viernes 21 enero
Opinión  |   |

Contágiense, por favor

Dice el calendario gregoriano, el que rige nuestros destinos desde hace 439 años, que la de hoy es la última noche del año. Yo soy más de poner el cuentakilómetros a cero en septiembre, en esa particular vuelta al cole que todos llevamos encima como podemos y que ahora es conocida como depresión postvacacional. Pero que mi heterodoxia no enturbie el jolgorio y la algarabía de una celebración como esta. Siendo honestos llevamos demasiado tiempo atrapados en este horrible día de la marmota impuesto por la pandemia en todas sus fases, así que este 31 de diciembre de 2021 apenas difiere del 31 de diciembre del año anterior. Mismos miedos, misma preocupación, misma alargada sombra helando de frío nuestras tibias esperanzas de recuperar la normalidad (si es que algún día logramos saber qué es o qué fue eso de la normalidad).

Sin embargo, en medio de todo este desastre, en plena cascada de anulaciones de celebraciones de cotillón, fiestas en las plazas, cenas de navidad y francachelas varias, con un índice de contagio que recupera cifras de la etapa más dura de la pandemia, solo mitigadas por las vacunaciones que a todos nos salvan, a pesar de Miguel Bosé, tenemos a un señor (que me disculpen todos los señores) que desde la tribuna de su cargo, que no desde el prestigio del mismo, se permite decir algo que viene a ser parecido a un “total, si nos vamos a poner todos malos, para qué hacer mucho más”.

Ese hombre, el meme por antonomasia del sevillano Malacara, es el consejero de Salud de una Junta de Andalucía que entiende que la lucha contra este virus que ha dejado una huella profunda en el mundo entero, debe estar en manos de los guionistas de ‘Aquí no hay quien viva’, con el fin de, entre risas y carcajadas, avanzar como hacían las legiones romanas, arrasando lo público y afianzando posiciones en la verdadera hoja de ruta del gobierno andaluz: el fortalecimiento del negocio de los empresarios de la sanidad privada, tal y como podemos ver en alguna información que asegura cómo han crecido las pólizas en nuestra tierra. Nada es casual, niñas y niños.

No es serio que, con una presión hospitalaria contenida, pero en aumento, con víctimas mortales en las UCIs, con un índice de contagios dando más saltos que Súper Mario buscando setas, el máximo responsable de la Sanidad Pública andaluza, antaño ejemplar en toda Europa, se descuelgue con unas manifestaciones de ese tipo, impropias de un representante público, espeluznantes para quien haya sufrido la enfermedad o, aún peor, haya perdido a algún familiar por culpa del Covid. El de los culillos de las vacunas es así, un tipo campechano, un abuelo entrañable, un hombre simpático que tiene la nada despreciable responsabilidad de haber firmado la defunción de la atención primaria andaluza en solo tres años. Un esfuerzo de cuatro décadas reducido a polvo a base de campechanía y chascarrillos graciosos.

Esa es la tónica del Gobierno de la Junta que preside Juanma Moreno, disfrazar de jovialidad y sencillez la inacción, la no política, esa presunta desideologización de la gestión pública que no es más que embriagarnos con el cloroformo de la sonrisa falsa para acabar con los derechos de todas y de todos. “¡Viva el vino!”, que cantó Rajoy, como metáfora precisa de lo que Moreno y Marín han hecho estos años en Andalucía. Más que gobernar se han vengado; y se han vengado de los agentes sociales que siempre han defendido la gestión pública de calidad que, en Andalucía, con todos los errores cometidos y pagados, ha sido siempre bandera.

Cuando vean la sonrisa franca y llana de Moreno en Canal Sur piensen en el centro de salud de su barrio o de su municipio, recuerden las colas que desde hace tres años les obligan a hacer porque la Junta ha decidido recortar salvajemente en personal sanitario, piensen en el teléfono que nunca se contesta, en la aplicación informática que no funciona, en los 8.000 despidos llevados a cabo, eso sí, con una simpatía tan nuestra, tan cercana, en plena sexta ola de virus, mientras el consejero de Salud, pide una ración de chipirones al grito de “no preocuparse, que aquí está el tío”. Y cuando lo piensen y lo visualicen, alcen sus copas brinden por el año que entra y digan aquello de “virgencita, que me quede como estoy”.

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Columnista
Juanjo Ibáñez

Periodista

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