domingo 14 agosto
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Orgullo, visibilidad, disidencia y respeto

El 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBT+. Orgullo, qué palabra tan bonita y tan poderosa. Orgullo es lo que siente un estudiante que saca una buena nota tras esforzarse estudiando, lo que siente un padre cuando su hijo o hija mete un gol después de entrenar durante semanas, lo que siente un artista cuando ve colgado uno de sus cuadros en una galería.... Y lo que sentimos las personas del colectivo tras años de lucha buscando igualdad y respeto.

El Orgullo siempre proviene de algo que sentimos dentro y que nos ha costado conseguir. Puede ser propio, colectivo o estar depositado en otra persona. Es un sentimiento que llega tras una larga espera y que para sentirlo por completo debemos implicarnos con todo nuestro ser. El orgullo, en sí mismo, es una muestra de lucha, de resiliencia, de metas cumplidas o por cumplir…

Por todo eso utilizar esta bella palabra para definir la lucha del colectivo LGTB+ es, además de emocionante, acertada. Recientemente, tras la salida oficial de María del Monte del armario, se ha producido una sensación de alegría y júbilo en el colectivo. Pero no, no estamos contentos porque a la folclórica le gustan las mujeres, nos da tan igual como si dice que le gusta el helado de chocolate. ¿Cuál es la diferencia? La visibilidad.

Visibilidad es una de las palabras más importantes en estos días de reivindicación. Que una figura artística de primer nivel se muestre y visibilice que forma parte del colectivo es una buena noticia porque sigue demostrando cómo de diverso es el mundo.

Pero al final del día, da igual que sea una persona famosa, un vecino, un conocido o un desconocido el que decide visibilizar su realidad y mostrarse presente, sin miedo y sin reparos. Esto es siempre una buena noticia y expande tanto la diversidad y naturalidad del ser humano como las referencias propuestas en una sociedad que avanza más lento de lo que nos gustaría.

Queremos que se nos respete y se nos valore tal y como somos. Sí, que se nos respete por lo que somos, no por a quién queremos. Que el Love is Love enmascara una lucha mucho mayor y más importante: el de valorar a las personas por lo que son. Yo (y supongo que todos los integrantes del colectivo) sigo siendo gay aún sin estar enamorado, y merezco el mismo respeto.

Estos pequeños actos de disidencia en el terreno sexoafectivo hacen que, uno tras otro, se vayan normalizando para conseguir que lo establecido como “raro o extraño” por los parámetros heteronormativos de la historia, poco a poco se convierta en algo natural, que al fin y al cabo es justo lo que es, y se vaya haciendo cada vez un poquito más sencillo el camino de otras personas que deban transitarlo después. Este día, por ello, siempre es fundamental pensar en los que lucharon en el pasado por todo el colectivo. Gracias a ellos estamos hoy aquí.

Hablando de disidencia, ese es otro melón. “Ser homosexual ya no es un problema para nadie” dice quien nunca ha vivido en su piel los problemas que ha tenido y tiene el colectivo. Esa gente quizá también piense que no hay ningún problema por ser negro o tener capacidades diversas, pero frases como ésta indican que esa persona quizá sea muy abierta pero no está al día de los retos y problemas a los que las “personas diferentes” nos enfrentamos, en muy diferentes rangos y niveles.

Porque sí, porque en 2022 y en España (que creemos un país avanzado en derechos humanos y respeto en la sociedad) se sigue echando a jóvenes de su casa por ser homosexuales, se sigue utilizando la palabra maricón como insulto, siguen habiendo agresiones únicamente por ser del colectivo y se sigue pensando que la disidencia es peligrosa, turbia o problemática. ¿En menor nivel que hace años? Seguramente ¡y menos mal! La sociedad evoluciona pero no al mismo ritmo para todes. Y lo que unos creen completamente superado, otros lo siguen sufriendo a diario.

Precisamente esa es la clave de las reivindicaciones del Orgullo LGTBI+: Ser conscientes de que hay mil y una formas de ser, de sentir, de vivir y que todas ellas merecen el mismo respeto. Estamos (o deberíamos estar) todos, todas y todes juntes en este camino.

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Columnista
Gafas Amarillas

Periodista y Creador de Contenido

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