caserón de la Plaza del Carmen, por una pirueta judicial y policial tras dos abordajes valdíos.

Por sus obras los conoceréis y desearle suerte es deseárnosla a nosotros mismos: si Cuenca resulta a la postre un buen alcalde los primeros beneficiados seremos Granada y los granadinos. Hoy, sin embargo, las sombras se ciernen sobre una gestión que hereda con intensidad las dificultades de la crisis con las que todas las corporaciones municipales hubieron de batirse, con el añadido de una situación de debilidad que, para empezar y en lo que respecta al momento concreto, arranca en plena campaña electoral, con lo que ello tiene de 'postureos', actitudes para la galería, declaraciones mirando al tendido, etcétera, etcétera, etcétera...

A mí, en el pleno de investidura, me dio por pensar -antes que nada- en un final de época que es inmerecido al menos en las formas, salvo que los avances en la investigación judicial que se desarrolla nos ofrezcan 'sorpresas' inesperadas. La imagen del ahora ex alcalde abandonando la Plaza del Carmen en solitario, sin el respaldo de los suyos, forma parte iconográfica ahora de la historia reciente.

Y en cuanto a lo que viene, pues viendo a tres exalcaldes me fijé en uno, que ahora tendría mucho que decir y tal vez lo haya dicho en su partido: hubo un buen gobierno municipal no ya con ocho sino con seis concejales.

El mandato municipal 1979-1983 estuvo gobernado por un PSOE de seis concejales, que cerró acuerdos con PCE, PSA y una candidatura independendiente y cuando se fueron los andalucistas, en 1981, con UCD, mayoritaria y hasta entonces en la oposición. Había que hacer y se hizo de la necesidad virtud. Eran otros tiempos, otros partidos, otros políticos y también nosotros, los de entonces, ¡ay!, ya no somos los mismos... Pero si se pudo hacer una vez, por qué no una segunda. Repito, por sus obras los concoeréis: el balance, dentro de tres años.

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