viernes 27 enero
COPA DEL REY  |   | Noelia S. Lorca - Luis F. Ruiz | Fotos: Álex Cámara

Un sueño que duró 104 minutos

Sábado histórico para el CD Huétor Tájar en su debut en la Copa del Rey

Los aficionados no dejaron de animar al CD Huétor Tájar durante los 120 minutos del encuentro. Foto: Álex Cámara

La resistencia panciverde duró 104 minutos. Ni uno más, ni uno menos. Hasta entonces, Huétor Tájar había disfrutado el sueño de la Copa, el trofeo más antiguo del país.

El municipio del Poniente granadino, que alcanzaba la competición por primera vez, se había engalanado para la ocasión. Bufandas amarillas y blancas, en honor a los contendientes. Camisetas especiales para conmemorar el acontecimiento. Señales a la entrada de la localidad que indicaban el camino al campo de fútbol municipal. Hasta gradas supletorias que llenaron los más aguerridos desde primera hora de la tarde.

A pocos minutos de que empezara el partido, la preocupación en el fondo era poner de acuerdo a los asistentes para levantar las pancartas. Johnny, un aficionado del club que se había pegado media tarde recortando pancartas azules, trataba de ordenar sin mucho éxito el caos nervioso de la grada. "Subidlas hasta el final, en filas", gritaba a un puñado de chavales ataviados para la ocasión.

La salida de los jugadores amarillos se cantó como un gol. No era para menos. ¿Quién iba a decir hace unos años que se cumpliría el sueño de competir en el más prestigioso de los campeonatos? Los once respondieron a los aficionados con besos y aplausos, posaron para la historia y con la misma seriedad de los grandes ocuparon cada uno su sitio.

Detrás, David Aguilar, Gadea, Javi Pérez y Esteban. En el medio, Martos, Alberto y Ramiro. En una banda, Juanan, exjugador del Granada e ídolo local. En la otra, Jordi. En el centro, con el diez, el capitán Manu Daza.

El último, Fidel. El portero se fue lentamente a la meta. Primero, golpeó con los tacos la madera. Después se giró y acercó el rostro al palo. Fijó la vista, suspiró y lo besó como un enamorado. Y el ritual debió de surtir efecto porque se convirtió en el héroe del partido. Paró un penalti, salvó tres goles cantados y mantuvo la portería a cero 104 largos minutos, los que duró la resistencia de un Huétor numantino.

El resto, es historia. Tres goles del Albacete en la prórroga. El silbato del colegiado despertó a la grada del sueño, pero ya daba lo mismo.

La afición, tanto los 2.100 asistentes en el Miguel Moranto como aquellos que no se perdieron el encuentro desde las terrazas y balcones cercanos, cumplió con los héroes y los despidió con una merecida ovación. Fue el broche de oro a una noche histórica de Copa que Huétor Tájar no olvidará.

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