sábado 17 abril
Opinión  |   |

Contra la demagogia, pedagogía

El 3 de diciembre decidí ir a mi trabajo por un camino distinto al habitual. Quería observar la ciudad tras los resultados electorales. Todo seguía igual. La vida sigue. Las familias llevando a sus hijos al colegio, las furgonetas repartiendo en los negocios; en las cafeterías de paso, cafés pacientes, otros no tanto; gente acelerada para llegar a su hora a donde quiera que fueran, otras más paseantes... aunque seguramente, todas y todos, impactados por los resultados; unos eufóricos y otros, entre los que me incluyo, apesadumbrados.

A todo esto, los grupos de Whatsapp y las redes sociales, en pura efervescencia, cada cual con su análisis político de lo ocurrido. Sin duda, fue el tema del día, lo está siendo de la semana, lo será́ en el futuro. El patrón de comportamiento del electorado ha cambiado.

En mi análisis de la situación, pongo el foco en los valores, en la pedagogía, en la posverdad, en la cultura del meme, en lo viral, en los 280 caracteres de Twitter, en la cultura de lo corto y de lo rápido, en lo apolítico, en “una mentira repetida cien veces para convertirla en verdad”, en el “difama, que algo queda”, en el “y tú mas”...

Como docente, y como ciudadano, reivindico la pedagogía y los argumentos fundamentados en criterios de igualdad, sostenibilidad, políticas sociales, empleo, sanidad o educación. Desconfío de las soluciones simples a problemas complejos y pongo en valor el “sin prisa y con pausa” para contar y fundamentar tal o cual decisión. Un mantra populista que, en pocas palabras, busca el agrado de quien lo recibe, per se, debería encender todas las alertas para sospechar de sus intenciones y de quienes están detrás.

En el plano político, es en esa pedagogía en la que también debemos invertir nuestro tiempo y nuestros esfuerzos, más aún si cabe. No sólo en el qué, sino también en el porqué, con autocrítica. Acompasando la velocidad en la gestión con las necesidades reales de la ciudadanía y, en paralelo, escuchando, cumpliendo expectativas, evidenciando aciertos, destacando a quienes suman y retratando a quienes bloquean y entran el descrédito institucional. Todo ello desde la acción, dando seguridad a la ciudadanía, ilusionando, con el tiempo, la paciencia y los argumentos necesarios para quienes se dejan embaucar por sus prejuicios, emociones o intereses individuales sobre los colectivos.

Hay quien afirma que cuando la emoción decide, la razón justifica, poniendo en valor que estamos más cerca del sentir que del pensar, asunto determinante en nuestros comportamientos. Es precisamente en estos casos cuando nos tenemos que fajar y desmontar mitos y creencias infundadas, provocar la salida de la zona de confort, del compartimento estanco que supone tener una única visión de la realidad.

Siempre he abierto mi aula a las familias para que conocieran la realidad desde dentro; sin duda, un antes y un después tras esta experiencia. Como Secretario de Organización animo a entrar dentro de una agrupación y de un partido, el socialista, que apuesta por la transformación desde el debate, la autocritica y con propuestas, siempre con el fin en mente de alcanzar el estado del bienestar. Quienes lo han hecho a veces quedan sorprendidos de cómo funcionamos en una agrupación y del papel protagonista que tiene en la dirección política de nuestro pueblo o ciudad, desmontando así toda la carga de prejuicios que el ruido intencionado a veces provoca.

Quienes participan de manera activa son conocedores del esfuerzo personal y diario para luchar contra la posverdad, con veracidad y honestidad. Esto nos exige y nos compromete, más si cabe. Vivimos en primera persona el reto que nos supone conversar con quienes tienen soluciones a “salto de mata” como el que hace palomitas de maíz. No desesperamos. Hacerlo sería irse al camino fácil. Ser socialista es un compromiso ético que nos dota de paciencia, argumentos, empatía y evidencias de transformación en pro de una sociedad cuyos valores garanticen la inclusión, la igualdad y la equidad.

La ciudad, esa que abre cada mañana, como cada día, tiene un papel fundamental para seguir reforzando la democracia desde la participación y la proximidad. A nuestro equipo de gobierno socialista, también se le reconoce por ello. Desde la institución y desde el partido se sigue apostando por la micropolítica, la de la cercanía, la de “mi barrio”, la de las asociaciones y colectivos; y también por la macropolítica en la que la igualdad, el medio ambiente, la cultura, el empleo, la ciencia y la innovación son nuestras claras señas de identidad en un proyecto de ciudad de largo recorrido que nos sitúe, no sólo a la vanguardia europea, sino también en la mejora de la calidad de vida de los granadinos y las granadinas. Tanto esfuerzo tiene esta recompensa: aspirar al barrio, a la Granada, a la Andalucía y a la España que queremos, para que nuestro día a día sea mejor.

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Columnista
Jacobo Calvo

Secretario de Organización del PSOE de Granada capital y docente

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