jueves 22 abril
Opinión  |   |

¡Sí se puede!

Siguiendo las noticias sobre el conflicto del taxi llamó mi atención la imagen de una concentración donde coreaban el conocido ¡sí se puede!. Difícil saber cuándo se inició o extendió en España el uso de este grito colectivo. Algunas noticias lo vinculan a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. A nivel político fueron cónclaves de Podemos los que lo popularizaron. También es utilizado en otros ámbitos distintos. No es extraño oírlo en las voces de los aficionados de equipos de fútbol en situación de acometer gestas deportivas, una remontada, evitar un descenso, lograr un campeonato…

Normalmente se cita como precursor más inmediato el famoso “Yes, we can”, lema de campaña de Obama. Sin embargo, un artículo publicado en el diario ecuatoriano El Comercio (17-XI-2015) señala antecedentes vinculados al fútbol sudamericano. Según su autor, David Landeta, la primera vez que la afición ecuatoriana gritó “sí se puede” fue el 29 de junio de 2000 en un enfrentamiento de su selección y la de Perú. Luego lo seguiría utilizando en los mundiales de Corea-Japón 2002, Alemania 2006 o Brasil 2014. Pero al parecer los aficionados mexicanos se les habían adelantado ya en el mundial de Francia 1998.

No obstante, según ese artículo, el “sí se puede” nació como lema del Sindicato de Trabajadores Agrícolas en Estados Unidos que buscaban reformas migratorias en los años 70, y por tanto “el origen del la frase fue político”
En cualquier caso tanto su origen como su uso posterior tendrían un carácter netamente popular, sea para reivindicaciones sociales, políticas o deportivas. Es un grito que trata de infundir ánimos, esperanzas, que llama a no caer en la apatía o el derrotismo, que convoca a conseguir un objetivo, por muy complicado que pueda pensarse. Y eso es justo lo que necesitarían en estos momentos las gentes de Podemos. Su actual crisis en Madrid es catalogada por los analistas como la más grave de todas las que haya podido sufrir el partido en su corta pero intensa vida. Algunos de ellos, no siempre de forma inocente, incluso hablan de posible implosión o desaparición del propio partido. Desde luego no es difícil adivinar o sentir la decepción y la frustración que sin duda embargará en estos momentos a sus militantes y/o votantes.

Es cierto que en Podemos todo ha sido magnificado. Su irrupción y sus efectos en el mapa político español, su meteórico crecimiento exponencial, sus primeros y espectaculares resultados electorales, sus multitudinarias convocatorias… También los ataques que se le han dirigido por el resto de partidos políticos, de los medios de comunicación e incluso por parte de la “policía política” montada desde los fondos inconfesables (cloacas) del propio aparato del Estado. La persecución sistemática e infame a todos y cada uno de sus líderes. Con campañas de difamación permanente, llenas de historias negras inventadas o infladas pero repetidas hasta la saciedad y de “fake news” que incluso aparecían bajo la cobertura de presuntos (falsos) informes policiales. Especialmente cruel fue la persecución a la jueza Victoria Rosell.

Pero lo que sucede en Madrid no puede achacarse a esto. Casi todo lo que sucede allí, es “fuego amigo”, daño propio y directo. Resulta descorazonador que personas tan inteligentes y formadas en política puedan haber caído en los peores tópicos de comportamientos y actitudes de la vieja política.

Somos humanos. A nadie se le puede exigir ser héroe 24 horas al día y 365 días al año. Pero sí controlar los propios egos y utilizar el sentido común. Es tiempo de sosegarse. De pensar qué se ha hecho mal (lo bueno ya se conoce). Podemos pertenece a la gente. Constituyó un revulsivo imprescindible dentro de la crisis económica, política y moral que ha empañado nuestra vida política e institucional. Se está produciendo en España un giro que resulta muy peligroso. No solo se está intentando consolidar la precariedad, el recorte de derechos y la desigualdad social, sino que también se está produciendo una deriva autoritaria que pretende cercenar nuestras libertades y derechos civiles.

Por ello, si Podemos no existiera habría que inventarlo. Y por eso mismo, es necesario repensar de nuevo el proyecto mirando a los principios y valores de sus orígenes pero mejorando sustancialmente su estructura organizativa. Hay que pedir perdón por los errores y corregirlos de inmediato. Urge la refundación. Lo necesita la gente decente. Nos lo merecemos. Para mantener la esperanza que impregna ese grito, ¡sí se puede!.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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